'El origen de las especies', un terremoto editorial

La obra fundamental de Charles Darwin salió a la venta el 24 de noviembre de 1859 e hizo que se tambalearan los cimientos de la sociedad victoriana.

El 24 de noviembre de 1859, Londres vivió un auténtico fenómeno editorial, un boom literario... a la escala de aquellos tiempos, evidentemente. Así, los 1.250 ejemplares de El origen de las especies puestos a la venta ese día se agotaron en la misma jornada, y los libreros recibieron innumerables peticiones de sus suscriptores. El propio Darwin señalaría años después en su Autobiografía que había sido la obra más importante de su vida y que "tuvo mucho éxito desde el primer momento". Los datos lo demuestran: para 1861, el  libro ya había sido reimpreso dos veces -la segunda y tercera edición, corregidas y aumentadas por el autor, se publicaron respectivamente en 1860 y 1861- y llevaba 16.000 copias vendidas solo en Inglaterra. Una cifra apabullante en la época para una lectura difícil, muy alejada de los novelones y folletines que, entonces como ahora, causaban furor entre el gran público y copaban las listas de éxitos.

Pero además, como explica Janet Browne en su excelente La historia de El origen de las especies, ningún libro científico ha tenido un impacto social tan inmediato y universal como la obra magna de Charles Darwin. El origen de las especies provocó un escándalo desde el mismo día de su publicación: la idea de que los seres vivos, incluido el hombre, evolucionan gradualmente a partir de una comunidad de origen debido a la selección natural conmocionó a los lectores de la Inglaterra victoriana y puso en tela de juicio su fe inquebrantable en la existencia de un creador. Y, dejando a un lado la controversia religiosa, la teoría darwinista suscitó asimismo múltiples y acalorados debates científicos, filosóficos y hasta sociopolíticos que atrajeron la atención internacional y llenaron las portadas de periódicos y revistas, tanto serios como satíricos.

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Son varios los factores que explican que un libro de materia en principio tan árida resultara ser, en palabras de Browne, "un acontecimiento editorial". En primer lugar, la creciente pasión de la sociedad victoriana por todo lo científico hizo de la publicación de la obra un evento esperado con anticipada curiosidad: por aquel entonces no existía el marketing, pero  Darwin llevaba veinte años -los mismos que tardó en elaborar su teoría- siendo una celebridad, desde que en 1839 su Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo fuera ya un gran éxito de ventas; la Medalla de la Royal Society, recibida en 1853, lo había consagrado además como eminencia de la biología, y sus numerosos artículos (algunos de los cuales prefiguraban aspectos de El origen...) despertaban interés y discusiones en la opinión pública.

En segundo lugar, el estilo de El origen de las especies tiende a lo divulgativo; el libro está cargado de metáforas y analogías para hacer más comprensible su contenido al vulgo, algo que le sería reprochado por muchos científicos (y que hoy sigue incomodando a algunos de ellos). Las lecturas que lo acompañaron en su travesía con el Beagle se dejan sentir en su prosa, como apunta Janet Browne: "Darwin luchaba con su vocabulario. El lenguaje (...) era el de Milton y Shakespeare, empapado de teología y finalismo, y no la terminología objetiva y sin prejuicios que busca la ciencia". Finalmente, hubo otra circunstancia que favoreció su éxito: enterado de que Alfred Russel Wallace había concluido un ensayo en casi todo coincidente con el suyo y le ofrecía una presentación conjunta de ambos trabajos, Darwin se entregó a una frenética actividad a lo largo de trece meses y diez días para lograr un libro de tamaño mediano, sin lo cual, admitiría, "muy pocos habrían tenido la paciencia de leerlo".

Nacho Otero

Nacho Otero

Soy escritor desde siempre, y redactor y corrector en Muy Historia y otras publicaciones de G+J desde hace casi treinta años. Puedes contactar conmigo a través del correo iotero@zinetmedia.es

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