El muro Atlántico y las defensas alemanas en Normandía

Erizos checos, espárragos de Rommel, puertas belgas, minas marinas y terrestres, kilómetros de alambrada y cientos de miles de balas para parar a los aliados

 

El 6 de junio de 1944, los soldados aliados que consiguieron tomar una posición en las playas de Normandía habían superado toda una yincana de mortales obstáculos. Minas acuáticas para que las lanchas y barcazas explosionaran, barreras físicas como las puertas belgas, los espárragos de Rommel o los erizos checos, muchas veces reforzados con una mina explosiva en su punta, muros antitanques, fosos de alambradas y minas terrestres. Los proyectiles de los morteros y las balas de las de las ametralladoras y fusiles de la Wehrmacht eran la última defensa de las playas francesas.

Los números del desembarco de Normandía rompieron todos los récords de un ataque aliado en la Segunda Guerra Mundial. El número de hombres que participaron en un solo día de invasión, unos 150.000, mayoritariamente estadounidenses e ingleses, consiguió asegurar el terreno para la llegada de otros cientos de miles de hombres.

Al tratarse del punto más cercano entre el continente y las islas británicas, Calais era uno de los principales candidatos por el que apostaban los alemanes. En junio de 1944, cuando los aliados decidieron lanzar su ataque, los Ejércitos del Tercer Reich llevaban tres años en el agotador frente oriental enzarzados con el Ejército Rojo de Iósif Stalin. Hitler y sus generales sabían que los aliados intentarían abrir un segundo frente por el este, y desde 1942 comenzaron la construcción del conocido como Muro del Atlántico, una serie de fortificaciones y elementos defensivos que abarcaban todo el litoral del continente Atlántico. Este sistema defensivo abarcaba toda Francia, desde la frontera con España en el mar Cantábrico, recorría las costas de Bélgica, Países Bajos y Dinamarca; y ascendía hasta el norte de Suecia.

Erwin Rommel revisa las defensas en una de las playas francesas del ‘Muro Atlántico’. abril, 1944.
Erwin Rommel revisa las defensas en una de las playas francesas del ‘Muro Atlántico’. abril, 1944.

Dirigida por Rommel

El responsable de esta red de construcción fue el mariscal de campo Erwin Rommel, apodado el Zorro del desierto, que había estado combatiendo en el norte de África. Rommel consideraba que la mejor manera de repeler una incursión enemiga por vía marítima, era justo en esos primeros metros del desembarco, por eso diseño una red de obstáculos para buques y hombres a pie.

Desde su salida de Inglaterra, los barcos con destino a participar en el desembarco de Normandía se encontraron con minas acuáticas. Las más representativas eran unas enormes esferas con púas metálicas ancladas en el lecho marino mediante una cadena que la mantenía sumergida y que se activaban por contacto. También existían las minas de proximidad que denotaban sin necesidad de contacto puesto que contaban con un dispositivo que detectaba variaciones en el campo magnético circundante. Y del mismo estilo eran las minas acústicas que estallaban ante variaciones de sonido.

Rommel también instaló miles de puertas belgas creando un inmenso muro en el mar para entorpecer la llegada de barcas y lanchas. Las puertas belgas eran enormes estructuras metálicas de tres metros de ancho y dos de alto que actuaban como una valla, y a los que los alemanes adhirieron una mina para que explotara si alguna barca chocaba con ella.

Todavía sumergidos y más cerca de la costa, los alemanes situaron las conocidas como rampas, unas gigantescas estacas de madera apoyadas sobre unos bípodes que solían estar ubicadas con su parte más extensa mirando al mar y a las que también se añadieron cargas explosivas. También dentro del agua, encontramos los conocidos como espárragos de Rommel. Estacas clavadas en el fondo con una mina en la parte superior con el objetivo de reventar los cascos de los barcos que chocaran contra ellas.

Por último, se situaban una de las estructuras defensivas más económicas y eficientes contra los tanques que se sigue empleando hoy día en cualquier conflicto bélico. Los erizos checos, a los que los alemanes habían tenido que sufrir durante la invasión de Checoslovaquia, son estructuras de vigas de hierro entrecruzadas que lograban detener el avance de los tanques. Muchos de estos erizos también fueron equipados con una mina en sus puntas.

Ya en la costa, se repetían alguno de estos elementos como los erizos, para frenar el avance de carros de combate, y se tejió un entramado de kilómetros y kilómetros de alambrada tanto en altura atada a postes como en el suelo con inmensos campos de alambre de espino.

Rommel también había insistido en incrementar de manera exponencial los campos de minas y plantó millones por el litoral francés. Por último, los soldados aliados se tenían que enfrentar al fuego enemigo con nidos de ametralladoras, casamatas antitanques, y búnkeres. Los alemanes aprovecharon la orografía de las costas para situar estos puestos encima de acantilados, o promontorios naturales que permitían a los alemanes tener una posición más ventajosa.

Referencia:

Cardona, P; P. Villatoro, M: Lo que nunca te contaron del Día D
Beevor, A. El Día D: la batalla de Normandía

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