El suicidio colectivo de la secta del Templo del Pueblo

En Jonestown (Guyana), el 18 de noviembre de 1978 se produjo el suicidio masivo de los seguidores de la secta del Templo del Pueblo y de su líder, Jim Jones.

El Templo del Pueblo fue una agrupación religiosa fundada en los años 50 y liderada por un llamativo personaje que pasaría del anonimato a las portadas de los periódicos y las listas de las agencias de inteligencia estadounidenses: JIm Jones. Este admirador de Jesucristo y Lenin pasó muchos años intentando recaudar dinero para poder fundar su propia iglesia y para ello se dedicó a las más variadas actividades, entre las que se destaca la venta de monos puerta por puerta.

Aunque comenzó defendiendo unos principios cristianos, la organización de Jones se acercaba más a una comuna socialista en la que se produjo, curiosamente, una integración racial. El discurso del líder emanaba tal atractivo que fascinaba a los potenciales adeptos. Estos pasaban por una fase de lealtad que se convertía en idolatría, hasta derivar en un fanatismo radical. El poder que había adquirido se vio reflejado en una paranoia en la que Jones veía enemigos por todas partes e incluso llegó a afirmar que en 1967 habría una hecatombe nuclear que destruiría el planeta.

Esta manía persecutoria hizo que, sintiéndose vigilado por el gobierno estadounidense, decidiera trasladar la secta del Templo del Pueblo desde California a un remoto lugar de Guyana, país en el noroeste de América del Sur, para evitar el acoso de la CIA y el gobierno. En esta granja de más de 100 hectáreas en plena selva suramericana fue donde Jim Jones creó su Proyecto agrícola del Templo del Pueblo, que bautizó con el nombre de Jonestown en su propio honor. La popularidad de Jones, que llegó a financiar programas médicos y de ayuda social a través de su iglesia, había crecido enormemente desde sus orígenes y en 1978 había en Jonestown más de 900 personas.

Muchos miembros del Templo del Pueblo fueron a Guyana realmente convencidos de que sería, como Jones les había prometido, “un paraíso socialista”. Pero lo que encontraron fue un campo de trabajo forzado en el que todos los miembros, incluyendo los niños, tenían que criar animales y recolectar comida para el Proyecto agrícola de Jones y bajo la vigilancia constante de guardias armados (la “guardia roja” de Jim Jones). A las pocas semanas de su llegada, la comunidad ya tenía problemas graves de diarrea y fiebres altas.

Las descabelladas prácticas de Jones iban desde el drogar a los miembros o hacerles reconocer legalmente a sus hijos como hijos de Jones hasta lo que él llamaba las “noches blancas”. Se trataba de simulacros de ataque contra Jonestown en los que Jones daba a elegir entre luchar hasta la muerte o quitarse la vida de forma masiva como “un acto revolucionario”. Animados por Jones, la gente elegía el suicidio colectivo y se les daba un agua que más tarde sabían que no tenía ningún veneno, pero que algún día lo tendría.

En octubre de 1978 las denuncias sobre abusos en Jonestown y el caso de una pareja que había abandonado la secta y que estaba intentando recuperar a su hijo, que Jones afirmaba que era suyo, llegaron a los oídos del representante a la Cámara por el estado de California, Leo Ryan. Un mes después, el congresista se presentó en Jonestown acompañado de periodistas para valorar la situación de la comuna in situ.

Ryan y los periodistas, acompañados de algunos desertores de la secta que querían huir, estaban llegando a una pista de aterrizajepara regresar a Estados Unidos cuando fueron atacados por los guardias de Jim Jones. En el tiroteo murió el propio Leo Ryan, tres periodistas y varios miembros de la secta. Los supervivientes huyeron a la selva. Todo parece indicar que esta situación fue el detonante para que Jones tomase la dramática decisión por la que ha pasado a la historia.

Más de 900 muertos

Es probable que Jim Jones fuera consciente de las consecuencias que acarrearían sus actos, por lo que reunió a todos sus seguidores en el pabellón principal de Jonestown para realizar otro simulacro de “noche blanca”. 913 personas, de entre ellas 276 niños, murieron esa noche al ingerir un zumo de frutas mezclado con cianuro en lo que los medios de la época llamaron “el mayor suicidio colectivo de la historia”.

Grabaciones halladas posteriormente apuntan a que muchos miembros no estaban conformes con la idea del suicidio y que o bien fueron obligados o se disparó contra aquellos que se negaron a ingerir el veneno. Jim Jones, el líder de la secta, fue encontrado muerto sobre su trono entre dos cuerpos y con un disparo en la cabeza. Se desconoce si la herida fue infligida por él mismo o si ordenó a alguien que lo matara.

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