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El hombre que sobrevivió a una ejecución tras recibir 9 disparos

Ocurrió durante la revolución mexicana y la víctima vivió otros 40 años después de aquello

Wenceslao Moguel, el ejecutado
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Son muchas las proezas que el cuerpo humano ha demostrado a lo largo de la historia. Desde caer de un avión a 10.000 metros de altura y sobrevivir, pasar días en mar abierto, sin agua potable o atravesar una bola de fuego y no resultar herido. Pero una de las más sorprendentes es la historia de Wenceslao Moguel.

En 1915, durante la revolución mexicana, Moguel era un soldado que luchaba en el bando de Pancho Villa. Precisamente ese año el famoso revolucionario mexicano fue derrotado en Celaya y Agua Prieta y Moguel, con algunos otros camaradas, fueron capturados. La revolución mexicana fue feroz. En ambos lados y los prisioneros eran ejecutados en su mayoría de forma expeditiva. Se colocaba al prisionero contra una pared y un pelotón de fusilamiento formado por ocho hombres disparaba apuntando a la cabeza. Una vez efectuados los ocho disparos, se les daba el tiro de gracia. A boca jarro.

De acuerdo con los relatos de la época, ”Pancho Villa fue uno de los líderes más famosos de la Revolución Mexicana. Después de su derrota ante los constitucionalistas en 1915, los rebeldes del norte enfrentaron un duro castigo por parte de los ejércitos regionales. Wenseslao Moguel fue acusado de traidor y condenado a ejecución por un pelotón de fusilamiento. Pero ese día, el 18 de marzo de 1915, fue su día de suerte”.

A Moguel le dispararon los 8 tiros, casi todos ellos dieron en la cabeza, pero el mexicano seguía vivo y, sabiendo lo que venía luego, contuvo la respiración y fingió que estaba muerto. El coronel del pelotón se acercó  y le disparó por novena vez directo a la cabeza. A quemarropa.  Aún así, por alguna extraña razón, Moguel no murió, se quedó allí tendido hasta que los soldados se fueron y entonces se escapó y acudió a la cercana iglesia de Santiago Apostol, en Tequixquiac (a 80 kilómetros de la capital de México), donde extrajeron las balas, curaron sus heridas y lo ocultaron en el pueblo…hasta 1924 cuando terminó la revolución mexicana. Otras fuentes aseguran que, cuando los soldados abandonaron la zona, los habitantes de Tequixquiac acudieron a la zona de fusilamiento para dar sepultura a los fusilados y encontraron a Moguel aún vivo milagrosamente.

Lo extraordinario es que Moguel no solo sobrevivió a nueve disparos, sino que no tuvo daño cerebral, aunque con un rostro claramente peculiar.

Seis años después, en 1930, Moguel emigró a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Allí la gente empezó a hacer preguntas sobre lo que pasó y cómo había terminado con el rostro desfigurado y su historia comenzó a hacerse conocida y le llegó su sobrenombre “El Fusilado”, por obvias razones.

Tan famoso se hizo que su vida llegó a oídos de los productores del programa Believe it or Not (Aunque usted no lo crea, de Ripley) y desde allí despegó hasta realizar una gira por todo el país junto a la NBC para que la gente pudiera ver a este héroe en vivo. A pesar de las graves heridas sufridas por la ejecución, Moguel logró vivir hasta los 85 años: murió en México, en 1976,  por causas naturales.

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