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El hombre que se enfermó con una bacteria para probar que tenía razón

Se trata de Barry Marshall y al hacerlo ganó el premio Nobel en Medicina

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Getty

Hijo de una enfermera y un ingeniero, Barry Marshall nació el 30 de septiembre de 1951 en Kalgoorlie, un pueblo minero de Australia. Comenzó su carrera de medicina a comienzos de los años 1970 y cuando estaba en segundo año se casó y al poco tiempo tuvo a su primer hijo. Al año siguiente llegó su segundo hijo. Cuando comenzó sus prácticas realizó una parte de ellas en gastroenterología. Quien entonces era su jefe recibió una carta de Robin Warren , patólogo del Royal Perth Hospital que decía, básicamente: 'Tenemos 20 pacientes con bacterias en el estómago, donde no debería haber bacterias viviendo porque también hay mucho ácido. ¿Hay algún médico en gastroenterología que quiera trabajar conmigo en esto y averiguar qué les pasa a estas personas?”.

Marshall comenzó a trabajar con Warren, cultivaban bacterias, las miraban bajo el microscopio y las analizaron durante años, muestras individuales de decenas de pacientes. Pero no daban exactamente con lo que provocaba las infecciones ya que las muestras que enviaban al laboratorio, volvían siempre sin la presencia de bacterias después de dos días. Hasta que llegó un golpe de suerte. El técnico de laboratorio se puso enfermo y fue reemplazado por otro con menos experiencia. Al mismo tiempo se produjo una epidemiaen el hospital y todas las muestras menos importantes se demoraron. La de Warren y Marshall estuvo en la incubadora y no fue hasta cinco días más tarde cuando se dieron cuenta de ello y la enviaron. Y, por primera vez allí estaban las bacterias que provocaban las infecciones, el primer cultivo de Helicobacter pylori.

Una vez que comprendieron que eran necesarios cinco días, las muestras comenzaron a ser analizadas con mucho más éxito y a poder tratarlas con el antibiótico específico. Ahora debían averiguar si la bacteria provocaba la gastritis o si era al revés. Y cuál de las dos provocaba las úlceras propias de estos pacientes.

Para Marshall y Warren la raíz de todos los problemas eran las bacterias. Pero la mayoría de sus colegas no lo veían así. Y la industria farmacéutica no ayudaba. En aquellos tiempos, el negocio de los medicamentos para las úlceras, a nivel mundial, facturaba entre tres y cinco mil millones de euros. Las empresas vendían una gran cantidad de estos medicamento a pacientes con úlceras. Como se trataba la úlcera pero no se ataca la bacteria, la ulcera remitía un tiempo, pero luego volvía y los pacientes seguían pagando por los fármacos contra la úlcera durante años.

“Si de repente las úlceras pudieran curarse y no fuera necesario tomar medicamentos para las úlceras todo el tiempo, el valor de las acciones bajaría  – explicaba Marshall en una entrevista –. Así que no querían apoyarnos e hicieron todo tipo de investigaciones para probar que las bacterias no causaban úlceras”.

Marshall y Warren hicieron experimentos con animales, pero no pudieron hacer que las bacterias humanas infectaran a animales como ratas o cerdos. Y decidieron que había que probarlo en humanos… pero esto era ilegal. Así que Marshall, convencido de sus conocimientos, optó por la vía rápida y se inoculó a sí mismo con la bacteria Helicobacter pylori. Una semana después, Marshall desarrolló todos los síntomas de una gastritis, y la biopsia reveló la infección. Estudios epidemiológicos posteriores permitieron establecer que la Helicobacter pylori es la causa de más del 90% de las úlceras de duodeno y de hasta un 80% de las úlceras gástricas. Desde entonces todos los pacientes con úlcera péptica son tratados exitosamente con una combinación de antibióticos e inhibidores de la secreción de ácidos. Por este hallazgo Warren y Marshall recibieron el Nobel de Medicina en 2005.

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