El hipnotismo, la ciencia olvidada del siglo XIX

La sociedad decimonónica vio, entre la curiosidad y el recelo, como los hipnotizadores se abrían paso en la medicina, los teatros y la literatura. Lo cuenta Marcos Bonet en su ensayo Hypnotic Fiction.

Lo hemos visto un centenar de veces en el cine: un psicólogo, un hipnoterapeuta o un artista teatral ordena a su paciente (o a su víctima) que se siente y se relaje, que cierre los ojos y se concentre en su voz. En ocasiones, el sujeto que se pretende hipnotizar observa fijamente un objeto brillante, los ojos penetrantes del especialista o los pases que este realiza con las manos. A los pocos minutos, la persona pierde el contacto con la realidad y su voluntad se pliega a los comandos del hipnotizador.

Antes de convertirse en un tema tan recurrido de la cinematografía, sin embargo, la ficción literaria se ocupó de hacerle un hueco a la hipnosis en sus páginas. El ensayo Hypnotic Fiction. La hipnosis en la literatura inglesa de ficción del siglo XIX (Dilatando Mentes Editorial, 2022), escrito por Marc Bonet, analiza los relatos de terror y las novelas de misterio decimonónicas que utilizaron el motivo del magnetismo y la hipnosis para abordar temas sociopolíticos como los miedos a perder el control, a ser manipulado o a ceder a terceros la capacidad de decidir.

Mesmerismo e hipnotismo en el discurso científico

Brouillet Salpêtrière
André Brouillet,

Antes de abrirse paso en los caminos de la ficción, el hipnotismo fue una disciplina que basculó entre la cientificidad y el entretenimiento, entre el rigor científico y el embaucamiento. Sus antecedentes se encuentran en otra disciplina nacida al calor del racionalismo del siglo XVIII: el mesmerismo.

En el año 1774, el alemán Franz Anton Mesmer propuso la existencia de un fluido en el conjunto del universo que unía entre sí todo lo que en él existía, desde los cuerpos celestes hasta las plantas y los animales. El fluido también estaba presente dentro del cuerpo humano, donde era capaz de producir una corriente magnética. Esta corriente podía manipularse, canalizarse y redistribuirse en beneficio propio a través de imanes. En manos de un magnetizador hábil, incluso conseguía curar enfermedades.

Siguiendo las enseñanzas de Mesmer, Armand-Marie-Jacques de Chastenet (1751-1825), marqués de Puységur, desarrolló el magnetismo de Mesmer en una nueva dirección, experimentando con los sueños magnéticos. Estos sueños se caracterizaban por un estado de consciencia intenso en el que el sujeto obedecía las órdenes del magnetizador.

Esta es la base teórico-práctica sobre la que se asentará el hipnotismo, un término que otro adepto del mesmerismo, el francés Étienne Félix d'Henin de Cuvillers, acuñó en 1820. La nueva disciplina del hipnotismo conseguía crear en el paciente un estado de gran concentración mental a través del uso de pases con las manos, la fijación de la mirada en un punto u objeto específico y la modulación de la voz. El médico escocés James Braid lo popularizó a partir de la década de los 40 del siglo XIX.

Las prácticas mesméricas experimentaron una aceptación desigual en los ambientes académicos. En Prusia, los médicos titulados recibieron autorización para practicar el magnetismo a partir de 1812. Gran Bretaña, por su parte, asistió al nacimiento de la London Mesmeric Infirmary. De existencia efímera, la clínica tenía como objetivo normalizar la aplicación del mesmerismo en la cirugía. En sus instalaciones, se instruía al personal médico en los usos terapéuticos del mesmerismo y se sufragaban los costes las intervenciones para que los sectores más pobres de la sociedad pudieran beneficiarse de la magnetización. En los boletines que la London Mesmeric Infirmary publicó durante sus escasos 20 años de existencia, describieron los casos de curación de males como el baile de San Vito y el asma, así como problemas digestivos y neurológicos.

Al mismo tiempo, la técnica despertó de inmediato dudas entre la comunidad científica y la población común. El surgimiento de la hipnosis de espectáculo y las exhibiciones públicas desde los escenarios de los teatros reforzó la idea de que todo era una farsa. Por otro lado, los poderes que se le atribuían al hipnotismo despertaban temor y desconfianza. Muchos de esos miedos tomaron forma en la literatura de la época.

Mesmerismo e hipnotismo en la ficción

Braid hipnotismo
James Braid hipnotizando a un paciente. Imagen: Wikicommons

Ya sucedió con clásicos de la literatura como el imperecedero Frankenstein, de Mary Shelley: los debates científicos y las preocupaciones que concernían los límites de la ética médica y los peligros de una tecnología mal aplicada permearon la ficción y la cultura popular. En el caso del mesmerismo y el hipnotismo, sucedió exactamente lo mismo.

Los distintos tipos de hipnotizadores literarios respondían a facetas diversas de los que practicaron la técnica en la época. El hipnotizador villano, el científico y el esotérico se alternaron en relatos y novelas como Trilby (1894) de George du Maurier, "La verdad sobre el caso del señor Valdemar" (1845) de Edgar Allan Poe y "El gran experimento de Keinplatz" (1890) de Arthur Conan Doyle

Según apunta Marcos Bonet en su ensayo Hypnotic Fiction. La hipnosis en la literatura inglesa de ficción del siglo XIX, la ficción hipnótica reflejó muchos de los miedos de una época ligados a la existencia de técnicas científicas de las que todavía no se conocía el alcance. Bonet sostiene que entre los temores más comunes de los que se sometían al hipnotismo se encontraban la total sumisión al hipnotizador, el terror a ser incapaz de salir del trance, a perder la razón o incluso a cometer actos en contra de la propia voluntad, desde asesinatos a abusos sexuales.

La ficción hipnótica, además, también permitió enfrentar, a través de la literatura, tensiones sociales mal resueltas, como los miedos derivados de las diferencias étnicas y religiosas, o la fragilidad de las mujeres, víctimas predilectas a manos de los hipnotizadores sin escrúpulos. Del mismo modo, la literatura también tocó otro terror, el derivado de las mujeres que podían utilizar el hipnotismo para subyugar la voluntad de los hombres en los afectos y la sexualidad, y subvertir, de este modo, los roles de género que se creían bien asentados en la sociedad victoriana

Referencias

Bonet, M. 2022. Hypnotic Fiction. La hipnosis en la literatura inglesa de ficción del siglo XIX. Ondara: Dilatando Mentes Editorial.

1855. Report of the Sixth Annual Meeting of the London Mesmeric Infirmary. Londres: Walton & Mitchell.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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