El día que Hitler anexionó los Sudetes al Tercer Reich

La invasión de esta región de Checoslovaquia concluyó el 10 de octubre de 1938, después de que Inglaterra y Francia cedieran en Múnich a las exigencias nazis.

Se conoce como Crisis de los Sudetes –o Sudetenkrise, en alemán– la serie de sucesos que tuvieron lugar en 1938 en relación con los Sudetendeutsche, una minoría étnica formada por los alemanes que por entonces vivían en determinadas zonas de Europa Central (Bohemia, Moravia y Silesia oriental), dentro de la región checoslovaca de los Sudetes (actualmente, en la República Checa). Esta Crisis atravesó varias fases y concluyó con la anexión de los Sudetes a la Alemania nazi, llevada a cabo por las tropas de la  Wehrmacht entre el 1 y el 10 de octubre de dicho año; fue el antecedente directo –junto con la Anschluss o apropiación de Austria, en marzo de 1938– de las posteriores invasiones con las que, ya en 1939, Hitler precipitaría al mundo en el abismo de la Segunda Guerra Mundial.

Checoslovaquia, que había sido parte del Imperio austrohúngaro hasta que este desapareciese con la Primera Guerra Mundial, se creó en 1918 a partir de Bohemia y Moravia (centros industriales bajo dominio austríaco) y Eslovaquia (región agraria bajo dominio húngaro). Desde su nacimiento como Estado, surgió la expresión alemana Sudetendeutsche para designar a la minoría germanohablante que habitaba en las zonas antes mencionadas. Dicho sector –que representaba más del 30% de la población total de estos territorios, cifrada en unos 3,5 millones de habitantes– conservaba la cultura y las tradiciones alemanas, como descendientes de colonos germanos traídos por los reyes de Bohemia para poblar la región a partir del siglo XIII. Y los conflictos entre esta populosa minoría y los checos afloraron desde el mismo instante de la creación de Checoslovaquia.

De resultas de los mismos, el 1 de octubre de 1933 se fundaría el Partido Alemán de los Sudetes. Dirigido por Konrad Henlein, pese a no estar vinculado en origen con la ideología nacionalsocialista, el partido pactó en secreto con los nazis, que acababan de alcanzar el poder en Alemania, como un medio de llevar adelante su estrategia, primero federalista y más adelante secesionista. Así, tras su victoria electoral en 1935, los de Henlein reclamaron la formación de un Estado federal checo que reconociera la idiosincrasia germana de los Sudetes y le concediera a la región un alto grado de autonomía, pretensión que fue rechazada de plano por el gobierno central checoslovaco. La escalada de tensión estaba servida.

De este modo, tras la Anschluss, Hitler se erigió en defensor de los Sudetendeutsche y se desató la Sudetenkrise. El 24 de abril de 1938, el Partido Alemán de los Sudetes promulgó los Decretos de Carlsbad, en los que exigía autonomía para la región y libertad para profesar la ideología nazi. Inglaterra intentó negociar un acuerdo con el gobierno checo, liderado por Edvard Benes, pero Hitler lo abortó ordenando a Henlein que planteara demandas imposibles de aceptar por Benes. Así las cosas, el Führer incrementó más y más la presión con amenazas y reivindicaciones sobre partes de  Polonia y Hungría, lo que acabó derivando en una vergonzosa claudicación de las democracias: tras el ultimátum lanzado por Alemania el 26 de septiembre, se firmaron los Acuerdos de Múnich el día 30, por los que el inglés Chamberlain y el francés Daladier daban vía libre a la anexión. Dicho y hecho: la ocupación alemana se realizó del 1 al 10 de octubre de 1938, restándole con ello cerca de 30.000 km² a Checoslovaquia. La mayor parte de la población checa fue expulsada de la región (en la imagen, una mujer llora desconsolada mientras se ve obligada a hacer el saludo nazi a las tropas invasoras). Y eso solo fue el "aperitivo": poco después, Hitler se apoderaba del resto del país.

Nacho Otero

Nacho Otero

Soy escritor desde siempre, y redactor y corrector en Muy Historia y otras publicaciones de G+J desde hace casi treinta años. Puedes contactar conmigo a través del correo iotero@zinetmedia.es

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