El día que Finlandia se independizó de la Unión Soviética

La Declaración de Independencia del país báltico se produjo el 6 de diciembre de 1917 y fue una de las consecuencias inmediatas de la Revolución en Rusia.

Helsinki en 1917

Cumplido el primer centenario de un hecho tan trascendental en la Historia de Europa como fue la Revolución Soviética de octubre de 1917 –que, en realidad, sucedió en noviembre según el actual calendario–, a menudo se pasa por alto una consecuencia de aquella, en absoluto menor: la independencia nacional de Finlandia, así como de Estonia, Letonia, Lituania y Ucrania (aunque estas fueron efímeras, ya que la URSS pronto volvería a anexionárselas por la fuerza). El contexto fue la declaración por los bolcheviques el 15 de noviembre, nada más alcanzar el poder en Rusia, del derecho de autodeterminación y secesión de los pueblos del extinto Imperio ruso. Y uno de estos era el Gran Ducado de Finlandia, donde los acontecimientos revolucionarios eran seguidos con gran interés y habían encendido la esperanza de poder, al fin, lograr la emancipación del coloso euroasiático, como finalmente sucedería en menos de un mes.

Mucho antes, en 1581, se había creado el Gran Ducado de Finlandia (Magnus Ducatus Finlandiae) y el rey Juan III de Suecia, a cuya corona pertenecía aquella región báltica, había pasado a ser, en consecuencia, Gran Duque finés. Desde entonces, dicha dignidad fue un título honorífico atribuido a los monarcas suecos, y así siguió siendo hasta que, en 1809, la Rusia zarista se anexionó el Gran Ducado tras vencer en la Guerra de Finlandia (1808-1809). Aunque conservó su denominación, bajo la égida rusa el Ducado tuvo el carácter de un estado autónomo hasta cierto punto, en atención a sus peculiaridades nacionales. No obstante, durante dicho período, la "autonomía" política, social y cultural de Finlandia dependió en sumo grado de la mayor o menor benevolencia al respecto de los sucesivos zares: Alejandro I, Nicolás I (el más autoritario), Alejandro II (el más liberal: convocó la Dieta o Parlamento en 1863 y le permitió legislar con bastante independencia), Alejandro III y Nicolás II.

Fue precisamente el alzamiento contra este último en Rusia lo que precipitó los acontecimientos en Finlandia. Después de que, el 15 de marzo de 1917, abdicase el Gran Duque y zar Nicolás II, el vínculo que él personificaba entre Rusia y Finlandia perdió su base legal; al menos, así fue interpretado en Helsinki (en la imagen que ilustra este artículo, la capital finlandesa en 1917). Hubo negociaciones al respecto entre el gobierno provisional ruso y las autoridades autónomas finlandesas, pero poco después el gobierno provisional cayó, hubo elecciones y el 5 de noviembre el Parlamento ruso se declaró "poseedor de la autoridad suprema del Estado en Finlandia". Un jarro de agua fría a las aspiraciones nacionales de los finlandeses, que sin embargo no tuvo apenas efecto. La Revolución bolchevique libró su batalla final entre el 6 y el 8 de noviembre y, el mismo día 15 en que declaró el derecho de autodeterminación, el Parlamento finlandés asumió temporalmente todos los poderes del zar sobre su país. A continuación, tras varios tiras y aflojas entre monárquicos y republicanos, llegó, el 6 de diciembre de 1917, la Declaración de Independencia de Finlandia como república soberana, reconocida por los soviéticos el día 18 de ese mismo mes.

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