El despertador humano: cobraban por despertar a sus vecinos cada mañana

En el siglo XIX apareció un nuevo oficio: el knocker-up, personas que cobraban por despertar a los trabajadores de fábricas en ciudades industriales como Manchester, Liverpool o Londres.

En el siglo XIX apareció un nuevo oficio: el knocker-up, personas que cobraban por despertar a los trabajadores de fábricas en ciudades industriales como Manchester, Liverpool o Londres.

Despertador humano 

Knocker-up despertando a un cliente. Autor desconocido. rarehistoricalphotos.com.

La tiranía del reloj

La Revolución Industrial trajo consigo importantes cambios estructurales que modificaron nuestra vida hasta lo que se ha convertido hoy, unido la revolución tecnológica e internet. Cada mañana, ya te dediques a estudiar o a trabajar, uno o varios despertadores suenan en tu casa para sacarte de la cama y empezar a ocuparte de tus obligaciones. La mayoría utilizamos el móvil, programado para que repita la alarma cuantas veces queramos en el intervalo temporal que deseemos. Infinidad de opciones al alcance nos permiten despertar con nuestra música favorita, con un programa de radio, las noticias del día o el tono por defecto de un dispositivo que pone los bellos de punta cuando lo escuchamos en otro contexto que no sea el de la mañana. Pero todas estas facilidades para despertarnos, como imaginarás, no siempre han estado ahí. 

Hasta el siglo XIX, la mayoría de los trabajos se realizaban en un ambiente rural, artesano y, en cualquier caso, en negocios propios que permitían cierta flexibilidad horaria. La agenda de cada jornada la marcaba la salida y puesta del sol, y para despertar bastaba con la luz del día entrando por la ventana, el canto de un gallo o el sonido de un campanario cercano. Pero la industrialización trajo consigo una novedad que sigue vigente: la tiranía del reloj. Todavía hoy choca el cambio de ritmos entre el campo y las grandes ciudades. Parece que en el mundo urbano todos tengan prisa y se viva más rápido en comparación con la aparente pausa del mundo rural. Las primeras personas que se integraron en el nuevo mercado laboral surgido a raíz de la Revolución Industrial empezaron a tener un horario al que acudir a su puesto de trabajo en fábricas y diversas empresas. Había que cumplir con turnos desde una hora determinada que, habitualmente, iniciaba desde muy temprano. De esta nueva necesidad surgió un nuevo oficio. Antes de que todos tuviéramos despertadores en casa, existió el despertador humano.

Mary Smith knocker up

Mary Smith disparando guisantes secos a la ventana de un cliente. John Topham.

El oficio de knocker-up

Aunque el reloj despertador se inventó a finales del siglo XVIII, todavía no era un objeto muy extendido a mediados del siglo XIX. Eran caros y poco fiables. En este tiempo, tanto particulares como empresas contrataron a los llamados knocker-up, personas que cobraban semanalmente por acudir cada mañana a la casa de sus clientes a despertarlos. 

Utilizaron todo tipo de objetos para lograr su cometido: un mazo para tocar en las puertas, un bastón o una caña de bambú para pegar en las ventanas del segundo piso donde suelen hallarse las habitaciones. E incluso se conoce el caso de la entrañable Mary Smith, una señora que utilizaba una cerbatana para lanzar guisantes secos a las ventanas de sus clientes. Mary cobraba seis peniques por semana y recorría desde muy temprano las calles del East End de Londres para que nadie llegara tarde a su puesto de trabajo durante la década de 1930. 

De jubilados a policías

El uso de estos despertadores humanos se popularizó mucho en las grandes ciudades industrializadas, donde un nutrido número de personas se dedicaron a este oficio. Sobre todo los jubilados, a quienes el nuevo sistema laboral y económico dejó con pocas posibilidades, se buscaron la vida como pudieron en este tipo de oficios. Pero también ejercieron como knocker-up los encargados del alumbrado público. Con la misma vara que apagaban el gas de las farolas despertaban a sus clientes y se sacaban un dinero extra. Con la misma idea realizaron esta práctica algunos policías. Puestos a patrullar las calles cuando todos dormían, podían pasar despertando a los vecinos para sacar un sobresueldo. 

Solían esperar a que los clientes dieran alguna señal de que habían salido de la cama. John Topham fotografió en plena acción a Mary Smith y recordó que la señora se despertaba cada día, incluso los domingos, a las tres de la mañana para golpear las ventanas de los trabajadores usando un tirador de guisantes. Esta práctica se extendió hasta la década de 1970 en algunas zonas de Reino Unido. En cuanto los relojes de alarma y la electricidad se generalizaron y sus precios empezaron a ser asequibles, el oficio de knocker-up dejó de tener sentido y se perdió como tantos otros sustituidos por la tecnología.

Referencias:

García Vega, M. 2014. Knocher-up, los despertadores humanos. miguelgarciavega.com. 

López, A. 2015. La curiosa profesión de los ‘despertadores humanos’. Ya está el listo que todo lo sabe. blogs.20minutos.es. 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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