El Desembarco de Normandía: 3 cosas que no sabías del Día D

Como las normas que prohibían criticar a los franceses o el soldado que solo iba armado con una gaita. Curiosidades sobre la batalla más famosa de la Segunda Guerra Mundial.

 

El 6 de junio de 1944, 130 000 soldados y 14 000 paracaidistas protagonizaron el Desembarco de Normandía, la mayor operación naval, aérea y terrestre de la historia. Elevada a hito y mito histórico de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más importante que haya sufrido la humanidad. Supuso el inicio de la liberación de la Europa bajo control nazi. Sin duda, uno de los hechos del pasado que más tinta ha hecho correr. Cada año se publican cientos y cientos de nuevas obras sobre el Día D. Pero, quizás, todavía no lo conoces todo de esta operación.

Entre tanta magnitud de uno de los hechos históricos más importantes de la humanidad, hay historias de gente de a pie. Puntos de vista individuales que refrescan la imagen que tenemos de una batalla legendaria. Pequeñas historias olvidadas de hombres y mujeres que formaron parte de una batalla global por más que la acción solo se reflejara en un único punto de Francia. A continuación exponemos algunas curiosidades que quizás te sorprendan sobre el Desembarco de Normandía.

Normas de comportamiento: sin relaciones sexuales ni cachondeo con los franceses

En la actualidad solemos tener muchas noticias a lo largo del año que marca algún acontecimiento como un hecho histórico, algo muy destacado que quedará para el recuerdo en las páginas de oro del libro sobre el paso del ser humano por este mundo. Quienes vivieron los días de junio de 1944 sabía que estaban ante un evento muy importante para la historia de la humanidad, solo que esta vez así lo era de verdad. En los preparativos por parte de los británicos, un evento histórico como el que se venía no solo requería lograr el objetivo de vencer a los nazis, sino que había que hacerlo con el talante y elegancia propios de los ingleses.

Por ello, antes del desembarco, las autoridades británicas repartieron un boletín con normas básicas que los soldados debían cumplir una vez llegados a Francia. Los soldados que ojearon estas instrucciones se encontraron con textos de índole variada. Por un lado, había un resumen de la historia de Francia y una explicación para entender por qué una potencia militar como Francia había perdido de manera tan fulminante contra el ejército nazi. A partir de aquí se incluían normas de conductas por las que se aconsejaba que nadie criticara la derrota de los franceses:

“Muchos franceses están convencidos de que tenían un buen ejército, pero insuficientemente equipado y no muy bien liderado. Muchos otros son críticos con el Ejército francés de 1940, pero también se sentirán ofendidos si las críticas proceden de un extranjero”.

Es decir, nada de hacer bromitas y meterse con los franceses porque hayan sido derrotados por los nazis para no molestar a los aliados y, además, porque se necesitaba a todo el mundo lo más motivado posible para enfrentar la dura operación militar que se venía.

Además, el folleto avisaba del cuidado que debían poner los soldados con las mujeres francesas.

“Tanto las jóvenes como las mayores, distan mucho de ser tímidas, y si eres un buen hombre inteligente, te harás amigo de ellas, pero no confundas amistad con la voluntad de proporcionarte sus favores”.

Un gaitero en el infierno

Otras normas sabemos que no fueron respetadas. La Oficina de Guerra británica había prohibido la presencia de músicos en la Segunda Guerra Mundial, un elemento que ha sido bastante común en las guerras durante toda la historia.

“Deseo que se una a mi brigada, la 1ª Brigada de Comandos, y que sea mi gaitero asignado. Doy por hecho que lo escucharé tocar la gaita de aquí a un mes, en cuanto se haya reunido con mi unidad en el sur del país”.

Este fue el mensaje que recibió William “Bill” Millin del oficial Simon Christopher Joseph Frasier, un excéntrico personaje conocido como lord Lovat. Imagina que vas a desembarcar en el infierno, una playa dominada por alemanes, armado únicamente con una estridente y llamativa gaita, vestido con una falda escocesa. Pues así fue el Día D para Millin. Ya en la embarcación, antes de llegar a la orilla, iba tocando:

“Uno de los marinos consigue que el sonido de mi gaita se oiga mediante todo el sistema de megafonía. Eso tiene un efecto extraordinario en el resto de buques. Todos empiezan a lanzar sus cascos y sus gorras al aire en señal de alegría y me hacen una verdadera ovación. Saber que formo parte del equipo que va a señalar el camino del desembarco es un momento de orgullo inolvidable para mí”.

Millin se paseó por la playa el Día D tocando su gaita entre el estruendo de ametralladoras y explosiones. Paraba su melodía, en señal de respeto, cuando pasaba por el lado de compañeros caídos. El gaitero del Desembarco de Normandía sobrevivió para contar su historia.

Referencia:

Cardona, P. y Villatoro, M. P. 2019. Lo que nunca te han contado del Día D. Principal de los Libros.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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