El descubrimiento en directo del autor anónimo

El 2 de octubre de 2016, la identidad de la escritora italiana que firmaba con el nombre de Elena Ferrante salió a la luz.

El descubrimiento en directo del autor anónimo
Imagen: Pixabay.

Hacía mucho tiempo que en la literatura no despertaba tanta pasión y curiosidad la identidad de una escritora, pero Elena Ferrante no era una autora cualquiera para los italianos.

Incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del planeta por la revista Time, Ferrante se ganó el cariño, respeto y curiosidad de sus lectores con la publicación de la saga ambientada en Nápoles La amiga estupenda. El interés por su identidad real crecía al mismo ritmo que sus ventas, tanto a nivel nacional como internacional, y las especulaciones sobre si se trataban de novelas escritas por un hombre y no por una mujer, o si por el contrario eran textos escritos por varios autores aparecían allí donde se hablase de ellas.

 

Un acoso sin precedentes

El secreto se desveló el 2 de octubre de 2016, cuando tras una investigación periodística sin precedentes, más característica de un periódico sensacionalista que de una revista literaria, salió a relucir el nombre de la traductora italiana Anita Raja.

El periodista Claudio Gatti fue el encargado de publicar los resultados de una investigación sobre las cuentas bancarias de la actriz napolitana y las de su marido, el escritor Domenico Starnone; los registros de su propiedades inmobiliarias y de los pagos emitidos por la casa editora que contrataba los servicios de traducción de Raja y que publicaba también los libros de Ferrante.

La noticia pronto protagonizó todos los telediarios. Entre los diferentes medios de comunicación que publicaron el trabajo de Gatti se encontraban: en los EE UU, The New York Review of Books; en Italia, Il Sole 24 ore; el Frankfurter Allgemaine Zeitung en Alemania; y la web Mediapart, especializada en investigaciones políticas y financieras, en Francia.

A pesar de que el periodista italiano argumentó el gran interés público de la escritora para realizar su investigación, la realidad demostró lo contrario, ya que generó un rechazo casi unánime por parte de la población, considerándolo solamente una falta de respeto a la intimidad de una escritora que no había escrito nada polémico.

El descubrimiento en directo del autor anónimo
La saga de Elena Ferrante tiene como telón de fondo la ciudad de Nápoles (Italia). Imagen: Wikimedia Commons.

 

Las redes sociales, altavoz para Ferrante

Los lectores de la escritora italiana no tardaron en incendiar las redes, hasta el punto de que Lumen, la casa que publica las obras en castellano de la autora, lanzó en Facebook la campaña de apoyo #YosoyElenaFerrante.

Tres días después de darse a conocer su verdadera identidad, Anita Raja (desde su casa editora denunciaron que se trataba de una cuenta falsa) abrió un perfil en la red social Twitter para explicar y aclarar las dudas en apenas seis cortos tuits:

 

  1. Abro este perfil en Twitter y pronto lo cerraré. Estaré aquí solo durante el tiempo necesario para explicarme.
  2. Lo confirmo. Soy Elena Ferrante. Pero esto no cambia nada de la relación de los lectores con los libros de Ferrante.
  3. Estos libros son y seguirán siendo de Elena, no míos. No entiendo hablar de algún modo en primera persona o realizar entrevistas o declaraciones.
  4. Entiendo vulgar y peligroso el modo en el que se ha querido revelar una identidad violando la privacidad y las reglas. Pero paciencia.
  5. Querría solo pediros, ahora que la curiosidad que duraba años ha sido resuelta, que me dejéis vivir (y escribir) en paz.
  6. Lo repito: no hablaré más de Elena Ferrante, ni responderé a su nombre, ni diré nada respecto a sus libros. Os lo agradezco. Anita Raja.

 

El descubrimiento de su identidad generó prácticamente al instante un debate sobre la ética periodística y la pregunta de si los lectores tenían derecho a saber quién estaba detrás de un seudónimo. Incluso se supo que el profesor Luigi Galella había encargado a la Universidad La Sapienza de Roma que comparase a través de algoritmos la escritura de Ferrante con aquella del resto de autores italianos para encontrar similitudes. La investigación, dirigida por el físico Vittorio Loretto, dio como respuesta que el estilo de Ferrante podía asociarse con el de Dominico Starnone, el marido napolitano de Anita, aunque él lo negó vehementemente ante la prensa.

 

Anita Raja aseguró no arrepentirse de su anonimato.

 

Con el caso italiano pudimos vivir en directo todo el proceso, pero otros escritores ya vivieron situaciones igualmente incómodas. Por ejemplo, J. D Salinger, autor de El guardián entre el centeno, a pesar de firmar con su verdadero nombre, generó el mismo interés por su carácter esquivo y hasta tuvo que ver cómo periodistas y fotógrafos rebuscaban en su basura para saber cualquier cosa de su vida.

En un tiempo en el que parece que la intimidad no existe, con el control que permite la tecnología y con el cambio cultural que hace que los individuos se expongan a sí mismos con mayor facilidad, podemos preguntarnos qué sentido tiene usar el anonimato. Tal vez no se puede no ser, no se puede no estar.

Emma Fernández

Emma Fernández

Periodista especializada en ciencia y tecnología y graduada en Lenguas Modernas y sus Literaturas (Italiano).

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