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El deportista que entró en un evento por una apuesta…y ganó el oro

Ocurrió en los Juegos Olímpicos de 1896, en Atenas, y la historia lo tiene todo: millonarios, arqueología, política y hasta un herrero

Robert Garret 1896
Bulgarian Archives State Agency

Cuando tenía 18 años, Robert Garrett ingresó en la Universidad de Princeton. Garret provenía de una importante familia que tenía negocios en algunas de las líneas ferroviarias y navieras más importantes del país, también poseían bancos.

Si bien no destacó mucho como estudiante, sí lo hizo como deportista en el equipo de atletismo de la universidad. En particular en disciplinas como lanzamiento de peso, salto de altura y longitud. Tanto que muy pronto se convirtió en uno de los lanzadores más importantes del país y en el capitán del equipo de Princeton.

En 1894 el barón Pierre de Coubertin (fundador del Comité Olímpico Internacional)  convocó una reunión en París con los deportistas más importantes de aquellos años. Y uno de los asistentes fue el profesor William Milligan Sloane, uno de los tutores  de Garret. De Coubertin encargó a Sloane y a otro profesor de Harvard que formaran un equipo estadounidense para los JJOO que se celebrarían en 1896. Garret comenzó a prepararse.

Su idea era presentarse en lanzamiento de peso y salto de altura y longitud. Pero cuando se enteró que también habría lanzamiento de disco, se decidió a probar suerte… a pesar que esa disciplina no existía aún. Pero apostó con su equipo que podía llegar a la final. Calculó la medida, la forma y el peso de dibujos que obtuvo de jarrones antiguos y solicitó a un herrero que se lo forjara. Cuando llegó a Atenas se dio cuenta que sus cálculos estaban bastante alejados de la realidad. Pero para eso aún faltaba algo más: el viaje en barco.

Garret y todos los deportistas que acudieron desde Princeton viajaron a Atenas, vía Nápoles cortesía de su madre, un viaje que le sirvió a Garret para practicar el lanzamiento del disco…aunque apenas pudiera levantarlo con una mano. De todos modos hubiera deseado que el viaje fuera más corto: el equipo estadounidense pensó que los griegos usaban el antiguo calendario juliano, lo que significaba que los juegos debían comenzar el 18 de abril…pero no: lo hicieron el 6 de abril y por ello tuvieron que bajarse en Nápoles y hacer un viaje por tierra agotador para llegar el día de la inauguración de los primeros juegos olímpicos de la era moderna.

Garret ganó el lanzamiento de peso y dos medallas de plata: en salto de altura y en el salto de longitud. Solo quedaba el disco. Fue en el estadio, cuando estaba por iniciarse el evento, cuando Garret vio por primera vez un disco “oficial”. Pesaba casi 13 kilos menos del que había usado para practicar

Al no darse cuenta de que Garrett se dirigió directamente al estadio, donde conoció a un atleta griego que le explicó que el disco real utilizado por los griegos pesaba menos de 5 libras y su diámetro era la mitad de la “boca de alcantarilla” con la que Garret había estado practicando. Por si fuera poco no tenía idea de la técnica adecuada, mientras que los lanzadores griegos, Paraskevopoulos y Versis, parecían salidos del Olimpo, con sus movimientos de escultura. En los primeros lanzamientos Garret lo hizo tan mal que no solo no alcanzaba a salir del último lugar sino que el disco casi  termina en las gradas. Todo el público se reía de él y Garret también se reía con ellos. Pero entonces llegó el último lanzamiento y el disco rozó los 30 metros, 19 centímetros más que Paraskevopoulos, que hasta ese momento había sido el líder. Y se alzó con la medalla de oro…sin haber cogido un disco en toda su vida.

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