El carpintero que casi acaba con Adolf Hitler

A lo largo de los siglos han existido infinidad de momentos que pudieron cambiar el curso de la historia. ¿Os imagináis qué hubiera pasado si Napoleón se hubiera atragantado con una aceituna cuando tenía 10 años? ¿O si Julio César hubiera descubierto la conspiración que acabó con su vida? Pues eso mismo sucedió con la anécdota que tuvo como protagonista a un joven carpintero alemán llamado Georg Elser, el cual estuvo a punto, si una serie de casualidades no se hubieran interpuesto, de reescribir por completo el guion de uno de los acontecimientos más oscuros de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.

Para comenzar tenemos que viajar al otoño de 1938, momento en el que Adolf Hitler desencadenó la conocida como “crisis de los Sudetes”, un territorio checo que los aliados, es decir Francia y Inglaterra, decidieron transferir a Alemania para apaciguar los deseos expansionistas del dictador nazi. En ese momento, nuestro protagonista, Georg Elser, un humilde campesino y carpintero nacido en Suabia (una región situada a caballo entre los estados de Baden Wurtemberg y Baviera) y muy ligado a movimientos obreros, llegó a la conclusión de que Hitler no se quedaría ahí y haría más reivindicaciones territoriales, se anexionaría otros países y haría la guerra inevitable. Por ese motivo, desconfiando de las promesas de paz del Führer, este llegó a la conclusión de que la única manera de evitar el nuevo conflicto mundial que estaba por venir era acabando personalmente con él. 

De esta forma, a inicios de 1939 empezó a diseñar su plan estudiando concienzudamente todos los actos oficiales en los que Hitler anunció que iba a participar. Y eligió uno en concreto para llevar a término su plan: la reunión de conmemoración del “Putsch” (el golpe de estado que intentó dar el partido nazi a la República de Weimar en 1923) que se iba a celebrar en la cervecería Burguerbaukeller de Münich la tarde-noche del 8 de Noviembre de 1939.

Hitler Segunda Guerra Mundial
Busto conmemorativo de Georg Elser en Berlín. Fuente: Wikimedia Commons.

Decidido el momento, en abril pidió una baja laboral y viajó desde su casa en Konigsbrunn a Múnich. Tiempo que aprovechó para visitar de forma asidua el establecimiento y hacer un reconocimiento minucioso del lugar, dibujando de manera sutil, mientras se tomaba unas cervezas, bocetos y medidas para instalar en el interior de una columna muy próxima al estrado donde Hitler daría su discurso una bomba de relojería casera que él mismo fabricaría.

Tras esto, en agosto volvió a Múnich, y hasta noviembre llegó a esconderse tras el cierre en la cervecería hasta 30 veces sin ser detectado. Tiempo que aprovechó para hacer el agujero en la columna y depositar dentro el artefacto. Unos trabajos tan meticulosos y profesionales que llegó incluso a recubrir el agujero con una placa de madera y estaño para que la bomba no se moviera y no pudiera ser detectada de ninguna forma. De este modo, Elser la dejó instalada y preparada, fijando la hora de explosión a las 21.20 del 8 de noviembre. Poniendo inmediatamente rumbo hacia la ciudad de Constanza, con el objetivo de cruzar la frontera entre Alemania y Suiza, y de este modo, escapar de las más que posibles represalias tras la ejecución del magnicidio.

Lo que nuestro protagonista no sabía, fruto de su desinterés por las noticias y la prensa, es que Hitler decidió, primero, suspender su intervención debido al reciente estallido de la guerra tras la invasión de Polonia, y segundo, rectificar al poco y si acceder a dar su discurso, que estaba fijado como ya comente antes, el día 8 de Noviembre desde las 8 y media hasta las 10. 

Sin embargo, el mismo día del evento, las autoridades nazis informaron que el formato y el horario de la intervención iba a variar por culpa de los nuevos condicionantes que imponía la guerra y sobre todo las desfavorables condiciones climáticas que ese día impedían usar el avión, medio de transporte habitual del dictador. De esta forma, Hitler comenzó su speech a las ocho y diez y terminó pasados unos minutos de las 9 de la noche, abandonando apresuradamente la cervecería para poder coger el tren de vuelta a Berlín a las 21.30. La bomba, tal y como diseño Elser, estalló a las 21.20, dejando un balance de 8 personas muertas y más de 60 heridas de gravedad. El dictador nazi, sin saberlo, se había librado de morir allí por apenas unos minutos.

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Estado en el que quedó la cervecería tras la explosión de la bomba fabricada por Elser. Fuente: Wikimedia Commons.

Como resulta lógico, tras el atentado se abrió una rápida investigación a cargo del mismísimo Heinrich Himmler que acabó con la captura apenas 24 horas después del propio Elser mientras intentaba cruzar la frontera. Tras ello, fue interrogado y torturado para saber quién o quiénes más estaban detrás, pues Himmler se negó a creer que un humilde y casi analfabeto carpintero hubiese diseñado solo y sin ayuda un plan tan sofisticado que apenas había dejado cabos sueltos. 

Sin embargo, tras varios días de duras palizas, Elser confesó todo aceptando Himmler su versión. Por este motivo fue enviado como prisionero al campo de concentración, primero de Sachsenhausen, y posteriormente de Dachau, lugar donde permaneció encerrado hasta los primeros días de abril de 1945. Momento en el que, con Alemania prácticamente derrotada, sería ejecutado por orden directa del mismísimo Hitler, el cual se suicidaría apenas 21 días después en su búnker de Berlín.

Curiosamente, este fue uno de los muchos atentados que sufrió el dictador nazi durante su vida. De hecho algunos historiadores aseguran que fueron más de 42. Aunque este y el de Julio de 1944, al mando del Conde Von Sttaufemberg enmarcado dentro de la que se conoció como “Operación Valkiria”, fueron los que más cerca estuvieron de acabar con el propio Hitler y reescribir de esta forma, el curso de la historia. 

Referencias:

Von Claus, C.M., 2005. Elser, el carpintero versus Hitler, el Führer. Der Spiegel. 

J. Evans, R. 2008. El Tercer Reich en guerra. Penguin Press. pp 109-111.

Hernández, J. 2012. Desafiando a Hitler. Tombooktu ediciones. Cap.1

 

Pedro Pérez

Pedro Pérez (El cubil de Peter)

Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo, habiendo cursado, también en la misma Universidad como posgrado el Máster del profesorado de Educación Secundaria, Bachillerato y Formación profesional. Actualmente ejerce como profesor de Geografía e Historia en las etapas de Secundaria y Bachillerato, en el que desarrolla diferentes metodologías de aprendizaje como el flipped classroom o los breakout educativos (escape rooms). Es el creador del canal de Youtube "El Cubil de Peter", en el que divulga gran diversidad de contenidos relacionados con la historia y la arqueología, incluyendo los que tienen relación con las materias que imparte como docente. Es autor del libro de divulgación juvenil "Un dia en el Imperio Romano" bajo el sello de la editorial Alfaguara, y trabajado como coordinador de la sección de Historia del programa de RNE "Una noche en el Laberinto". Además, ha participado como colaborador en programas de televisión como "El Condensador de Fluzo" de la2 de TVE.

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