El Archivo Secreto Vaticano: leyenda vs. realidad

Las novelas y el cine han hecho que este archivo parezca una caja de conspiraciones, pero la realidad es más profana.


Fuente de teorías, intrigas y conspiraciones, el cine y las novelas han impulsado aún más una imagen errónea del Archivo Secreto Vaticano. Lo sentimos por los amantes de historias como las escritas por Dan Brown, pero en las estanterías del Vaticano encontramos, como en todos los archivos estatales, papeles administrativos. Sin embargo, eso no lo hace menos interesante, pues sus documentos suponen un tesoro histórico y cultural para la historia eclesiástica y laica del mundo.

La creación del archivo

Millones de turistas pasean cada año por el Patio de la Piña, el espacio de parterres que separa la basílica de San Pedro de los Museos Vaticanos. Muchos de esos transeúntes, pertrechados con mochilas y cámaras, mientras posan para la imagen que subirán a Instagram antes de ver la Capilla Sixtina, desconocen que están caminando sobre un búnker que cobija uno de los mayores tesoros del Vaticano, y este no tiene oro, esculturas ni pinturas de artistas de fama mundial. Este tesoro está formado por papeles de un color amarillento, testigo del paso del tiempo.

En 1612 el papa Paulo V fundó el Archivo Secreto Vaticano para albergar todos los papeles relativos al papado. El objetivo era centralizar en un mismo espacio todos los documentos que hasta entonces se repartían por varias ubicaciones como el castillo de Sant’Angelo o la Secretaría de Estado.

Sin embargo, el uso documental por parte de la Iglesia viene de antiguo y se remonta a muchos años antes del siglo XVII. La Iglesia y sus integrantes han sido verdaderos pioneros a la vanguardia de la administración de la documentación. Sabedores de la importancia y fidelidad que hay en la tinta sobre el papel, la Iglesia siempre ha puesto mucho celo en guardar, ordenar y conservar la documentación relativa a sus asuntos. Exactamente igual que harían todos los estados modernos, solo que la Iglesia ya apuntaba maneras desde época medieval.

La Iglesia fue heredera de muchas tradiciones, leyes y manera de administrar del imperio romano. Es por ello que en el uso de archivos y de la cancillería para expedir documentos oficiales ha servido siempre como modelo de inspiración para los reinos de la Europa moderna.

Desde la fundación del Archivo Secreto Vaticano han sido muchos los interesados por sus documentos, intrigados por una información que parece esconder secretos importantísimos para el mundo. Napoleón ordenó trasladar a París todos los papeles en 1810. Los documentos volvieron a Roma una vez cayó el emperador francés, pero en esa ida y venida en tiempos tan turbulentos se perdieron valiosos papeles.

Desde entonces el archivo fue una zona restringida y el acceso solo fue posible a unos pocos estudiosos privilegiados. Sin embargo, a finales del siglo XIX el papa León XIII inició un cambio de mentalidad acerca del uso del archivo y en 1883 abrió una sala para investigadores. El cambio respondía a la lucha ideológica que mantenía con liberales y protestantes, quienes acusaban a la Iglesia de institución retrógrada con valores reaccionarios. Además, la cuestión de infalibilidad pontificia, por la que el papa no puede equivocarse en cuestiones de fe, podía ser cuestionada si se acudía al pasado para buscar argumentos que contradijeran al pontífice. Lejos de amilanarse, León XIII hizo ver que la Iglesia no teme a la historia. Fundó la escuela de Paleografía y Diplomática del Vaticano e impulsó el estudio de los fondos del archivo.

No diga Secreto, diga Privado

Entendemos que el nombre del Archivo Secreto Vaticano pueda suscitar teorías rocambolescas. Una institución mística y con un papel tan destacado en importantes momentos históricos como la Iglesia, si tiene secretos deben ser de lo más llamativo y despampanante. Sin embargo, todo se debe a un error de interpretación actual.

En origen el nombre se puso en latín: Archivum Secretum Apostolicum Vaticanum. Sin embargo, el término Secretum hace referencia a “privado”, es decir, hablamos del archivo personal del papa. Tanto es así, que el papa Francisco ha optado por cambiar el nombre por el que se le conoce de manera habitual, dejando a un lado el término “Secreto” y sustituirlo (más bien devolverle) el término “Apostólico”. El 22 de octubre de 2019, el papa Francisco decidió motu proprio este cambio. En palabras de Sergio Pagano, Prefecto del Archivo:

“Para evitar los fáciles malentendidos que este título provocaba o podía provocar en las lenguas modernas, incluido el italiano, con el uso del término Secreto, el Papa Francisco creyó oportuno (creo que con razón) abandonar este término, ahora "incómodo" y engañoso, y sustituirlo por el término Apostólico. En la práctica este equivale a Secreto, porque en latín tanto secretum (que significa separado, privado), como apostolicum (que viene del domnus apostolicus, que significa solo el Papa) designan la misma realidad, también jurídica. El Archivo Apostólico Vaticano no ha perdido nada de su naturaleza original al abandonar ese Secreto, porque incluso en el nuevo título buscado por el Papa Francisco sigue siendo el Archivo privado del Papa (por lo tanto Apostólico), sujeto solo a él y bajo su exclusivo gobierno”.

Por tanto, el término secreto y la relación que se puedan hacer con teorías conspirativas y magufadas varias son solo fruto de ficciones y aventuras inventadas. Tanto es así, que gran parte de la documentación que guarda el archivo está abierta a la investigación.

¿Qué documentos se pueden ver en el Archivo Secreto Vaticano?

Las historias de Dan Brown han dado más trabajo a los archiveros, que reciben muchas solicitudes para estudiar lo relacionado con el Santo Grial y los templarios. Más allá de estos intentos poco centrados en la investigación rigurosa, el archivo atesora millones de documentos que suman 83 kilómetros de estanterías con papeles que abarcan doce siglos de historia, desde el VIII a la actualidad, en la que aún sigue recibiendo documentación.

Entre los papeles más interesantes podemos encontrar los juicios a los caballeros templarios; la bula menor Inter Caetera otorgada por el papa Alejandro VI a los Reyes Católicos, por la cual obtuvieron el derecho de propiedad sobre las Indias; el juicio a Galileo Galilei; una queja de Miguel Ángel por no haber cobrado parte de sus trabajos en la Capilla Sixtina; la excomunión de Martín Lutero; y cartas de personajes como Mozart, Lincoln, Voltaire o Hitler.

A ello se une desde 2019 la apertura de los documentos relativos a Pío XII, cuyo controvertido papado coincidió con la Segunda Guerra Mundial. Académicos como John Cornwell han defendido que este papa estuvo de parte de los nazis. Francisco, al igual que en su día León XIII, ha abierto estos documentos para hacer ver que la Iglesia no teme a la historia. Habrá que estudiarlos a fondo para ver si somos los historiadores los que debemos temer a la Iglesia.

Referencias:

Barreira, D. 2019. ¿Qué esconden los 17 millones de páginas de los Archivos Secretos del Vaticano? elespanol.com.

Capelli, B. 2021. El Archivo del Papa abierto al mundo. vaticannews.va.

Martínez Hoyos, F. 2020. El Archivo secreto vaticano: mucho ruido y no tantas nueces. lavanguardia.com.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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