El alzamiento irlandés de 1916

Los levantamientos de Pascua en Dublín ocurridos el 24 de abril de 1916 pusieron la semilla de los acontecimientos políticos de Irlanda durante el siglo XX.

Calle de Dublín durante el Alzamiento

Esta rebelión irlandesa contra las autoridades británicas se puso en marcha el 24 de abril de 1916. Como era lunes de Pascua, coincidió con un día de celebración religiosa para la comunidad católica irlandesa que se ha vuelto simbólico. El objetivo de los sublevados era extender la revuelta a toda la isla, pero el levantamiento no se produjo en todo el territorio.

Mientras que en Belfast se optó por no actuar debido a la preeminencia unionista, la insurrección se centralizó en Dublín, donde se movilizaron más de un millar de personas armadas para ocupar posiciones estratégicas y simbólicas de la ciudad.

Un pequeño grupo de poetas, escritores y maestros socialistas revolucionarios que contaba con el apoyo tibio de Alemania ocupó la Oficina General de Correos de la Sackville Street (hoy O’Connell Street), reemplazó la bandera del Reino Unido por la tricolor (el verde nacionalista, el naranja unionista y el blanco de la paz y la reconciliación), y Patrick Pearse leyó con voz solemne la proclamación de la República que empieza así: “Irlandeses e irlandesas, en el nombre de Dios y de las generaciones muertas de las cuales recibió su vieja tradición y nacionalidad, Irlanda, a través de nosotros, convoca a sus hijos bajo su bandera y se rebela por su libertad”.

Fue un texto muy progresista para su tiempo, el primero de esta naturaleza que se dirigía por igual a los hombres y a las mujeres, prometía el fin de la discriminación religiosa, y abogaba por la igualdad de oportunidades y el sufragio universal.

Organizado por los siete miembros del consejo militar de la Hermandad Republicana Irlandesa y con el apoyo de únicamente 1.600 rebeldes en todo el país, el Alzamiento de Pascua fue portada de The New York Times ocho días seguidos. 

Las autoridades de Reino Unido habían destinado la mayor parte de sus esfuerzos a la Primera Guerra Mundial y el Gobierno de Londres mantenía una presencia militar muy reducida en Irlanda. Esto hizo que las tropas inglesas no pudieran enviar suficientes efectivos para responder a la insurrección hasta dos días después. Aun así, una vez llegó con los batallones suficientes para actuar, la armada británica atacó con dureza y al cabo de cuatro días acabó con la rebelión.

Una semana más tarde, tras la llegada de veinte mil soldados británicos, la insurrección había sido sofocada con un balance de 450 muertos, más de la mitad civiles, y dos mil heridos.

Dos centenares de edificios del centro de la capital fueron destruidos por la artillería británica.

Poco después fueron fusilados todos los cabecillas de la sublevación.

La única excepción fue Éamon de Valera, cuya sentencia de muerte fue conmutada por haber nacido en Nueva York y tener pasaporte norteamericano, y que acabó siendo presidente del Gobierno irlandés.

En la fachada de la casa de correos de Dublín, que todavía perdura en el centro de la ciudad y que fue el cuartel general del levantamiento, pueden verse las marcas de los disparos y está considerado como un monumento nacional.

 

Irlandesas combatientes

Enfermeras, cocineras, mensajeras y también combatientes, las mujeres irlandesas también fueron protagonistas heroicas de aquella rebelión en la Pascua de 1916 que condujo a sus líderes ante el pelotón de fusilamiento, pero que levantó al pueblo irlandés hasta conquistar su independencia.

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