De Ota Benga al negro de Bañolas

Durante el siglo XX existieron zoos y ferias que organizaban exhibiciones de humanos

 

Varias imágenes de comienzos del siglo XX protagonizadas por la misma persona revelan la degradación moral a la que el colonialismo llevó a las sociedades occidentales. Una de las instantáneas muestra a un adolescente pigmeo de unos 12 años metido en una jaula para animales, mientras que en otra aparece sosteniendo a un chimpancé. Ambas fotografías fueron tomadas en un contexto en el que el africano estaba siendo exhibido para la curiosidad y goce de los visitantes.

Ota Benga fue capturado en el Congo Belga (actual República Democrática del Congo) en marzo de 1904 por el comerciante estadounidense Samuel Verner. Aunque se desconoce su edad exacta, se estima que tendría entre 10 y 13 años. El joven pigmeo fue transportado hasta Estados Unidos donde en 1904 fue exhibido junto a otros en la Feria Mundial de San Luis. Allí, el grupo de africanos entonaban canciones y tocaban instrumentos para la curiosidad de los asistentes que se agolpaban entusiasmados por ver a estas personas.

Dos años más tarde, una de las principales atracciones turísticas de Nueva York, el zoo del barrio del Bronx escribió una de las páginas más oscuras de su historia cuando exhibió al pigmeo durante 20 días. Ota Benga fue enviado a la zona de los monos y fue exhibido con animales. Como si de un animal más se tratara, el centro incluyó una placa en la que figuraba el peso, la estatura y la procedencia del africano.

De nuevo, el objetivo era entretener a los asistentes y se le dejó un arco para que lanzara flechas a una diana y se le instó a que interactuara con los animales. Las protestas entre la comunidad negra no se hicieron esperar y Ota Benga fue enviado a varios orfanatos neoyorkinos. En la primavera de 1910, tenemos al joven pigmeo en Virginia donde asistió a la escuela y mejoró su inglés. Después se sabe que tuvo varios trabajos en una fábrica de tabaco y como obrero, y en 1916 se suicidó de un disparo cuando tenía unos 25 años.

Ota Benga en el zoo del Bronx
Ota Benga en el zoo del Bronx

Exposición en Bruselas 

Cincuenta años después de aquella exposición en de San Luis, habitantes del Congo belga volvieron a ser los tristes protagonistas en otra muestra. En 1958, Bruselas organizó una exposición en la que se volvieron a exhibir decenas de africanos de la que todavía seguía siendo su colonia. Para favorecer la recreación, se construyó un “pueblo típico” en el que los congoleños elaboraban piezas artesanas mientras los visitantes a la feria los veían a través de una cerca de bambú.

Durante el tiempo en el que no estaban siendo exhibidos en este poblado artificial, eran hacinados en uno de los pabellones del recinto de la feria. Los congoleños se quejaron de que algunos visitantes les tiraran plátanos y cacahuetes e imitaran el sonido de los monos al pasar delante de ellos para llamar su atención.

Negro de Bañolas

Una polémica mucho más reciente tuvo lugar en España, con el conocido como ‘Negro de Bañolas’. En este caso no fue la exposición de una familia, sino la muestra del cadáver embalsamado de una persona. El cuerpo de un varón fue la principal atracción del Museo Darder de la localidad gerundense de Bañolas. La institución acogió el cuerpo embalsamado durante casi un siglo después de haberlo adquirido en el año 1916.

El cadáver de este hombre fue disecado en 1830 por el taxidermista francés Jules Verraux. Posiblemente, era un bechuana o miembro de la etnia san, conocidos tradicionalmente como bosquimanos que vivió en el actual Sudáfrica.

Durante casi un siglo, el cuerpo fue expuesto en la pequeña localidad de Gerona sin apenas levantar revuelo, hasta que en el mes de octubre de 1991, un concejal del PSC, Partido de los Socialistas de Cataluña, de Cambrils de origen haitiano, Alphonse Arcelin, escribió una carta al alcalde de Bañolas, mostrándole su indignación y solicitando su retirada. Arcelin comenzó una campaña para lograr su retirada y su protesta logró visibilidad gracias a la cercanía de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. El revuelo se incrementó puesto que Bañolas era la sede de una competición de remo, por lo que el cadáver del africano fue retirado, primero de una forma temporal y finalmente de una manera definitiva. La lucha de Arcelin no cesó hasta conseguir el traslado del cuerpo Botsuana donde fue enterrado en el año 2000, aunque una reciente investigación sostiene que este hombre vivió realmente en el actual Sudáfrica.

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