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De niña prodigio a ‘experimento fallido’, la historia de Hildegart Rodríguez

Hildegart Rodríguez fue concebida por su madre como un experimento eugenésico y forzada a convertirse en la ‘mujer moderna perfecta’

Hildegart Rodríguez
Imagen: WIkimedia Commons

La eugenesia es una filosofía social que defiende el perfeccionamiento de los individuos a través de diversos métodos de intervención manipulada y selección artificial. Surgió a finales del siglo XIX, muy vinculada con el darwinismo social y fue utilizada, por ejemplo, por los nazis durante el Tercer Reich como base para llevar a cabo esterilizaciones forzosas masivas o genocidios. En España, antes de que Hitler subiera al poder, nació una niña cuya vida entera, desde su concepción hasta su muerte, fue planteada como un experimento eugenésico de su propia madre. Esta es la historia de Hildegart Rodríguez, la ‘Virgen Roja’.

 

La madre de la ‘mujer moderna perfecta’

Para hablar de Hildegart tenemos que hacerlo primero de su madre, Aurora Rodríguez Carballeira.

Segunda hija de una acaudalada familia de Ferrol, Aurora creció en un entorno de comodidades y enriquecimiento intelectual que despertó su mente y la introdujo, gracias a la influencia de su padre, en el pensamiento del socialismo utópico, la eugenesia y las fantasías nietzschenianas del superhombre. Cuando rondaba la veintena, la joven tuvo que encargarse del hijo de su hermana mayor, un niño llamado José (Pepito) en el que Aurora se volcó y al que convirtió en un precoz y virtuoso pianista a base de severa disciplina y constancia. La fama de Pepito Arriola hizo que su madre biológica volviera a su lado tras años de abandono y el vínculo entre tía y sobrino fue rápidamente cortado.

La experiencia de aquella maternidad simulada y los progresos que había logrado con el niño plantaron una idea en la mente de Aurora. Decidió que el gran proyecto personal de su vida sería la creación del ser humano perfecto, una criatura a la que educaría y moldearía en todos los sentidos para alcanzar su ideal eugenésico.

 

El ‘fenómeno Hildegart’

Aurora planteó toda esta situación con verdadero distanciamiento científico, viendo todas sus acciones como simples pasos que llevar a cabo dentro de una receta seguida al pie de la letra. Dado que la fecundación in vitro no era una opción por aquel tiempo, Aurora pasó años buscando al candidato perfecto para que la inseminase, un semental. Se desconoce la identidad del ‘afortunado elegido’ pero se cree que fue un almirante de la Marina formado, inteligente y de buen ver. Cuando Aurora estuvo segura de que había quedado embarazada, se marchó a Madrid y no permitió que el padre se acercara a su hija, a la que llamó Hildegart (‘jardín de sabiduría’ en alemán).

La gran promesa de Aurora, la niña que sería perfeccionada intelectualmente hasta convertirse en el ideal de ‘mujer moderna perfecta’, nació el 9 de diciembre de 1914 en la capital española. Lo cierto es que la pequeña Hildegart parecía lista para cumplir con las altísimas expectativas que su madre tenía puesta en ella, pues era superdotada. Con dos años ya sabía leer, a los cuatro escribía a mano y mecanografiaba y con siete hablaba varios idiomas (entre ellos inglés, francés, italiano y alemán) de forma fluida. Hildegart comenzó sus estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid a los trece años y los completó a los diecisiete entre éxitos académicos y alabanzas de sus profesores.

Esta formación se veía reforzada en casa, seguramente desde el propio nacimiento de la joven. Aurora hizo que Hildegart estudiase filosofía, sexología, ética y políticas y llegó a dominar todas y cada una de ellas. Desde los once años se convirtió en una de las columnistas más respetadas de los periódicos de Madrid y con catorce ya había publicado varios libros (llegó a tener 15 títulos a sus espaldas) entre los que se destacan El problema eugénico. Punto de vista de una mujer moderna, El problema sexual tratado por una mujer española o La rebeldía sexual de la juventud.

Como es lógico, la sociedad de la época sintió una fascinación inmediata por la brillante joven, que además había hecho su entrada en política al afiliarse a las Juventudes Socialistas del PSOE y llegar al cargo de vicepresidenta. Hildegart era una voz muy respetada por los intelectuales de aquel Madrid de finales de los años 20 y primeros 30 y sus amplios conocimientos en filosofía, feminismo y sexología la llevaron a codearse con personalidades como Clara Campoamor y Victoria Kent, el médico Gregorio Marañón o, a nivel internacional, el sexólogo Havelock Ellis y el escritor H. G. Wells, con quien se llegó a decir que mantuvo una relación.

Hildegart Rodríguez
Imagen: Wikimedia Commons

 

Rebeldía y asesinato

Hildegart era todo lo que su madre podría haber deseado, una mujer culta e inteligente capaz de destacar, gracias a su mente, y de ser escuchada en una sociedad que seguía dando prioridad a las voces masculinas que a las femeninas. Sin embargo, conforme su hija crecía y se acercaba a la madurez, empezaba a mostrar síntomas de rebeldía y disconformidad con la encorsetada vida a la que la sometía su madre.

Como esa tiránica Bernarda Alba de la que escribió Lorca, Aurora había controlado cada mínimo aspecto de la vida de Hildegart desde su nacimiento y la había obligado a estar bajo su control; a hacer, pensar o aprender lo que ella quería. En su mente, Hildegart no era más que una muñequita de carne; una marioneta que existía únicamente porque ella lo había querido (de hecho, siempre decía que ella la ‘había creado`) y para cumplir su voluntad. Lo que olvidaba, sin embargo, era que Hildegart era una persona, y además una que había sido educada para convertirse en una mujer fuerte e independiente.

Los problemas entre madre e hija empezaron a hacerse visibles cuando Hildegart tenía 17 años. Madre e hija, que siempre iban juntas a los actos púbicos y siempre coincidían en todo, empezaron a defender posturas contrarias y a discutir abiertamente por cualquier tema que surgiera en la palestra. Parece que Hildegart había llegado a su límite y decidió anunciar a Aurora que su reinado del terror había llegado a su fin: dejaría de acompañarla a todas partes, se iría de casa, viajaría por el mundo y viviría su propia vida como mejor le pareciera a ella, no a su madre. Esta ruptura y las amenazas de abandono despertaron un comportamiento paranoico en Aurora, que veía cómo ‘su experimento’ se estaba saliendo del camino marcado.

El 9 de junio de 1933, a primera hora de la mañana, Aurora mandó a la criada a hacer unos recados y, una vez sola, entró en la habitación de Hildegart. La joven todavía dormía, momento que Aurora aprovechó para sacar su arma y descargar cuatro tiros (tres en la cabeza y uno en el corazón) a bocajarro. Hildegart murió en el acto y Aurora salió tranquilamente de la casa y fue a visitar al abogado José Botella Asensi, quien le aconseja que se entregue y confiese el crimen.

El juicio contra Aurora Rodríguez fue muy mediático, tanto por lo morboso del caso como por la fama que Hildegart se había ganado en tan pocos años. Aurora confesó el crimen desde un principio y todo el proceso estuvo más centrado en si lo había hecho bajo un estado de enajenación mental o si era perfectamente consciente de sus actos. La tesis que perduró fue la segunda y Aurora Rodríguez fue condenada a 26 años de cárcel que comenzó cumpliendo en la prisión de Ventas, de donde sería llevada hasta un centro psiquiátrico para mujeres en Ciempozuelos. Moriría en 1956 como consecuencia de un cáncer que no quiso tratarse.

Las declaraciones y documentos que se conservan de Aurora demuestran la frialdad y desapego con el que veía y razonaba los hechos, casi desprovista de cualquier elemento humano. Decía que su hija había nacido como fruto de "un plan perfectamente preparado, ejecutado con precisión matemática y con una finalidad concreta. Nació con un objetivo determinado, con una misión ideal de la que no podía desviarse por ninguna debilidad humana. Yo que la creé, que la hice, que la formé a lo largo de los años, sé perfectamente dónde debía llegar".

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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