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De cómo Marlon Brando hizo famosos a los Ángeles del Infierno

La película ‘Salvaje’ (1963) pretendía concienciar a la juventud del peligro de las bandas de moteros, pero acabó haciéndolas más populares.

Marlon Brando Salvaje
Imagen:iMDB.

Marlon Brando es uno de los actores más aclamados del séptimo arte. Ya sea en su inestable y brutal Stanley de Un tranvía llamado deseo (1951) a su soberbio Vito Corleone en El Padrino (1972), este hombretón de mirada profunda y rostro encantador supo conquistar al público en todas y cada una de las actuaciones que llevó a cabo durante su carrera. En 1953 protagonizó Salvaje (The Wild One), una película en la que encarnaba al inconformista líder de una banda de moteros. Puede que no sea su papel más destacado ni la cinta más famosa, pero el contexto en el que se ideó y el mensaje que intentaba transmitir merecen que le dediquemos unas líneas.

 

De Hollister a ‘Salvaje’. El auge de los moteros

En 1945 la rendición de Japón marcó el final definitivo de la Segunda Guerra Mundial. Muchos soldados estadounidenses que habían combatido en el frente europeo o en el Pacífico pudieron volver a casa y curar las heridas que les había dejado la contienda (físicas o no). Muchos de ellos, que habían conducido motocicletas durante su servicio, se dieron cuenta de que no conseguían adaptarse a la nueva sociedad bienpensante que nacía en los Estados Unidos. Ellos seguían sedientos de aventuras y emoción y así fue como surgieron los primeros clubes de motoristas.

Llegamos ahora al 3 de julio de 1947. El pequeño y tranquilo pueblo californiano de Hollister acogía el Gipsy Tour de la Asociación Americana de Motociclistas (AMA por sus silgas en inglés) con motivo de las celebraciones del 4 de julio durante todo el fin de semana. Aunque la AMA tenía registrados a alrededor de 1600 motociclistas en la concentración, las fuentes de la época estiman que en total había más de 4000 vehículos allí reunidos. Entre tal acumulación de gente, un pequeño grupo de moteros perdió el control y dio inicio a unos disturbios en los que se destrozaron locales, hubo peleas, se celebraron carreras ilegales en las calles de la ciudad y el alcohol corrió en abundancia. Los problemas se prolongaron hasta el día 5 y terminaron con 50 detenidos y 60 heridos leves. El San Francisco Chronicle recogía las siguientes declaraciones de un miembro del gobierno local: “Por suerte, parece que no hay daños graves. Los moteros se hicieron más daño a ellos mismos que a la ciudad”.

Hollister riot 1947
Fotografía de un motero borracho durante los disturbios de Hollister (1947). Imagen: Wikimedia Commons.

 

Sin embargo, lo que podría haberse convertido en un suceso esporádico y en el que (por suerte) no hubo que lamentar demasiado fue visto por la prensa de la época como una historia truculenta y escandalosa. Publicaciones como la revista Life o Harper’s Bazaar y periódicos de todo el país, entre ellos el New York Times, contaron una versión distinta de los hechos en la que se hablaba de que los motoristas habían “tomado la ciudad”.  La visión sensacionalista de los eventos ocurridos en Hollister corrió como la pólvora y ejerció un efecto bola de nieve en los clubes de moteros. En el margen de unas semanas, aquellas agrupaciones que habían sido ignoradas y pasaban desapercibidas en la sociedad eran uno de los peligros más graves a los que se enfrentaba la sociedad estadounidense y cualquier pueblo podía ser víctima de un ataque masivo de estos hunos modernos.

 

El cine como herramienta moralizante

En 1953 el productor de cine Stanley Kramer decidió hacer una película basada en lo que los medios habían contado de los disturbios de Hollister. Ante una sociedad que realmente temía la posibilidad de una rebelión violenta por parte de la juventud inconformista, que encarnaba sus miedos en la figura de los clubes de moteros, Kramer y su equipo quisieron conceder a la historia un elemento moralizante al estilo de las antiguas fábulas o cuentos.

En Salvaje seguimos al Club de Motoristas Rebeldes Negros, liderado por un joven y carismático Marlon Brando en el papel de Johnny Strabler, que llegan a un pequeño pueblo donde se encuentran con una banda rival. Tras una pelea entre Strabler y el líder de la otra banda (Lee Marvin), este último es detenido y ambos clubes deciden tomar la ciudad y causar el caos. Mientras el resto de moteros se nos representan como simples brutos que solo quieren destrozar el lugar, el personaje de Johnny mantiene un espectro más amplio en el que se pueden apreciar ciertos grises y su arco argumental se centra más en la relación que tiene con la joven Kathie (Mary Murphy) que en los disturbios y la destrucción. Al final, tras salvarse por los pelos de que los habitantes del pueblo le linchen injustamente, Johnny es puesto en libertad y avisado por unos comprensivos policías de que aún está a tiempo de cambiar.

El mensaje que debía transmitir la película era que el sinsentido y la violencia inherentes a los clubes de moteros solo traen problemas y que uno debe tomar la decisión de cambiar y redimirse antes de que sea demasiado tarde. Hasta aquí se entiende qué se pretendía con ella, pero existen algunos aspectos que la hacen confusa. Primero, porque el personaje interpretado por Marlon Brando se mantiene ajeno a los disturbios (distanciándolo de esa rabia que debía caracterizar a los moteros) y se le presenta como a una persona atractiva, sensible y atormentada con la que resulta muy fácil identificarse. Por otro lado, nos encontramos con un jefe de policía excesivamente permisivo que parece más pendiente de ahorrarse problemas que de proteger el pueblo y a unos habitantes que no dudan en tomarse la justicia por su mano y acaban pareciendo los malos de la película. La pobre Kathie, una chica de bien que trabaja en el bar, acaba enredada en los encantos de Johnny y se convierte en la figura de su salvación al más puro estilo de Doña Inés y Don Juan Tenorio.

 

 

El tiro por la culata

El proyecto que llegó a los cines no fue el mismo que nació en la mente de Stanley Kramer. El productor se reunió con auténticas bandas de moteros para conocer su forma de pensar y actuar y gran parte de los diálogos de la película fueron extraídos literalmente de esas conversaciones. La historia tenía autenticidad pero las presiones de la Oficina Breen (como se conocía al organismo de censura autoimpuesto por Hollywood) supusieron problemas para el estudio por determinados diálogos o escenas, que consideraban inaceptables.  El propio Brando diría lo siguiente sobre la película: “Empezamos haciendo algo que valiera la pena, que explicara la psicología de los hipsters. Pero en algún momento nos salimos del camino. El resultado fue que, en lugar de descubrir por qué la gente joven tiende a unirse a estos grupos que buscan un sentido, todo lo que hicimos fue mostrar la violencia”.

Salvaje se estrenó en los cines de Estados Unidos el 25 de diciembre de 1953. Sus productores querían que fuera el motivo por el que la juventud del país encauzara su vida y el resto de la sociedad se concienciara de los peligros de estas bandas que solo buscaban sembrar el terror, pero la realidad fue muy distinta. La película fue una de las más controvertidas de la década y no fueron pocos los que afirmaban que lo que en realidad hacía era ensalzar la vida del motero e idealizarla. La British Board of Film Classification se negó a darle un certificado y mantuvo vetado su estreno en toda Gran Bretaña hasta el año 1967 (e incluso entonces se autorizó “para mayores de 16”).

Pero no todos lo vieron así. Las bandas de moteros habían saltado del anonimato a las portadas de las revistas y las pantallas de cine; se habían convertido en estrella de rock. Las enormes Harley-Davidson rugiendo por la carretera, las bandanas al viento, los tatuajes y las chaquetas de cuero se pusieron de moda, les convirtieron en los nuevos paladines de la libertad y el inidividualismo que tan arraigado está en Estados unidos. Se les concedió ese halo romántico de rebeldes del que antes disfrutaron los llaneros solitarios del Salvaje Oeste o los piratas. Tras el estreno de Salvaje la venta de motocicletas Triumph (las que llevaba el club de Marlon Brando) se dispararon y la película dio origen a un nuevo género cinematográfico al que pronto se le unirían Rebelde sin causa (1955), Ángeles Salvajes (1966), Hell’s Angels ’69 (1969) o Easy Rider (1969).

Marlon Brando
Marlon Brando en 'Salvaje' (1953). Imagen: Filmaffinity.
Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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