Cynthia Ann Parker, cautiva y madre de un gran jefe indio

La extraordinaria y trágica historia de esta mujer, capturada por los comanches y 'rescatada' años después, inspiró un libro y una mítica película de John Ford.

Cynthia Ann Parker

18 de diciembre de 1860. De madrugada, una partida de rangers de Texas, acompañada por soldados de la Caballería, irrumpe en un poblado comanche cercano al río Pease. Los blancos, como de costumbre, se entregan a una furiosa carnicería en la que no falta el horrible ritual de arrancar las cabelleras a los indios aún vivos (los historiadores no se ponen de acuerdo sobre quién copió a quién esta repugnante tortura, si los nativos americanos a los conquistadores anglosajones o viceversa, pero ambos la practicaron con saña). En medio de la masacre, una india llamada Nautdah, que trata de huir con su hija Topsana en brazos, es capturada. Parece una comanche más, pero sus ojos azules la delatan y el coronel Parker la reconoce al fin: es su sobrina Cynthia Ann, secuestrada 24 años antes.

Tan extraordinaria historia no podía pasar inadvertida en plena mitificación de la conquista del Oeste y saltó a la primera plana de los periódicos. Era uno de esos episodios de la frontera con todos los ingredientes para ingresar en la leyenda sobre el nuevo país: una niña arrebatada a la 'civilización' por los crueles pieles rojas, convertida casi en uno de ellos y milagrosamente rescatada cuando ya se la daba por muerta. Parker se convirtió así en un icono nacional, un ejemplo de la posibilidad de redimir a los salvajes. Su mito pervivió hasta el punto de servir de inspiración, casi un siglo después, para la novela The Searchers (Los buscadores, 1954), de Alan Le May, a su vez adaptada al cine por el gran John Ford en una obra maestra de idéntico título –si bien en España se llamó Centauros del desierto (1956)–, con John Wayne como el coronel Ethan Edwards y Natalie Wood como su sobrina Debbie. Pero la realidad fue mucho más trágica y triste que la ficción.

19 de mayo de 1836. La pequeña Cynthia Ann Parker, de nueve años, está jugando esa mañana en el rancho en el que su familia se ha establecido un año antes, al oeste de Texas, cuando una banda de jinetes comanches irrumpe a sangre y fuego. Los hombres, incluido su abuelo, son torturados y masacrados; no falta el horrible ritual de arrancarles las cabelleras cuando aún están vivos. Las mujeres, incluida su abuela, son violadas y asesinadas. Los bebés, degollados. Pero a los niños de la edad de Cynthia, los comanches no los matan: los secuestran y los adoptan. Así, comienza una nueva vida para ella. Al cabo de un tiempo, ha olvidado el inglés, tiene la piel morena y curtida por el sol y el cabello ennegrecido con grasa de bisonte, se llama Nautdah –"la que ha sido acogida"– y es la mujer del jefe Peta Nocona y la madre de tres hijos. El mayor, Quanah, será el último gran jefe guerrero del pueblo comanche.

Pero, en el momento en que Cynthia/Nautdah fue 'rescatada' –o más bien, secuestrada por segunda vez–, Quanah sólo tenía 12 años. Madre e hijo nunca volvieron a verse, y no sería porque no lo intentaran. Pues la realidad de la reinserción de esta mujer en la sociedad blanca distó mucho del mito propagado por los periódicos, y más tarde por la literatura y el cine. Cynthia Ann Parker, una extraña entre dos mundos, jamás consiguió readaptarse a su vida anterior y de hecho trató varias veces de escapar para volver con los comanches. No lo logró y se convirtió en una muerta en vida, que apenas comía ni hablaba, hasta su prematuro fallecimiento de una gripe en 1870, a los 43 años. Entretanto, su primogénito se convertía en el último héroe y caudillo de su pueblo, que continuó la guerra contra los blancos hasta que hubo de rendirse a la evidencia. Instalado en una reserva y transformado en activista cívico, Quanah Parker buscó entonces a su madre, pero ya era tarde: sólo le quedó el consuelo de poder visitar su tumba.

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