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Cuando Nixon fue el camello de Louis Armstrong

Son varias las versiones que lo mencionan, pero todas incluyen dos kilos de marihuana, una maleta y un viaje en avión

Louis Armstrong
Getty

Sin duda Richard Nixon ha pasado a la historia por las cintas del caso Watergate. Pero también ha quedado en la memoria de los fanáticos de la música, en particular del jazz, por otro motivo: su curiosa relación con Louis Armstrong.

En la década de 1950, el Departamento de Estado de EE. UU. enviaba a escritores, artistas, músicos y figuras del deporte afroamericanos como Embajadores de Buena Voluntad en todo el mundo para promover la democracia estadounidense, en contraposición a la “dictadura” de la Unión Soviética. Era la época de la Guerra Fría. En una de esas giras, en 1957, estalló la batalla por la eliminación de la segregación escolar de Little Rock Nine en 1957. Además de denunciar públicamente al entonces presidente Eisenhower en las noticias nacionales, Armstrong se puso en contacto con el Departamento de Estado de EE. UU. y les dijo, específicamente a Richard Nixon, que entonces era vicepresidente y un admirador de Armstrong, que no iría de gira. Para salvar la situación, el gobierno envió autoridades federales para resolver el problema y la gira continuó según lo planeado. Ese fue el comienzo de la relación (o relación de conveniencia) entre el político y el músico

En 1969, el recién elegido presidente Nixon invitó a Armstrong a actuar en la Casa Blanca. En lugar de aceptar, rechazó la invitación (usando un improperio) señalando que no había sido invitado antes y que la propuesta era una estrategia para apaciguar a la comunidad afroamericana. Ese fue el año en el que se organizaron numerosas protestas en las universidades de Estados Unidos y uno de los líderes de los Panteras Negra (Black Panthers) fue asesinado por la policía.

Pero en la relación entre Nixon y Armstrong tuvo un capítulo final. Uno que tiene varias versiones. Una de ellas, previa a los hechos anteriores, señala que cuando en 1956 Armstrong regresó de su famoso concierto en Ghana. De acuerdo con el libro Los secretos de Nixon: el ascenso, la caída y la verdad desconocida sobre el presidente, Watergate y el perdón, de Roger Stone, en aquella época Louis Armstrong era embajador de buena voluntad por el Departamento de Estado de Estados Unidos gracias a las giras que llevaba a cabo. Este cargo le otorgaba, entre otras ventajas, la posibilidad de pasar por aduana sin ser registrado. El problema es que ese día, cuando Armstrong habría decidido traer dos kilos de marihuana, la Aduana de Estados Unidos había recibido un aviso para estar alerta a los contrabandistas. Debido a esto, Louis y su tripulación fueron enviados a la línea de aduanas como todos los demás.

Afortunadamente para él, Richard Nixon (por entonces vicepresidente) estaba en el aeropuerto ese día y cuando se enteró de que Louis estaba allí, quiso hacerse una foto con él y le preguntó si podía hacer algo a cambio, ante lo cual Armstrong solicitó que pasara por la aduana sus instrumentos. En otra versión, fue en un vuelo que regresaba de Londres a Nueva York cuando Nixon ayudó a que el medidor pasara por la aduana.

Finalmente, la tercera versión proviene del libro Miles on Miles: Interviews and Encounters with Miles Davis, en el que Miles cuenta una historia que escuchó del pianista de jazzTommy Flanagan, quien habría trabajado con Satchmo.

De acuerdo con Flanagan el grupo estaba en la sala VIP del aeropuerto de Orly en París, cuando el vicepresidente Nixon entró repentinamente en la sala con sus escoltas del Servicio Secreto : “Cuando vio a Satchmo, el vicepresidente inmediatamente corrió hacia él y, casi poniéndose de rodillas, agarró la mano de Satchmo como para besarla. Nixon comenzó a decirle que era un monumento nacional, que era más importante que la Estatua de la Libertad y otros halagos. Cuando se anunció el vuelo y todos empezaron a levantarse para abordar el avión, Nixon preguntó si había algo que pudiera hacer por él y Satchmo  le dio unas maletas, pidiendo que las llevara él a través de la aduana”.

Años después, la reacción de Richard Nixon al enterarse de la situación fue simplemente: "¿Louis fuma marihuana?”.

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