Cuando los Hitler se apellidaban Schicklgruber

Hitler, posiblemente el apellido que más marcó el siglo XX, y un apellido que tras la Segunda Guerra Mundial empezó a estar en vías de extinción en los registros de todo el mundo, puesto que muchas personas que se apellidaban así lo ocultaban o directamente lo borraban del registro.

La historia familiar del mayor genocida que ha visto la humanidad es un tortuoso árbol genealógico en el que se entrecruzan las ramas y se enredan como si se tratara de la saga de los Arcadio Buendía de ‘Cien años de soledad’.

Existen varias dudas sobre la identidad del abuelo paterno de Hitler que alimentaron algunos rumores que han llegado a la actualidad, en los que se especulaba sobre el posible pasado judío del líder antisemita. La realidad es que solo una generación antes del nacimiento de Adolf Hitler, la familia no había adoptado este apellido.

Alois el padre del futuro dictador nació en 1837, era hijo de Maria Anna Schicklgruber una campesina soltera de 41 años. Maria Anna dejó vacío el hueco del apellido paterno en el registro bautismal de su hijo, por lo que Schicklgruber será el apellido de Alois desde que nació.

Cinco años más tarde, en 1842 Maria Anna se casa con Johann Georg Hiedler de 50 años, quien parece que reconoce la paternidad de Alois, aunque nunca de manera oficial. A día de hoy, los investigadores siguen sin poder confirmar si Johann Georg fue el padre biológico de Alois.

La historia continúa con la muerte de la madre Maria Anna en 1847. En ese momento, Alois de solo 10 años, se va con el hermano de su padre Johann Nepomuk Hiedler, a una granja de Spital, a 25 km del lugar de nacimiento la aldea de Strones. Es decir, Alois comienza a vivir, sin ser una adopción oficial con su tío, el hermano del marido de su madre.

Pasan los años y llegamos a 1876, Alois ha prosperado y ha ido ascendiendo como funcionario del Estado austriaco como inspector de aduanas. Durante sus cuatro décadas de vida su apellido sigue siendo el de su madre, Schicklgruber. Sin embargo, en este año 1876 se produce el cambio de apellido que acabará en los libros de Historia de todo el mundo.

Desconocemos si fue una iniciativa de Alois o de su padrastro / tío Johann Nepomuk Hiedler, pero en cualquier caso, acabó sustituyendo el apellido materno Schicklgruber por el de la rama paterna. Tampoco podemos asegurar el motivo último que le llevó a este reemplazo, pero posiblemente tenga un origen crematístico. Según sospechan los biógrafos de Hitler, Johann Nepomuk podría haber firmado una herencia en favor de Alois con la condición de que este adoptase su nombre.

Sea como fuere, el 6 de junio de 1876, se firma el documento de legalización ante un notario, y desde este momento, Alois sustituyó su apellido. Desde este primer momento Alois escogió la forma que ha pasado a la Historia “Hitler”, entre todas las variantes ortográficas del apellido que existían: Hiedler, Hietler, Hüttler o Hütler.

Adolf Hitler en 1938
Adolf Hitler en 1938

A finales del siglo XIX, eran bastante frecuentes estos “errores” o alteraciones en nombres o fechas de documentos oficiales y el propio Nepomuk fue bautizado como “Hiedler” y se casó como “Hüttler”.

Todas estas variantes significan algo así como “pequeño propietario rural”, unas formas que aparecen indistintamente en los documentos, y que fonéticamente en alemán son casi indiferenciables. Recapitulando, vemos cómo el apellido “Hitler” se estableció de manera oficial solo 12 años antes del nacimiento del futuro dictador.

Además de esta curiosa historia con el apellido, las relaciones matrimoniales de Alois también marcarán el destino de su hijo. Los padres de Adolf, Alois Hitler y Klara Pölzl se llevaban 23 años de diferencia, y Alois había estado casado previamente con otras dos mujeres, y con una de ellas había tenido cuatro hijos. El escándalo de carácter personal que más afectó al Adolf Hitler político estuvo relacionado con la muerte en extrañas circunstancias de su supuesta amante y medio sobrina, Geli. A finales de la década de 1920, Adolf había comenzado vivir con la joven que era hija de una de sus hermanastras y por tanto, nieta de su padre Alois. Y el 19 de septiembre de 1931,Geli se suicidó pegándose un tiro con la pistola de Adolf en el propio piso de este en la ciudad de Múnich. Este escándalo fue ampliamente utilizado por algunos de los rivales políticos para desprestigiar al líder del partido nacionalsocialista.

No sabemos hasta qué punto el cambio de apellido de Alois favoreció a la carrera política del Führer del Tercer Reich. El historiador, Ian Kershaw, comienza su biografía sobre el dictador diciendo que el primer golpe de suerte que tuvo Adolf Hitler fue el cambio de nombre de su padre. Y bromea sobre lo difícil que hubiera resultado el saludo: ¡Heil Schicklgruber!

Bibliografía:

Hitler, Ian Khersaw

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