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Historias de espionaje

Cuando Gran Bretaña usó niñas como espías

Ocurrió durante la I Guerra Mundial y eran responsables de llevar mensajes clasificados entre otras tareas

espionaje I Guerra Mundial
Stefan Bałuk

Hay quienes creen que todo comenzó en agosto de 1914, cuando Gran Bretaña entró en la I Guerra Mundial. En ese momento su agencia de servicios secretos, el MI5, se enfrentó a un enorme desafío. Los espías alemanes se habían infiltrado en el país en busca de información sobre el movimiento de tropas y los planes de batalla. Los ingleses se veían superados en número y acudieron a una fuente inesperada de ayuda: los Boy Scouts. Pero inmediatamente hubo problemas. Los jóvenes gritaban y alardeaban de su trabajo con familiares y amigos, lo que no solo les ponía en peligro a ellos, sino también a su misión y se jactaban ante sus amigos de su posición en el MI5.

Fue entonces cuando Robert Baden-Powell sugirió usar a las Guías Scouts (la contraparte femenina de los Boy Scouts), una organización que Robert Baden-Powell había concebido en 1909 junto a su hermana Agnes. Se trataba de jóvenes, entre 14 y 16 años que sabían cazar y pescar, algunas tenían habilidades médicas o sabían conducir. Y, al ver que los Boy Scouts fallaban, recurrieron a ellas pese a la reticencia inicial de los altos mandos. Inicialmente se contrataron a 90 jóvenes que  trabajaron para el servicio de seguridad MI5. Su función principal era la de mensajeros, se les pagaba 50 peniques por semana  (unos 35 euros actuales) distribuyendo información altamente clasificada. El MI5 confiaba tanto en los adolescentes que se les permitió transmitir algunos de estos mensajes verbalmente

El papel de las niñas se descubrió cuando la sección britanica de las Girls Scouts o guidismo (como se conoce al movimiento en español) y el MI5 revelaron la historia. De acuerdo con los archivos, las jóvenes trabajaban en Waterloo House y otras dos oficinas en el centro de Londres. Allí se explica no solo la edad que debían tener, entre 14 y 16 años, sino otras características como “buena reputación, rápida, alegre y dispuesta. Las guías serán contratadas por un período de prueba de tres meses y en su salario se incluirá cena y té. Aquellas que ayuden en la cocina recibirán una paga extra. El horario de trabajo será de 09:00 a 18:00 o de 10:00 a 19:00 en semanas alternas. Contarán con cincuenta minutos para la cena y 20 minutos para el té. Trabajarán domingos alternos y recibirán medio día libre cada semana. Se concede una semana de vacaciones en verano y vacaciones breves en Navidad y Semana Santa. Cuando una Guía se enferma, se debe enviar un certificado médico dentro de las 48 horas posteriores a la enfermedad. De lo contrario, se cancelan los pagos."

En la época más activa de la I Guerra Mundial, este departamento llegó a contar con 300.000 personas. Las Guías debían observar un estricto código de vestimenta que establecía que sus faldas azules no debían estar a más de veinte centímetros del suelo. Tenían que usar un cinturón y sombreros en todo momento. Cuando terminó la guerra, la delegación británica llevó a un grupo selecto de guías a Francia para las negociaciones del tratado de paz para que enviaran y recibieran mensajes de todas las partes involucradas. Después de la firma del tratado de paz, regresaron a su hogar. Y nunca hablaron del tema. O casi.

Dame Stella Rimington, la primera mujer directora general del MI5 (de hecho la primera en ser identificada oficialmente como tal) comenzó en el MI5 como guía. En el discurso del centenario de esta organización, realizado por Jonathan Evans, el 15 de octubre de 2009, se reconoció la tarea de las jóvenes. “Este año también es el centenario del movimiento  Guide Girls, lo que me recordó el hecho extraño de que durante la Primera Guerra Mundial el MI5 las empleó como mensajeras. Cada mes, los jefes de patrulla les asignaban una puntuación y la patrulla con más puntos lograba algo que atesoraban durante años: una foto con su equipo”.

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