¿Cómo se formó la cultura del proletariado en occidente?

El ensayo clásico Los usos del alfabetismo de Richard Hoggart presenta las bases de la cultura obrera británica y su transformación a manos de la cultura de masas.

¿Tiene el proletariado una cultura propia? ¿Cómo influyó el alfabetismo en el desarrollo de la cultura de los trabajadores? ¿De qué manera afectó el impulso de la cultura de masas al proletariado británico tras la posguerra?

Aunque el sociólogo y académico Richard Hoggart publicó Los usos del alfabetismo (Capitán Swing, 2022) en 1957, la obra sigue teniendo vigencia y planteando preguntas útiles para pensar nuestro presente. En ella, el autor estudia los cambios experimentados por la cultura obrera desde el período de entreguerras hasta la década de los 50 a la luz de las publicaciones de masa, como las revistas populares y las novelas de quiosco.

Libro fundamental en el desarrollo de los estudios culturales, se construye en parte como un estudio académico y en parte como una autobiografía. Hoggart, él mismo nacido y criado en una familia trabajadora, es, al mismo tiempo, el sujeto que analiza y el objeto analizado, lo que convierte este ensayo en un ejemplo de originalidad.

Sin recurrir a la conmiseración ni al paternalismo, Hoggart escribió su estudio desde la consciencia de su posición intermedia, como obrero que consiguió realizar una carrera universitaria y contra los clichés de la imagen del trabajador asalariado construidos por las clases medias y la intelectualidad de la época.

La definición de la clase obrera británica

Ciudad proletaria
Imagen: Pixabay.

¿A qué se refiere la expresión “clase trabajadora”? Aunque existen grandes diferencias dentro de esa enorme categoría aparentemente uniforme, podría definirse como una clase social nacida al calor de la industrialización y los trabajos en factorías. Está integrada por personas cuya actividad profesional se caracteriza por trabajos que requieren una especialización o educación formal limitada (trabajadores en fábricas y talleres, zapateros, tenderos y fontaneros, por ejemplo), y por los que reciben sueldos bajos.

En su tratamiento de la clase obrera Robert Hoggart, propone una definición basada, en parte, en el sentido de pertenencia, en aquellas cosas y actitudes que se rechazan o que se reconocen como propias. En la cultura obrera (entendiendo la cultura en un sentido amplio como un modo de ser y estar en el mundo), el epicentro lo ocupa la familia y el vecindario, donde se tejen relaciones.

Los referentes proceden de la realidad local, de la calle, el barrio y el mercado. El grupo tiende a resistirse al cambio y, por el contrario, empuja a sus miembros a que encajen en las estructuras de la comunidad.

La sala de estar se convierte en el espacio compartido por excelencia, en el que se concentra la vida familiar y ser comparten momentos con las personas cercanas y queridas. Los pilares básicos de la existencia se cimientan sobre eventos y experiencias como el nacimiento, el sexo, el matrimonio, los hijos y la muerte. Se construye una cierta conciencia de clase por oposición a los jefes, los dirigentes y los políticos, los que tienen poder y dinero. La burla y la sátira sirve para procesar esa desigualdad.

Uno de los criterios clave que Hoggart utiliza en su caracterización de la cultura obrera se base en el lenguaje y el dialecto. Las frases hechas y las muletillas funcionan como ejemplos de una idiosincrasia y una sabiduría compartida cuyo ideal de vida desemboca en el deseo último de formar una familia.

Se prefiere lo concreto frente a los discursos abstractos, conceptuales y teóricos. En la cocina, se aprecia lo rico y lo sabroso antes que lo saludable. El trabajo y la familia, además, concentran la mayor parte de los intereses de la clase obrera. Las madres se esfuerzan por hacer cuadrar las cuentas; los padres, por proveer el pan. Y, cuando se trata de encontrar solaz, los pequeños viajes, las salidas al campo o los partidos de fútbol proporcionan la necesaria dosis de distracción.

Los peligros de la sociedad de masas

Imprenta Daily Mail
La producción del periódico The Daily Mail en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Imagen: Wikicommons

Si en la primera parte del libro Hoggart expone con sencillez y sinceridad su percepción de la cultura obrera británica previa a la década de los 50, en la segunda parte aborda cómo las nuevas formas de cultura de masas amenazan con erosionarla.

El autor se pregunta cómo la cultura de masas, en las que los productos culturales son concebidos por unos pocos para ser usados y consumidas por muchos, ocupa vacíos o puntos débiles del grupo obrero y amenaza con debilitarlos, con proporcionarles valores equívocos o empujarlos a la pasividad. El hiato evidente entre riqueza y cultura desembocó en un clasismo que percibía a las clases trabajadoras como inferiores.

Richard Hoggart se cuestiona dónde quedan las bases de la clase obrera de la primera mitad del siglo XX ante los nuevos cambios sociales que se experimentan en la década de los 50, marcados por un ocio más urbano entre los y las jóvenes trabajadoras. El impacto de la cultura de masas que, desde Estados Unidos estaba llegando a Gran Bretaña en la década de los 50, ya había triunfado. Hoggart también pone sobre aviso del opinionismo, el reclamo a manifestar la propia opinión sobre todo y una tendencia a simplificar de manera excesiva eventos, fenómenos y procesos. En Los usos del alfabetismo, Hoggart estaba vaticinando nuestro presente.

Referencias

Hoggart, R. 2022. Los usos del alfabetismo. Traducción de Inga Pellisa. Barcelona: Capitán Swing.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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