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Historias de famosos

Cléo de Mérode: la primera influencer de la historia

Con ella comenzó a hablarse de celebrities e icono a nivel mundial

Cléo de Merode
Cléo de Mérode

A principios del siglo XX su imagen se imprimía por millones en postales, fotografías y hasta naipes y llegó a casi todos los rincones del mundo. Era conocida, admirada y deseada pero, ¿quién era Cléo de Mérode?

 

Sin duda la gran belleza de la Belle Époque, Cléo de Mérode nació en París en 1875. Su madre era la baronesa Vincentia Maria Cecilia Catharina de Mérode (la Casa de Merode es una de las más destacadas de la nobleza belga) y su padre el juez Theodor Christomannos, a quien no conoció hasta tener casi 20 años. Su vida de pequeña no solo fue acomodada sino también muy conectada: a la nobleza de su madre le sumaba las conexiones de su tío abuelo paterno, el historiador, dramaturgo y director de teatro Constantin Christomanos, quien también era lector de la emperatriz Isabel de Austria.

 

Cuando tenía ocho años, la madre la inscribió en clases de ballet. Cléo hizo su debut profesional como bailarina en la Ópera de París cuando tenía 11 años y cinco años más tarde ya llamaba la atención con su peinado característico, el moño, uno que se hizo tan popular

 

El peinado se hizo tan popular que casi inspiró una huelga de las operadoras telefónicos suecos cuando la dirección les ordenó que dejaran de llevar el pelo sobre las orejas como Cléo de Mérode, se negaron rotundamente a obedecer. De hecho este peinado disparó uno de los primeros rumores de su fama: se creía que con ello ocultaba una deformidad en las orejas y hasta la falta de una de ellas por un accidente, pero no hay fotos que muestren si esto era verdad. O mentira: jamás se han visto sus orejas en fotografías.

 

En los momentos en los que no estaba bailando, Cléo modeló para algunos de los mejores artistas de la época: Henri de Toulouse-Lautrec, Edgar Degas, Manuel Benedito, Giovanni Boldini, Carlos Vázquez Úbeda, los escultores Eugène-Denis Arrondelle y Mariano Benlliure o los fotógrafos Paul Nadar, Léopold-Émile Reutlinger, Henri Manuel y Otto Sarony.


Como era de esperar en alguien tan famoso, los rumores comenzaron a ser cada vez más serios. De sus pabellones auditivos pasaron a difundir que la joven Cléo, de apenas 20 años, tenía una aventura con el rey Leopoldo II de Bélgica, de 60 años. La relación fue bautizada por la prensa como Cléopold y el hecho de que el monarca fuera un mujeriego y al poco tiempo se vinculara con una joven francesa de 16 años,tampoco ayudó a los rumores, que se extendieron durante una década.

 

Pero esto fue solo el comienzo: la escultura La Danseuse (La Bailarina, hoy en exhibición en el Musée d'Orsay de París) que Alexandre Falguièr terminó en 1896, habría sido hecha con un molde del cuerpo de Cléo de Mérode, lo que hizo que todo el mundo quisiera ver la obra. Los críticos hablaron pésimo de la escultura. Y más gente fue a verla y más aumentó la leyenda de Cléo. Tanto que comenzó una gira por Europa y Estados Unidos, donde llegó a ganar 40 veces más que en la Ópera de París. Obviamente se la seguía criticando. ¿Cuál fue su respuesta?

 


En una entrevista publicada en The Sketch Cléo respondía a sus detractores: “Los periódicos dicen que yo soy un fracaso, pero mienten. Mis actuaciones agradaron enormemente a los estadounidenses. Los periódicos fingieron que bailaba mal, como si los estadounidenses lo supieran. No saben nada de baile y no les gusta el ballet”.

 


Con esta personalidad no es extraño que en el apogeo de su fama decidiera dar un giro a su carrera y presentarse en el Folies Bergère, un icono de la vida parisiense pero muy alejado de la ópera y los bailes “más clásicos”. Era una apuesta atrevida, pero también fue acertada y su éxito continuó hasta la Primera Guerra Mundial cuando Cléo ofreció numerosas actuaciones para los soldados heridos.Una de sus últimas apariciones públicas fue en 1950, cuando demandó a Simone de Beauvoir por describirla como una prostituta de origen campesino.

 

La última entrevista de De Mérode fue en 1964, para la revista Vogue. Nunca se casó ni tuvo hijos. En su autobiografía, escribe que solo estuvo involucrada con dos hombres en su vida: un aristócrata francés que murió de fiebre tifoidea en 1904 y el escultor español Luis de Périnat. Cléo de Mérode murió el 17 de octubre de 1966, fue enterrada en el cementerio de Parísy en su tumba hay una estatua realizada por su antiguo amante Luis de Périnat.

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