Cixí, la última gran emperatriz de China

La emperatriz viuda Cixí ejerció el poder efectivo en China desde el año 1861 hasta su muerte en 1908. Promovió la modernización y apertura del país.

Cixí
Imagen: Wikimedia Commons.

Cuando la joven Cixí o Tzishí, del clan manchú de los Yehonala, fue llamada a palacio en calidad de concubina, todos en su linaje se sintieron honrados y felices. La reina madre había pasado revista a más de 600 chicas y Cixí fue escogida como concubina de cuarta categoría para el harén del nuevo emperador Xianfeng.

La emperatriz oficial, Ci'an, no pudo darle a Xianfeng el heredero que necesitaba, algo que sí logró, en 1856, Cixí; gracias a su vástago imperial, ascendió del cuarto grado del concubinato al segundo. El emperador falleció en 1861, sucediéndole en el trono el hijo de la concubina, Tongzhi. Fue una muerte extraña y circularon numerosos rumores sobre una posible implicación de Cixí. El pequeño Tongzhi tenía solo cinco años cuando accedió al trono, por lo que la concubina se vio investida como madre del nuevo emperador. Cixí fue nombrada Sikung –Emperatriz del Oeste–, mientras que la esposa oficial del fallecido fue bautizada como T´seungan –Viuda de Dignidad–, además del apelativo Tungkung –Emperatriz del Este–. Ambas entablaron una alianza para deshacerse de la mesa de regentes elegida por Xianfeng y se erigieron en tutoras del nuevo niño-emperador, aunque Cixí era la que gobernaba en realidad.

Cixí arregló un matrimonio para su hijo con la princesa de Mongolia Ha-Lu-Te y delegó el poder en Tongzhi. Sin embargo, el joven emperador murió de viruelas muy pronto (1871), dejando otra vez el poder en manos de la antigua concubina. A la muerte de Tongzhi, su esposa estaba embarazada. Si ese niño hubiese nacido, la regente hubiera sido la princesa Ha-Lu-Te y no Cixí, pero como la viuda de su hijo se suicidó, ya no hubo posible heredero. Muchas voces hablaron de un envenenamiento, que se convirtió en doble supuesto asesinato cuando falleció la otra regente, Ci'an.

 

El poder para los sobrinos

Con estas dos muertes, todo el poder cayó en manos de la antigua concubina, ahora emperatriz del Este y del Oeste. Cixí hizo elegir como sucesor en el trono a un sobrino de cuatro años y ella se erigió de nuevo en regente. Tras la Primera Guerra Chino-Japonesa (1894-1895), la emperatriz se arrepintió de esta decisión y eligió como heredero a un sobrino suyo nacido en 1905: Puyi, que sería el futuro Xuantong, el último representante de las 22 dinastías de emperadores.

Cixí gobernó durante cuatro décadas desde la sombra, limitada por las tradiciones que reducían el poder y la influencia de las mujeres, así como por la presión de sus opositores, pero con una impresionante capacidad para hacer cumplir su voluntad desde detrás del telón. Fue ella quien, convencida de que China corría peligro de acabar dominada por las potencias occidentales o por Japón, promovió una modernización y apertura progresiva del país que permitió al gigante asiático vivir un crecimiento económico y un fortalecimiento. Cixí logró pacificar el territorio, reforzar la riqueza pública, crear una flota moderna y un ferrocarril y mantener relaciones políticas y comerciales más equitativas con los países europeos.

Cixí murió el 14 de noviembre de 1908, no sin antes haber envenenado al emperador Guangxu para allanar así el camino de su elegido Puyi. 

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