Ciudades fantasmas del lejano Oeste

La fiebre del oro hizo que muchas ciudades se levantaran rápidamente alrededor de minas. En cuanto la explotación se agotaba, quedaban abandonadas para siempre.

 

A partir del siglo XIX, desde la costa atlántica de Norteamérica, muchos iniciaron un viaje hacia el oeste en busca de oportunidades. Conocido como la Conquista del Oeste, fue un proceso histórico con personajes, ciudades y hechos tan pintorescos que no pasó desapercibido para el cine y las novelas, que contribuyeron a aumentar el mito y la leyenda. Pero la realidad es menos romántica, más dura y, sobre todo, práctica: lo que no funcionaba se dejaba atrás. Por ello tenemos pueblos que, a pesar de haber vivido una época de esplendor, hoy día solo circulan por ellos estepicursores (así se llaman las plantas que vemos rodar en los westerns).

Piratas de tierra

Jóvenes, en su mayoría semianalfabetos, se lanzaron a un mundo sin más ley que la costumbre de los indios nativos, en busca de dinero fácil y rápido. Si a esto le unimos las armas, tenemos los ingredientes perfectos para un puchero de corrupción, delito y arbitrariedad, características de la sociedad de frontera.

Hubo un elemento primordial para la expansión por el Oeste: la fiebre del oro. A medida que se descubrían yacimientos mineros, se fueron asentando colonos que construían pueblos. California, Colorado, Nevada o Montana fueron algunos de los territorios en los que las cifras demográficas aumentaron mucho en poco tiempo. Según la Ley de Emplazamiento de Ciudades de 1867, un grupo de 100 o más colonos podían fundar un municipio. Algunos de estos pueblos, con el tiempo, se convirtieron en grandes ciudades y prosperaron hasta nuestros días. Pero otros, en cambio, tuvieron menos fortuna y terminaron siendo totalmente abandonados.

Varios de estos pueblos fantasmas del Oeste siguen con sus construcciones en pie y reciben visitas turísticas para vivir la experiencia de viajar en el tiempo a una ciudad del salvaje Oeste. Estos pueblos abandonados tienen poco de historias idealizadas como las que se venden en los tours turísticos. Cuando se hacía difícil vivir en una ciudad, los colonos recogían sus pocas pertenencias y se marchaban en busca de nuevas oportunidades. No era cuestión de emprender, sino una huida para sobrevivir.

Ciudad del lejano Oeste
Todas eran ciudades de madera

Madera, suciedad, alcohol, enfermedades y riqueza... por poco tiempo

Las ciudades de entonces tenían un eje principal con el hotel, la tienda, la oficina del sheriff y el saloon. El herrero, el director del periódico y el cura eran otros de los oficios comunes en los asentamientos. Todas eran ciudades de madera, por lo que los incendios podían tener consecuencias drásticas. No había alcantarillado, las aguas fecales corrían por la calle junto con las heces de caballos y otras inmundicias. El sentido de sanidad pública distaba mucho del que tenemos en nuestras ciudades actuales. Cuando un poblado no contaba con médico alguno, las epidemias de cólera, tifus, difteria y otras enfermedades generaban importantes desgracias.

Pero, sobre todo, las ciudades fantasmas se dieron por el abandono voluntario de sus habitantes. Muchas localidades se levantaron rápidamente por el hallazgo de una veta. En cuanto la mina se agotaba y dejaba de ser rentable, la ciudad quedaba desértica.

Así ocurrió con Virginia City, en Nevada. Peter O’Riley y Pat McLaughlin encontraron oro y plata en los Lodos de Comstock. Fue en 1859 y el hallazgo atrajo a buscadores de oportunidades. En tan solo un año se reunieron en la zona 10 000 personas. Junto a la población creció la riqueza y, con la riqueza, los negocios en la ciudad: cantinas, burdeles, salones de juegos... Diecisiete años después de ser fundada, Virginia City contaba con 40 000 habitantes, bancos, 110 tabernas, lavanderías, 50 tiendas de ropa, 5 periódicos, una estación de ferrocarril, mansiones y el teatro Piper’s Opera House.

Se ha calculado que, en veinte años de explotación, los yacimientos de Comstock dieron entre 500 y 1000 millones de dólares en oro y plata. Otras ciudades mineras continuaron su historia cuando la mina se agotó, con una transición hacia ciudades industriales. Virginia City no. En cuanto la explotación minera finalizó, la ciudad se empezó a despoblar hasta quedar como pueblo fantasma.

Casos similares se dieron en Tombstone, Deadwood, Cheyenne y otras tantas ciudades mineras del Oeste, como Dunton Hot Springs, en Colorado. A este campamento minero abandonado llegaron en la década de 1990 unos inversores alemanes. Compraron y restauraron el pueblo fantasma y actualmente se pueden alquilar viviendas para pasar unos días exactamente como en el salvaje Oeste del siglo XIX.

Referencias:

Cozzens, P. 2018. La tierra llora. La amarga historia de las guerras indias por la conquista del Oeste. Desperta Ferro.

Doval, G. 2009. Breve historia del Salvaje Oeste. Pistoleros y forajidos. Nowtilus.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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