Caravanas, la aventura de los pioneros

La expansión territorial de EE UU se realizó gracias a los pioneros, que emigraban en caravanas a la búsqueda de mejores tierras donde instalarse.

Caravana al Oeste

Los pioneros se organizaban en caravanas, tanto por razones de eficiencia como para prestarse asistencia mutua y hacer frente a posibles peligros. Éstas podían ser de muy distintos tamaños. El primer grupo que realizó con éxito la Ruta de Oregón hasta el final fue el guiado por el misionero Marcus Whitman en 1843. Contó con nada menos que mil pioneros y ciento veinte carretas y recibió por ello el nombre de la Gran Emigración. Pero este fue un fenómeno único, y muchas caravanas se componían de una docena de carretas y menos de un centenar de personas.

Las expediciones contaban con sitios de aprovisionamiento en los distintos fuertes que había a lo largo del recorrido –Fort Laramie, Fort Bridger, Fort Hall y Fort Boise–, que en esta época, más que instalaciones militares propiamente dichas, eran lugares de intercambio comercial (el Ejército no se hizo cargo del famoso Fort Laramie hasta 1849).

Una de las tareas obligadas, antes de partir, era elegir autoridades para el viaje: el capitán, los guías, los ayudantes –incluso con rangos militares, como tenientes o sargentos–, ya que las decisiones importantes que habría que tomar eran muchas; entre las más básicas, dónde pasar la noche al final de cada jornada. También se pactaba el modo de impartir justicia. Las caravanas se internaban en territorios en los que no se sabía cuál era la ley aplicable o si había ley de algún tipo. En la mencionada expedición de Whitman, se eligió un jurado estable de nueve miembros en una votación en la que tomaron parte los varones mayores de dieciséis años.

Estos procedimientos eran fundamentales porque en el viaje se cometían delitos y había episodios de violencia. Los pioneros podían verse en la tesitura de tener que decidir si ahorcaban o no a alguien, por ejemplo. Es lo que sucede en la Expedición Donner cuando James Reed, uno de los líderes, mata de una puñalada al viajero John Snyder en el curso de una pelea absurda (al final, simplemente lo expulsan).

 Indios pacíficos

La emigración al Oeste era sin duda una aventura peligrosa, con una mortalidad de aproximadamente el 5%, aunque algunos autores extienden esta cifra hasta el 10%. No obstante, el principal riesgo no eran los indios, como temían los pioneros y figura en la imaginación popular. El 90% de los episodios de violencia en la época anterior a la Guerra Civil tuvo lugar al oeste de las Rocosas, lo que supone que el cruce de las Grandes Llanuras era en general tranquilo. Las grandes tribus del norte –sioux y cheyennes– dejaron a las caravanas relativamente en paz. La amenaza venía sobre todo de grupos menores y ahora desconocidos, como los banocks, cayuse y modocs, que se encontraban en el tramo final de la senda de Oregón.

Sí es verdad que los pioneros sufrían ocasionales robos, sobre todo de caballos, pero también se daban ejemplos de colaboración y comercio entre ambos grupos. El trueque era muy habitual; comida por agujas, tela, espejos o hilo de coser, por ejemplo. Muchos indios eran completamente pacíficos, prestaban ayuda en situaciones críticas, como el cruce de ríos, y lo que mostraban era sobre todo una gran curiosidad. En una carta escrita en 1864, Pamelia Dillin Fergus cuenta cómo una mujer se quitó la dentadura postiza delante de un pequeño grupo de indios y estos huyeron despavoridos y, a partir de ese momento, la consideraron una gran hechicera.

Más información sobre el tema en el artículo En busca de una vida mejor, escrito por Rodrigo Brunori. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a El salvaje Oeste.

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