Canibalismo en el sitio de Leningrado

Durante casi 900 días la ciudad de Leningrado fue sitiada por las tropas nazis provocando una terrible hambruna

Un informe del NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética, de diciembre de 1942 revelaba que hasta esa fecha se habían detenido a unas 2.000 personas en Leningrado por actos de canibalismo. La ciudad llevaba más de un año sitiada por las tropas nazis y aún tendría que aguantar otros 13 meses en los que el Ejército alemán rodeó la ciudad con la intención de matar de hambre a la histórica ciudad de San Petersburgo.

El 22 de junio de 1941, Hitler invadió la Unión Soviética en la que fue conocida como operación Barbarroja. En una extensión que abarca todo el ancho del continente, las tropas alemanas se repartieron para ocupar un frente de 1.800 kilómetros entre el Báltico del Mar Negro. La Wehrmacht destrozó las defensas fronterizas soviéticas y el Ejército Rojo perdió 3 ejércitos y 747.850 hombres durante las dos primeras semanas de la Operación, según explica el historiador David Glanz en su ya clásico ‘Operación Barbarroja’. El 9 de julio, los alemanes ya habían tomado ciudades como Riga, Minsk y se aproximaban a Tallín, Novgorod, Smolensk, Kiev y Odessa que acabaría cayendo antes de octubre.

A grandes rasgos el plan alemán seguía tres líneas de ataque, una al norte para tomar los territorios Bálticos que llegó Leningrado, pero que tenía planeado adentrarse hasta Arkángel. Uno central con el objetivo de llegar a la capital, Moscú, pasando por importantes ciudades como Minsk. Este Ejército central mantuvo durante las primeras semanas un ritmo medio de avance de más de 30 kilómetros por día, atravesando Bielorrusia en menos de tres semanas.

Ciudadanos de Leningrado recogiendo agua de pozos
Ciudadanos de Leningrado recogiendo agua de pozos

Sitio de Leningrado

La ferocidad alemana hizo que la Wehrmacht ya hubiera sitiado Leningrado el 8 de septiembre de 1941. Con todas las vías de acceso cerradas, Hitler sometió a la ciudad a la masacre por hambre. Esta prisión por hambre también fue posible por la inacción de la URSS, y a su líder Iósif Stalin que no previó y no ordenó una evacuación de la población civil. Con todo, varios cientos de miles de personas lograron escapar en tren de esta ratonera en la que permanecieron 2,5 millones.

Con la ciudad sitiada, Hitler no tardó en manifestar su posición sobre los pasos a seguir. La ciudad tenía que “desaparecer de la faz de la Tierra”, a través de un riguroso cerco que sería acompañado de ataques aéreos y de artillería. Desde un primer momento, se descartó ocupar la ciudad para evitar que las tropas alemanas se tuvieran que encargar del sustento de la población y el hambre fue utilizada como un arma más.

Los testimonios de los supervivientes y los pasajes de los diarios de las víctimas del cerco reflejan el horror más absoluto. El terrible frío del invierno de 1941-1942 se sumó a la falta de alimentos y los bombardeos alemanes.

Víktor Kirshin, uno de los supervivientes del sitio, relataba una terrible escena: “Lo vi con mis propios ojos. En nuestro patio yació una mujer varios días: le habían cortado los pechos. Y vi a un niño pequeño descuartizado”.

Pasados unos meses de asedio, a nadie le extrañaba encontrar cadáveres por las calles que no tardaban en ser ‘aprovechados’ para sobrevivir un día más. Como en cada episodio de hambruna generalizada cualquier ser vivo era una valiosa pieza. En una situación tan extrema nadie podía hacer ascos a ratas, gatos, palomas o cualquier tipo de hierba que sirviera para elaborar un trasunto de sopa.

Se registraron escenas de cadáveres caídos en la calle que habían sido destripados. La desesperación no entendía de presupuestos morales e hizo que mucha gente cruzara la barrera que separa la acción de ingerir partes de una persona fallecida al asesinato de una persona viva. El horror más absoluto se producía cuando esa persona era alguien de la misma familia, en Leningrad: The Epic Siege of World War II, 1941-1944, Anna Reid recoge dos casos de los archivos de la policía soviética dignos de película de terror: el de la madre que mató a su hija de 18 meses para alimentar a otros hijos, o el del fontanero que asesinó a su mujer para dar de comer al hijo y otros parientes. 

No obstante, los investigadores sostienen que como en otros episodios como el de la hambruna ucraniana, estos casos, aunque se extendieron, nunca se generalizaron. Este brutal cerco finalizó el 27 de enero de 1944 con el avance del Ejército Rojo. El sitio se había prolongado durante 872 días, y aunque en este tipo de episodios, las muertes son difíciles de calcular, las cifras de los historiadores oscilan entre 700.000 y el millón.

Bibliografía:

Reid, Anna. Leningrad: The Epic Siege of World War II, 1941-1944
Glantz, D. Operación Barbarroja

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