Brevísima historia del periodismo

Aunque asentó sus bases durante el siglo XIX, el periodismo tuvo distintos predecesores desde mucho antes.

Decía Kapuscinsky, uno de los mejores cronistas de la historia y testigo de los principales acontecimientos del siglo XX, que “para ser periodista hay que ser buena persona”. Y es que, aunque no viva su mejor momento, el periodismo y la libertad de expresión son dos de los elementos que más ligados han estado al desarrollo de las sociedades democráticas. Con sus pros y sus contras, porque el periodismo lo hacen seres humanos con defectos e intereses propios, el llamado cuarto poder ha ido evolucionando al mismo ritmo que lo hacía la sociedad entera.

¿Cuándo nació el periodismo?

Los estudiosos parecen no ponerse de acuerdo en este punto concreto. Si bien es cierto que el periodismo como profesión, con unas características muy similares a las que tiene hoy en día, nació en el siglo XIX, existen ejemplos mucho más antiguos que podrían interpretarse como antecesores o “versiones beta”.

 

Heródoto, importantísimo cronista de la Antigua Grecia y padre de la Historia como campo de estudio, es para muchos el primer periodista que existió. Su trabajo narrando los acontecimientos de su tiempo y razonando los motivos y consecuencias de los mismos podría asemejarse lo suficiente, salvando las distancias obvias, como para considerarlo una especie de reportero intrépido. Otros sitúan los primeros textos periodísticos en la llamada acta diurna: textos escritos en paredes blancas en los que Julio César mandaba relatar los grandes éxitos militares conseguidos en sus campañas por toda Europa.

En cualquiera de los dos casos, la información escrita solía limitarse a las clases poderosas que sabían leer y escribir y era complementada con la labor de los voceros, personas que pregonaban las noticias oralmente para que llegaran a una mayor parte de la población.

Durante la Edad Media

La caída del Imperio romano desestabilizó a toda Europa y trajo consigo un cambio de poder que beneficiaría al clero y a la nobleza, las dos clases privilegiadas durante la Edad Media. La creación cultural de la época se producía principalmente en los monasterios y es por eso que la Iglesia católica pudo imponer con facilidad su código moral y sus creencias en Europa. El pueblo llano, mayoritariamente analfabeto, recibía información de la actualidad y normas de conducta a través de los sermones clericales. Surge también la figura del juglar, heredada de los voceros del mundo antiguo y que fue llevando su función hacia el entretenimiento más que a la información.

Este clima cambiaría desde finales del siglo XV y principios del XVI. Las 95 tesis de Martín Lutero rompieron la hegemonía eclesiástica y comenzó a producirse una liberalización de la cultura que comenzaba a llegar a las clases bajas, aunque también dio origen a algunos de los primeros ejemplos de propaganda y manipulación en los textos escritos. La invención de la imprenta en 1440 abarató el coste de libros y textos escritos y la extensión de las ideas humanistas durante el Renacimiento italiano promovieron la entrada de la naciente burguesía a ese terreno que hasta entonces les había sido vetado.

 

En esta época empiezan a surgir las primeras publicaciones periódicas que tenían un fin informativo. En Venecia, centro de comercio de gran importancia, los gazzetanti eran documentos escritos hechos al momento en los que se recopilaba información económica de relevancia para los mercaderes como los productos que habían llegado o zarpado, el precio de estos, etc. Se llamaban así porque su precio era de una gazzetta, nombre de la moneda veneciana de la época.

La primera publicación impresa de la historia que empezaba a asemejarse a un periódico apareció en 1529 en Viena en forma de mercurio (nombre del dios mensajero romano que se daba a las hojas de noticias) y que pedía a la población ayuda para defender la ciudad de los turcos. El formato del mercurio sería el que más proliferaría en la época y desde mediados del siglo XVI los encontraríamos principalmente en el centro de Europa y en grandes ciudades como Londres o París.

El cuarto poder y la democratización de la cultura

Si bien es cierto que cada vez más sectores de la población tenían acceso a las publicaciones, el control de estas seguía concentrándose en la nobleza y las monarquías absolutistas. La prensa era mayoritariamente utilizada como un arma de propaganda para los grandes poderes, con manipulaciones descaradas y censuras muy comunes. Los pocos casos que empezaban a escapar de las garras del poder eran los que se centraban en temas culturales y económicos, por lo que fueron de los que más proliferaron. Las imprentas estaban controladas por la monarquía de turno y los contenidos eran celosamente vigilados.

Francia y Gran Bretaña son dos de los países en los que más se extiende la profesión periodística, normalmente practicada por escritores y personalidades de renombre. Los medios impresos de la época se convirtieron, gracias a los valores de la Ilustración, en un producto centrado en las élites intelectuales en los que se discutía sobre literatura, artes y filosofía y se dejaban de lado los aspectos políticos.

El panorama cambiaría con el estallido de la Revolución francesa (1789). De forma encubierta, las publicaciones habían empezado a introducir un lenguaje revolucionario que cuestionaba el poder establecido y este caló hondo en las revueltas burguesas del siglo XVIII. El cambio de paradigma abrió las puertas a una mayor libertad de prensa que seguiría viéndose limitada por gobiernos como el de Napoleón Bonaparte, pero que sería un primer paso hacia el periodismo real y libre.

 

El siglo XIX, el siglo del periodismo

Desde finales del siglo XVIII, y como ocurrió en muchos otros sectores, se produjo un proceso de industrialización en el periodismo que abarató todavía más el costo de las publicaciones y permitió que llegara a la cada vez más numerosa clase proletaria. Este nuevo elemento en el tablero de juego creó un tipo de publicaciones con un alto contenido político y que buscaban tanto formar a las clases bajas como movilizarlas para participar en la lucha de mejores condiciones laborales y mayores derechos.

Es a partir del siglo XIX cuando podemos empezar a hablar de periodismo y periódicos como tal, con características similares a lo que se puede encontrar hoy en día. El trabajo de periodista se profesionalizó y aparecieron, en un mundo cada vez más grande, las primeras agencias de noticias. En 1852 se constituye la agencia Havas en Francia, que comenzó a utilizar el telégrafo para mandar informaciones noticiosas a periódicos de todo el país.

También es en este siglo cuando los periódicos ganan en veracidad y comienzan a definirse las líneas y patrones que tendrían los distintos géneros periodísticos, aunque seguían estando fuertemente vinculados a la literatura.

Del sensacionalismo a la prensa digital

Aproximadamente desde 1870 y hasta casi el comienzo de la Primera Guerra Mundial, se vivió una cruenta guerra de medios que, aunque se centralizó en los Estados Unidos, llegaría a afectar al panorama mundial de la prensa. Se trata de la disputa entre Joseph Pulitzer y William Randoplh Hearst y sus dos concepciones de cómo debía ser el periodismo. Mientras el primero defendía historias que apelasen a las emociones (sensacionalismo), el otro pensaba que cualquier cosa valía con tal de que los periódicos se vendiesen (amarillismo). Los dos modelos acabarían calando en la profesión a su propia manera.

Después de esto, el siglo XX supondría un constante cambio para la profesión periodística. A ratos, principalmente en época de guerra y bajo gobiernos dictatoriales,  sería más que común encontrar textos partidistas y propagandísticos completamente alejados de la realidad y que no buscaban informar. Pero también se vivirían grandes momentos como el nacimiento del fotoperiodismo, las crónicas de Kapuscinsky o Hemingway, las entrevistas a personajes históricos de Oriana Fallaci o hitos tan importantes como el caso Watergate.

La aparición de medios como la radio y la televisión crearon nuevos formatos y soportes para transmitir las noticias, haciendo que las imágenes cada vez fueran más importantes y creando un género mestizo entre el informativo y el de entretenimiento: el infotainment. Algo parecido ocurrió a finales de los 90 y primeros años del 2000 con la llegada de Internet, que en un principio fue rechazado por los medios clásicos y acabó provocando una crisis del papel de la que muchas grandes cabeceras no salieron.

A pesar de los golpes recibidos y las malas prácticas a lo largo de la historia, el periodismo ha demostrado que puede seguir siendo ese vocero que contaba a la población qué pasaba o esos diarios que intentaban remover conciencias. A lo largo de los siglos, el periodismo se ha ido adaptando al contexto en el que le tocaba vivir para poder desempeñarse de la mejor manera posible. Ya sea en un tablón de madera, en una televisión o en un smartphone, el periodismo siempre está ahí.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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