Croacia en la II Guerra Mundial: bajo el yugo asesino de Pavelic

Durante la II Guerra Mundial, Croacia quedó en manos de los terroristas ustachas comandados por el asesino Ante Pavelic.

Pavelic y Mussolini

Desde el principio de la guerra, la división secular entre los pueblos balcánicos había situado a los croatas del lado nazi-fascista y a los serbios en el bando de los aliados. Dos días después de la adhesión al Eje, al regreso del príncipe Pablo tras firmar el tratado, los generales serbios mandados por Dusan Simovic lo derrocan y proclaman rey a Pedro II, que todavía no era mayor de edad. Aunque los golpistas manifiestan que seguirán en el Eje, Hitler no tarda ni dos semanas en bombardear Belgrado. Las tropas de la Wehrmacht invaden Yugoslavia, y el rey Pedro y sus generales se exilian a Inglaterra.

Como era de esperar, la artificial e inestable unión balcánica queda desmembrada. Incluso sus regiones son subdivididas y repartidas entre Italia, Hungría, Rumanía y Alemania. A las tensiones habituales entre ellas se añade ahora el escenario de la guerra y la presencia de numerosas fuerzas ocupantes, convirtiendo aquel eterno laberinto político en un verdadero infierno donde los rencores seculares reciben impulso y justificación, con el agravante de que ahora todo el mundo está armado.

Caen las caretas. Croacia queda en poder de los separatistas ustachas que detestan la idea de una Yugoslavia unida y llevan una década de terrorismo a sus espaldas, durante la que se han especializado en colocar bombas en los ferrocarriles con destino a Belgrado. Ahora, dueños absolutos del poder en su nuevo Estado independiente y respaldados por Hitler, se hacen con Bosnia-Herzegovina. Los ustachas mandados por el criminal Ante Pavelic eran católicos fanáticos y supremacistas raciales y, durante los años de la guerra, llevaron a cabo numerosas acciones de exterminio como consecuencia de su estricto nacionalismo exacerbado. Proscribieron el alfabeto cirílico y forzaron a la conversión al catolicismo a los serbios, mayoritariamente ortodoxos.

Un régimen de corte nazi

De los seis millones de habitantes que tenía Croacia, sólo la mitad eran croatas. Había dos millones de serbios y el resto eran musulmanes bosnios, judíos y gitanos. Pavelic empieza por promulgar una serie de leyes raciales cortadas por el patrón nazi contra los judíos y los gitanos, en las que pronto se incluyen otras leyes que afectan a la gran minoría serbia, para cuyos miembros se decreta el toque de queda y a los que, como a los judíos (que en su mayor parte eran sefardíes), se les obliga a exhibir un distintivo de color azul en la ropa. Se les prohíbe vivir en el centro de las ciudades y sus posesiones son confiscadas y entregadas a croatas. Los dirigentes ustachas actúan discrecionalmente, sin tapujos ni complejos. Las masacres se multiplican, y el propio ministro de Justicia declara abiertamente que no son sino el principio de un plan oficial encaminado al exterminio de judíos y serbios.

Respecto a estos últimos, el proyecto croata era eliminar a la mitad y obligar al resto a convertirse al catolicismo o a exiliarse en territorio serbio. Al efecto, los ustachas organizaron su propia red de campos de concentración, un total de 24, cuyos desdichados prisioneros padecieron monstruosidades aún mayores que los deportados a Alemania. El campo de Jasenovac (el Auschwitz croata) se llevó la palma en ese sentido, con un total de 360.000 muertos.

Más información sobre el tema en el artículo Yugoslavia: todos contra todos de Alberto Porlan. Aparece en el último MUY HISTORIA, dedicado a Las Resistencias en la II Guerra Mundial. Ciudadanos en armas contra los nazis.

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