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Biografía de Virginia Woolf, la escritora de los ojos tristes

Autora de ‘La señora Dalloway’ y ‘Una habitación propia’, Virginia Woolf fue una de las grandes renovadoras de la novela de comienzos del siglo XX

Virginia Woolf
Imagen: Getty Images

Todos conocemos esa imagen, la fotografía por la que todos la recordamos (y como no podía ser de otra forma, ilustra estas líneas). Camisa blanca, tal vez almidonada, cadenita al cuello y moño recatado, con algún mechón rebelde que ha escapado del rebaño. El cuello largo y delgado, de cisne anémico, da paso a una línea de la mandíbula fina  y un tanto picuda en su extremo. ¿La boca? Recta, seria, como en casi todas sus fotografías. Sus ojos son profundos pozos vacíos y su mirada está perdida, pero consigue atraer de todos cuantos la ven, como si te llamara entre susurros, temerosa de que la oigas. Es la inconfundible Virginia Woolf. La brillante Virginia Woolf. La desconsolada Virginia Woolf. La feminista Virginia Woolf. La rompedora Virginia Woolf.

Es Virginia Woolf, que se dice pronto.

La principal responsable femenina de la renovación de la novela moderna durante la primera mitad del siglo XX nació el 25 de enero de 1882 en Londres bajo el nombre de Adeleine Virginia Stephen. Pasó toda su infancia en una gran casa de Kensington, donde vivía con sus padres y sus hermanos (Vanessa, Thoby y Adrian) y hermanastros (George, Stella y Gerald por parte de madre y Laura por parte de padre). Ninguno de ellos fue nunca al colegio, pero recibieron una esmerada educación de la mano de su propio padre, Leslie Stephen, historiador y escritor. Virginia se sentía orgullosa de haber sido autodidacta y las constantes fiestas y tertulias literarias que su padre organizaba en casa la introdujeron en un ambiente intelectual y erudito que despertó su lado más creativo.

A pesar de lo estimulante que podía resultar este entorno, la infancia y juventud de Virginia estuvo marcada por la tragedia: su madre murió cuando ella tenía trece años y, dos años después, perdió a su hermana Stella; en 1905 falleció su padre y su hermano Thoby murió al año siguiente. La pérdida, tan de seguido, de algunas de las personas más queridas para Virginia hizo que la joven comenzara a padecer largas depresiones, intentara suicidarse y sufriera una crisis nerviosa que la llevó a ser ingresada en una institución psiquiátrica. En un texto autobiográfico, Woolf da a entender que dos de sus dos hermanastros, George y Gerald, abusaron sexualmente de ella.

 

Bloomsbury

Tras la muerte de Leslie Stephen, Virginia y sus hermanos vendieron la casa familiar y compraron otra en el barrio de Bloomsbury. Su nuevo hogar se convirtió, tal vez en un intento de continuar con el legado paterno, en el lugar de encuentro de escritores, artistas, filósofos e intelectuales de toda clase entre los que se encontraban T. S. Eliot, Ludwig Wittgenstein o la sufragista Emmeline Pankhurst. Este selecto grupo, que se hacía llamar el ‘Círculo de Bloomsbury’, defendía una línea de pensamiento humanista que rechazaba las encorsetadas ideas de la Inglaterra victoriana e influyó profundamente en las ideas sobre feminismo, igualdad, moral o ecología que Virginia Woolf desarrollaría con los años.

Uno de los episodios más destacables del Círculo de Bloomsbury, precisamente el que le hizo saltar a las portadas de los periódicos es el conocido como ‘Engaño de Dreadnought’. Dirigidos por el poeta Horace de Vere Cole, un grupo de miembros del Círculo de Bloomsbury (entre los que se encontraba una travestida Virginia Woolf) se hicieron pasar por un cortejo de príncipes abisinios que querían visitar el buque insignia de la Royal Navy, el HMS Dreadnought. La armada británica mordió el anzuelo y montó todo un espectáculo para recibir y agasajar a los supuestos miembros de la realeza etíope. Sería en las reuniones del Círculo de Bloomsbury donde Virginia conocería a Leonard Woolf, economista con el que se casó en 1912 y junto a quien fundó la editorial Hogarth Press en 1917.

Engaño de Dreadnought
Fotografía del Círculo de Bloomsbury disfrazado para el Engaño de Dreadnought. Virginia Woolf, sentada y con barba postiza, es la primera desde la izquierda. Imagen: Wikimedia Commons

 

Textos y escritos

Como autora, al igual que James Joyce o Franz Kafka, Virginia Woolf quiso romper con la continuidad de los estilos previos y rechazó los valores de la novela realista de finales del siglo XIX. La acción y la supeditación de espacio, tiempo y personajes a la trama quedaban atrás y se profundizaba en el mundo interior de los protagonistas, en sus sentimientos y pensamientos. Su estilo, uno de los más definitorios de lo que sería la novela modernista, tiene un claro elemento lírico y destaca por la ruptura parcial de la realidad pura y por el perfeccionamiento del monólogo interior, en el que intentaba expresar las ideas de los personajes tal y como iban apareciendo en su mente. Tal vez fuera este proceso el que hizo que el estado de ánimo y la personalidad de la propia Virginia se dejen ver en sus novelas y a través de sus personajes principales.

Su primer trabajo fue una pequeña obra de teatro de 1908 titulada Melymbrosia, que unos años más tarde convertiría en su primera novela, Fin de viaje. Tras esta, llegarían Noche y día y El cuarto de Jacob, dos novelas más convencionales que tuvieron una fría acogida tanto entre el público como entre la crítica. En 1925 llegó la que es su obra más conocida, en la que definió el que sería su estilo característico y que conquistó a los lectores haciéndole ganar renombre: La señora Dalloway. Durante la década siguiente publicaría Al faro, Orlando, Las olas y Los años, su última novela publicada en vida.

Además de su trabajo en el género narrativo, Virginia Woolf escribió críticas literarias, cuentos, dos biografías y varios ensayos en los que solía tratar el papel de la mujer y su condición dentro de la sociedad. El más conocido es Una habitación propia (1929), en el que iba un paso más allá y se centraba en la figura de la mujer escritora y su relación con el mundo literario.

Virginia Woolf
Imagen: Getty Images

 

Se fue con las aguas del Ouse

Virginia Woolf sufría fuertes depresiones, crisis nerviosas y dolores de cabeza desde los trece años. Había sufrido los abusos sexuales de sus dos hermanastros, había estado ingresada en instituciones psiquiátricas en varias ocasiones y había intentado suicidarse más de una vez. La tristeza y la idea de la muerte eran dos fantasmas que parecían acompañarla allá donde fuera. Hoy en día se cree que lo que padecía la escritora londinense era un trastorno bipolar, pero en aquel entonces no supieron proporcionarle la ayuda que necesitaba. Su familia y conocidos se burlaban de ella o la menospreciaban por sus depresiones y cambios de humor y los expertos que la trataron llegaron a aconsejarle que dejara de escribir, creyendo que la causante de sus males era su vena literaria.

El 28 de marzo de 1941 Virginia Woolf se puso su abrigo y salió de casa. No llevaba su bastón y en los bolsillos solo cargaba piedras. Aquel día, la escritora se arrojó a las aguas del río Ouse y se ahogó, siendo encontrados sus restos tres semanas después. Su último adiós llegó en forma de unas cartas que había dejado para su marido y su hermana Vanessa.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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