Día Mundial del Beso

Besos de la historia que nunca ocurrieron

Durante siglos ciertos besos icónicos han cambiado la literatura y el cine, pero… ¿y si en verdad nunca existieron?

Cada 13 de abril se celebra el Día Mundial del Beso. Y el motivo tiene mucho que ver con España.

En el año 2012 una pareja de tailandeses, Ekkachai Tiranarat y Laksana Tiranarat, batió el récord mundial del beso más largo: más de 50 horas ininterrumpidas de ósculo. Eso ocurrió un 13 de abril. Tres años atrás, en 2018, el Ayuntamiento de Teruel convocó a voluntarios para llevar a cabo el relevo de besos más largo de la historia: 1.015 personas se dieron la otra mejilla o mejor dicho, los labios propios para quebrar otro récord Guiness. El evento fue convocado por el Ayuntamiento de Teruel, un 13 de abril por el 800 aniversario de la historia de los trágicos amantes de la ciudad… Amantes que se convirtieron en leyenda por los besos que no fueron. 

Claro que hay otros besos, igual de influyentes en la historia, que tampoco han existido, aunque nos hayan querido convencer de ello. El primero de ellos, por ser el más simbólico, es el de la Princesa y el Sapo, un relato popularizado por los hermanos Grimm pero que cuenta con numerosas versiones.

De acuerdo con el catálogo elaborado por la Universidad de Pittsburgh, que contiene los relatos tradicionales y todas sus versiones conocidas, el relato original de La Princesa y el Sapo dista mucho de aquel mensaje que afirma que las nobles deben besar un batracio para que se convierta en príncipe.

La historia real, mucho más lógica por otro lado, habla de una princesa que tras ceder a numerosos caprichos de un sapo y a la coacción de su padre (el rey) se enfrenta al animal: “La princesa comenzó a llorar y le tenía miedo a la rana fría y ni siquiera se atrevió a tocarlo, y sin embargo, se suponía que debía dormir en su hermosa y limpia cama. El rey se enojó y dijo: "No debes despreciar a alguien que te ha ayudado en momentos de necesidad”.

La princesa lo levantó con dos dedos, lo llevó a su cuarto y lo dejó en un rincón. Mientras estaba acostada en la cama, el sapo se acercó arrastrándose hacia ella y le dijo: "Estoy cansado y quiero dormir tan bien como tú. Recógeme o se lo diré a tu padre”. Ese fue el límite y la princesa se enfadó y lo arrojó contra la pared con todas sus fuerzas. "¡Ahora tendrás tu paz, repugnante rana!” Pero cuando cayó, no era una rana, sino un príncipe con hermosos ojos amigables”. Obviamente es más sutil decir que el príncipe recuperó su forma gracias a un beso que contar que sufrió un guantazo, merecido por otra parte por querer colarse en la vida y en la cama de una mujer sin invitación.

El beso de Blancanieves

Pero hay otros besos “clásicos” que tampoco ocurrieron. Y uno de ellos es el de Blancanieves.

Cuenta la leyenda que el príncipe del bosque se acercó al ataúd de la joven y mientras los 7 enanitos lloraban por su muerte, el noble la besó y mágicamente despertó. Pues tampoco hubo beso en este caso, si buscamos en el relato original. “Sucedió que un príncipe entró en estos bosques y pasó a la casa de los enanos, donde buscó refugio para pasar la noche – señala el catálogo de la Universidad de Pittsburgh –. Vio el ataúd en la montaña con la hermosa Blancanieves en él.

Luego les dijo a los enanos: "Déjenme el ataúd. Les daré lo que quieran por él”. Pero los enanos respondieron: "No lo venderemos por todo el oro del mundo”. El príncipe dijo entonces que no popdía vivir sin poder ver a Blancanieves. “La honraré y la respetaré como a mi más querida”.

Mientras hablaba así, los buenos enanos se compadecieron de él y le entregaron el ataúd. El príncipe hizo que sus sirvientes se lo llevaran a hombros. Pero entonces sucedió que uno de ellos tropezó, el ataúd se cayó y el golpe hizo que Blancanieves escupiera el trozo de manzana envenenada que había mordido. Poco después abrió los ojos, levantó la tapa de su ataúd, se sentó y volvió a estar viva”. Y final. Ni beso, ni ósculo ni labios en vinagre. 

El beso de La Bella Durmiente

¿Queda otro beso mitológico? Queda otro: el de La Bella Durmiente, otro clásico de labios mágicos que despiertan…pero que tampoco existió si nos basamos en los expertos. De acuerdo con una de las primeras versiones de este relato "las hadas acudieron a la celebración, y cuando estaba terminando le hicieron obsequios a la niña: una le prometió virtud, otra belleza, y así sucesivamente, cada una ofreciendo algo deseable y magnífico. La undécima hada acababa de presentar su regalo cuando entró la decimotercera hada. Estaba muy enfadada porque no la habían invitado y gritó: “¿Por qué no me invitasteis? Os digo que a los quince años, vuestra hija se pinchará con un huso y caerá muerta”.

Los padres estaban horrorizados, pero la duodécima hada, que aún no había ofrecido su deseo, dijo: "No será su muerte. Sólo caerá en un sueño de cien años”. Y tal y como predijo el hada, a los 100 años, la Bella Durmiente se despertó… sin necesidad de un beso. 

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