Batalla de Sedán: el fin de Napoleón III, último rey francés

Se libró entre el 1 y el 2 de septiembre de 1870, durante la guerra franco-prusiana. El emperador de Francia fue capturado y eso decidiría su inmediata caída.

Carlos Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), sobrino del mítico Napoleón, ostenta dos curiosas marcas históricas: ser el único presidente que tuvo la efímera Segunda República Francesa (1848-1852) y, posteriormente, el último monarca y emperador de Francia con el nombre de Napoleón III (1852-1870). Su caída y, en consecuencia, la del sistema monárquico –restablecido tras las veleidades revolucionarias de 1789 y 1848–, fue consecuencia directa del desastre de Sedán, que llevó a la opinión pública y los políticos galos a la convicción de que el republicanismo era la única opción viable para Francia. Pero esta famosa batalla, que tuvo como marco la guerra franco-prusiana (1870-1871) por la posesión de las regiones limítrofes entre ambas naciones, tendría además otras consecuencias.

En los días previos al choque de Sedán, el Ejército francés de Châlons, cuyos efectivos ascendían a 120.000 soldados liderados por el mariscal MacMahon –al que inusitadamente acompañaba el emperador Napoleón III en persona–, intentó liberar Metz del asedio de los prusianos, pero fue interceptado por el Ejército del Mosa comandado por Von Moltke y derrotado en la batalla de Beaumont. Fue el antecedente inmediato del arrinconamiento de los franceses en Sedán (Las Ardenas), en una maniobra envolvente a gran escala. Napoleón III, temiendo verse atrapado, ordenó al general Auguste Ducrot que tomase el mando –MacMahon había sido herido– y rompiese el cerco a toda costa. Hay que decir que, en el lado alemán, también se hallaban presentes en Sedán las máximas autoridades del Estado: el canciller Otto von Bismarck y el rey de Prusia, Guillermo I.

El 1 de septiembre de 1870 se desató la batalla: el general De Wimpffen, comandante del V Cuerpo Francés de reserva, esperaba poder lanzar un ataque combinado de infantería y caballería sobre el XI Cuerpo Prusiano. Sin embargo, hacia las 11:00 la artillería prusiana martilleaba las posiciones francesas mientras llegaban nuevos refuerzos germanos. Tras un intenso bombardeo, cargas prusianas desde el este y noroeste y ataques bávaros desde el suroeste, los franceses capitularon. En un último intento por salir del cerco, la caballería comandada por el general Marguerite lanzó tres ataques desesperados en la cercana aldea de Floing; estas cargas no tuvieron más fruto que importantes pérdidas para los franceses. Al final de la jornada, ya sin esperanzas de romper el asedio, Napoleón III ordenó un alto el fuego: 17.000 franceses habían muerto o caído heridos y otros 21.000 habían sido capturados. Las pérdidas prusianas eran mucho menores: 2.320 muertos, 5.980 heridos y 700 capturados o desaparecidos. Al día siguiente, el 2 de septiembre, el emperador francés ordenó izar bandera blanca y se rindió con todo su ejército al rey prusiano.

Fue una enorme victoria para los prusianos, ya que no solo habían capturado a todo el ejército francés, sino también a su emperador. Dos días después de que estas noticias llegaran a París, el Segundo Imperio Francés fue derrocado en una revolución pacífica que llevó a la creación de una Junta de Defensa Nacional y al nacimiento de la Tercera República Francesa. La derrota de los franceses en Sedán y la captura de Napoleón III, además, decidieron el resultado final de la guerra a favor de Prusia. Tras la caída del Segundo Imperio, Napoleón III fue liberado de la custodia prusiana para exiliarse en Gran Bretaña, mientras el Ejército del Mosa y el Tercer Ejército Prusiano avanzaban para conquistar París. Allí, en el Palacio de Versalles, Guillermo I fue proclamado káiser del nuevo Imperio alemán.

Nacho Otero

Nacho Otero

Soy escritor desde siempre, y redactor y corrector en Muy Historia y otras publicaciones de G+J desde hace casi treinta años. Puedes contactar conmigo a través del correo iotero@zinetmedia.es

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