Australia y la fundación de Sídney por presos

Sídney fue la primera colonia europea de Australia. En la flota enviada desde Reino Unido, la mitad de los colonos eran presidiarios.

 

La bahía a la que se asoma el famoso edificio de la Ópera de Sídney no fue siempre un ejemplo de prosperidad y ambiente idílico. Cuando los europeos llegaron por primera vez a este territorio, la misión de fundar una colonia inglesa estuvo a punto de fracasar. La llegada de la civilización a Australia supuso una epopeya llena de supervivencia, peligros y colonos con una característica peculiar: eran presos que le sobraban a Reino Unido.

De la cárcel a la otra punta del mundo

En mayo de 1787 partió la llamada “Primera flota” desde el puerto inglés de Portsmouth. El rumbo marcado era Nueva Gales del Sur, por entonces el este de Australia y Nueva Zelanda. La tripulación estaba formada por marineros, funcionarios civiles, infantes de marina, colonos libres y seis de los once barcos que formaban el convoy tenían por pasajeros a presidiarios. Las bodegas iban cargadas de herramientas, animales, semillas y demás productos necesarios para montar una ciudad nueva según los cánones ingleses de la época. Por delante, un viaje largo y un futuro que requería de mucho esfuerzo.

A finales del siglo XVIII se empezó a desarrollar la revolución industrial en las ciudades de Reino Unido. Los beneficios que trajo consigo este proceso fueron directamente proporcional al crecimiento de pobres apiñados en las grandes ciudades. La criminalidad no hizo más que aumentar por estas fechas, a lo que las autoridades respondieron con una dura represión y un riguroso sistema de justicia. Robar una manzana podía llevarte a la cárcel. Este contexto de necesidad y represión derivó en otro problema: la saturación de las cárceles.

Una de las soluciones impuestas por el gobierno británico era enviar a grupos de condenados a colonizar territorios en nombre de Reino Unido. El negocio era muy rentable a ojos de las autoridades de aquellos tiempos: si salía bien la operación, ganaban un puesto más desde el que comerciar y mantener un control militar; si el propósito fracasaba, se habrían quitado de en medio a un puñado de criminales lejos de los ojos y voces críticas de Inglaterra.

El procedimiento ya se había empleado con bastante éxito en Norteamérica, pero la revolución norteamericana de 1775 y la posterior declaración de independencia de las Trece Colonias imposibilitaron el transporte de más colonos presidiarios al continente americano. Fue entonces cuando Australia se presentó como una alternativa interesante.

El ilustre James Cook, había explorado la costa oriental de Australia y el archipiélago de Nueva Zelanda en 1770. Bautizó aquellos territorios como Nueva Gales del Sur. Joseph Banks, el biólogo que acompañaba a Cook y, a la postre, presidente de la Royal Society, había informado a las autoridades acerca un puerto natural ideal para iniciar la empresa colonizadora. Hacia este enclave, llamado Botany Bay, se dirigían las embarcaciones de la Primera Flota bajo el mando de Arthur Phillip, jefe de la expedición y futuro primer gobernador de la colonia a fundar. El pobre Arthur no sabía lo que le esperaba.

La fundación de Australia por el Capitán  Arthur Phillip R.N. Sydney Cove, 26 de enero de 1788. Algernon Talmage
La fundación de Australia por el Capitán Arthur Phillip R.N. Sydney Cove, 26 de enero de 1788. Algernon Talmage

El plan hace aguas

El viaje desde Portsmouth a Botany Bay duró ocho meses. La flota llegó a la costa oriental de Australia en enero de 1788 tras haber hecho frente a un intento de motín incluso. De entrada, Botany Bay no era el puerto ideal que describían los informes. Apenas tenía calada suficiente para atracar barcos de tamaño medio, el agua potable escaseaba y la tierra carecía de la fertilidad que sir Banks había pronosticado. Así que Arthur Phillip mandó a la flota navegar hacia el norte hasta encontrar una zona más propicia para llevar a cabo su misión.

No tuvieron que navegar mucho más para encontrar la bahía que bautizaron como Port Jackson. El 26 de enero de 1788 Phillip y su compañía fundaron la primera colonia europea en suelo australiano, izando la bandera de Reino Unido cerca de donde hoy se levanta la Ópera de Sídney, el nombre que sustituiría a Port Jackson, en honor al Secretario de Estado del Ministerio del Interior que había impulsado la colonización, Thomas Townshend, Lord Sydney. Según el propio Arthur Phillip:

“Tuvimos la satisfacción de encontrar el mejor puerto del mundo, en el que mil navíos de línea pueden navegar con la más perfecta seguridad”.

Era el momento de comenzar los trabajos para levantar una colonia de nueva planta. ¿Qué manos serían las encargadas de realizar este esfuerzo? Efectivamente: holgazanes, ladronzuelos y puede que algún que otro asesino. Si había un término para definir el carácter general de la colonia era “indisciplina”. El flamante gobernador había visto morir a cientos de hombres durante el viaje en barco. Ocho meses de travesía en las embarcaciones de la época no eran precisamente un paseíto para presos en malas condiciones, con poca comida y aún menos espacio. Entre fallecidos, enfermos y malnutridos, más que una cuadrilla de trabajadores, Phillip lo que necesitaba era un hospital. Las semillas habían llegado en mal estado y, junto a un clima desconocido y la falta de agricultores cualificados, las primeras cosechas fueron un fracaso.

Los escasos recursos fueron un quebradero de cabeza para Phillip, pues los hombres libres se negaban a compartir con los convictos en igualdad de condiciones, una medida que Phillip debía implementar para que la colonia saliera adelante. El hambre y la incapacidad de ser productivos dejaron una situación drástica por la que el gobernador reclamó a la metrópoli suministros urgentes.

La solución del gobierno británico no varió mucho. Le seguían sobrando presos, por lo que se dedicó a enviar flotas con víveres y convictos hasta que la cantidad se impusiera sobre la escasa calidad de los colonos. Numerosos hombres, ancianos, mujeres y niños a partir de nueve años pasaron ocho penosos meses de viaje en barco hasta Port Jackson. Los brazos más fuertes fueron empleados en construir caminos, puentes, edificios y en las tareas agrícolas y ganaderas que permitieran la subsistencia del enclave. Poco a poco, la colonia ganó impulso hasta desarrollar sus propias rutas comerciales y logró prosperar hasta convertirse en la ciudad que conocemos hoy.

Referencias:

Bolinaga, Í. 2014. Australia, la nación fundada por presidiarios. Historia National Geographic 129, 14-17.

Hugues, R. 2002. La costa fatídica. La epopeya de la fundación de Australia. Galaxia de Gutenberg.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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