Así utilizaban perros para el contrabando en Gibraltar

A finales del siglo XIX, los contrabandistas cargaban con tabaco a perros que corrían o nadaban desde Gibraltar hacia La Línea.

 

“Los traen por la mañana y los tienen sin comer. Reunidos en el North Front,ya enjalmados con 20 o 30 libras de tabaco,
corren hacia La Línea en busca de sus perreras donde los liberan de la carga y son bien alimentados”.

Un informe de la Administración británica hacía ver el modus operandi que tenían los contrabandistas y el uso de perros para pasar tabaco desde Gibraltar al vecino pueblo español de La Línea de la Concepción, una actividad ilegal que preocupó sobremanera a las autoridades y tuvieron que idear mecanismos para detenerla.

Desgraciadamente, este punto del sur de España sufre las consecuencias del comercio ilegal desde hace mucho tiempo. Pero a finales del siglo XIX y principios del XX, el contrabando entre Gibraltar y los pueblos de alrededor tuvieron unos protagonistas peculiares: perros. La prensa de la época se hacía eco de los sucesos y noticias que rodeaban esta actividad ilícita que maltrataba a unos pobres animales. Educados a base de palos y hambre, entre 5000 y 6000 perros al año perdían la vida ahogados o tiroteados por los vigilantes durante sus trayectos cargados de tabaco hacia Algeciras y La Línea.

Perros robados

El primer paso para el contrabando con perros era, como no, tener perros. Lo llamados perreros se dedicaban a merodear por los pueblos y provincias de alrededores, echando el lazo a todo canino al que podía. Se jugaban bocados de los animales y garrotazos de los dueños, pero no regresaban a La Línea hasta llevar unos 50 ejemplares. Esperan la llegada de la noche y luego introducen los perros por distintas calles y en distintas partidas para no levantar sospechas. La revista “El Progreso Agrícola” publico el miércoles 8 de marzo de 1899:

“Hace cosa de año y medio comenzó a notarse en Jerez que desaparecían muchos perros y con preferencia los mastines o de gran tamaño. De algunos ranchos y cortijos faltaron perros y por averiguaciones que algunos dueños de éstos hicieron pudo saberse que los canes eran robados para llevarlos al Campo de Gibraltar, donde los dedicaban al contrabando de tabaco. Entre los perros robados lo fue uno de un rancho de Berlanga, hermoso animal de gran corpulencia cuya desaparición sintió mucho el amo; el martes último después de diez y nueve meses de ausencia, se presentó el perro en el rancho haciendo muchos festejos a su amo, que lo recibió con la consiguiente alegría y con no poca sorpresa porque el perro traía perfectamente acondicionada sobre el lomo una especie de albarda que contenía nada menos que 16 libras de tabaco, inútil es decir que el dueño del perro celebró la vuelta del animal y se alegró también de poder fumar gratis durante algunos meses”.

 

Amaestrando perros

El 1 de septiembre de 1896 el contrabando de tabaco con perros era un problema patente en Gibraltar, pues el gobernados Sir Robert Biddulph publicó la Ordenanza sobre el Tabaco, en la que advertía:

“No se permitirá la entrada y salida de Gibraltar, por tierra o por mar, de perros utilizados o que se
sospeche puedan ser utilizados para el contrabando, y cualquier persona que introduzca o
traslade o atente introducir o trasladar tales perros habrá de enfrentarse a los establecido en esta Ordenanza”.

Los contrabandistas hicieron una labor tan execrable como sublime para sus propios intereses que hace inevitable pensar en las posibilidades que, de haber dedicado tanto esfuerzo y genialidad a negocios legales, cuántos habrían prosperado hasta niveles admirables. La crueldad y maltrato empleado contra los perros hicieron de estos animales auténticos especialistas del contrabando.

La primera lección de los perros era aprender el camino a casa. Fácil: era el único punto donde recibían algo de comida. Una vez el perro tenía claro este punto, los soltaban en la playa y distintos lugares, donde la emprendían a palos con el animal, que no tardaba en huir hacia su hogar.

Superado el primer nivel, los educadores debían hacer que los perros tuvieran miedo a los carabineros y tabacaleros, guardias encargados de evitar el contrabando, pertrechados con rifles y largos garfios para detener a toda costa a los perros. Los amaestradores se vestían con los uniformes de estos cuerpos de vigilancia y, situados en el camino que los perros debían seguir hasta su casa, les pegaban palizas hasta que los animales vieran uno de esos uniformes y huyeran despavoridos.

Los perros se llevan en partidas numerosas hasta Gibraltar. Allí son equipados con enjalmas que se cargan con entre 3 a 30 libras (desde 1,5 kilos a 13) de tabaco, dependiendo el tamaño y fuerza del perro. Una vez llegada la noche, se sueltan los perros para que corran a toda prisa hacia la casa donde los contrabandistas los reciben con el cargamento.

Por tierra o por mar

Los guardias tenían tantas dificultades para impedir el contrabando, que las autoridades mandaron construir un vallado de alambre a lo largo del istmo que une Gibraltar con España para que los perros no pudieran escapar. Una vez que por tierra no fue posible, los contrabandistas realizaron sus operaciones por mar. Llevan a los perros en barcas hasta Gibraltar, allí eran cargados y, llegada la noche, navegaban acercarse a la orilla de La Línea. Allí soltaban en el agua a los perros, que nadaban hasta tierra, donde emprendían su viaje de vuelta. Esta situación añadió otro examen a la educación canina: tiraban al agua los perros y aquellos que no nadaban haciendo demasiado ruido, eran descartados.

“El Anunciador. Diario independiente”, publicó el 13 de marzo de 1891 en su primera página:

“Escuché varios disparos, próximo a la fonda donde me hospedaba en La Línea. Al levantarme pregunté por las causas de aquel tiroteo. Me contestaron que eran agentes de Tabacalera, los blanquillos, que disparaban a los perros y no perros que sospechaban pudieran llevar tabaco. Lo mismo se repitió en las noches siguientes”.  

Referencias:

Ballesta Gómez, J. M. 2021. Utilización de perros en el contrabando desde Gibraltar. El Cultural de La Línea 11, 41-42.

Ramos, D. y Traverso, L. J. 2021. Los perros contrabandistas en la Aduana con Gibraltar. europasur.es

 

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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