Así fue la primera exploración del Amazonas: 7500 kilómetros de odisea

Francisco de Orellana y sus hombres se enfrentaron a una selva de calor, humedad, mosquitos y tribus indígenas hostiles.

 

A mediados del siglo XVI, tuvo lugar el mayor descubrimiento continental hasta la fecha. Francisco de Orellana se internó en la selva del Amazonas. Desde Quito, en la costa del Pacífico, realizó una travesía de proporciones épicas hasta el Atlántico, al que salió por la desembocadura del río más largo y caudaloso del mundo. Un puñado de hombres vivieron ocho meses de aventuras, supervivencia, sueños y penalidades.

Una época de exploradores

Francisco de Orellana nació en 1511 en Trujillo, un pueblo en tierras extremeñas, cuna de los hermanos Francisco y Gonzalo Pizarro, grandes conquistadores y exploradores del pasado imperial español. Aún no había cumplido los 16 años cuando Orellana dejó a sus espaldas el puerto de Sanlúcar de Barrameda y navegó hacia América, siguiendo la estela de sus paisanos. Con los Pizarro se unió en el Perú y Orellana demostró valor y un carácter rudo en batalla. Perdió un ojo en los enfrentamientos, pero le bastó el otro para fijar la vista en las riquezas que saqueaba a los pueblos indígenas durante la conquista del imperio inca. Tomó parte del bando Pizarro en las guerras civiles contra Diego de Almagro por el control del virreinato del Perú. Pero aún estaba por venir la hazaña por la que Orellana sería recordado para siempre.

Gonzalo Pizarro, el hermano menor del conquistador, fue nombrado gobernador de Quito con la misión de liderar una expedición hacia el este de los Andes. El objetivo era cruzar la enorme extensión de selva en busca de El Dorado o el País de la Canela. Ya fuera el metal o la especia, ambos productos eran muy preciados en la época y soñaban con estos lugares míticos para lograr el verdadero objetivo: hacerse inmensamente ricos de un día para otro.

De la ilusión al drama en unos pocos kilómetros

Francisco de Orellana no quiso perderse la expedición y puso de su bolsillo 40 000 pesos de oro para pertrechar su propia hueste. Según el cronista Antonio de Herreras y Tordesillas, Pizarro partió en 1541 desde Quito con un ejército de 200 españoles, 4000 indios, un centenar de caballos, muchos perros y una despensa de hasta 4000 cerdos vivos. Las cifras generan dudas razonables, sobre todo por la crónica contradictoria del dominico fray Gaspar de Carvajal, componente de la expedición encargado de registrar cuanto sucediera y de que aquellos hombres no se olvidaran de Dios. Lo tuvo francamente difícil.

Orellana y su hueste se unieron al grupo de Pizarro unos meses más tarde. El encuentro tuvo lugar a finales de 1541 y cuál sería la decepción de Orellana al comprobar que el grueso de la expedición eran hombres harapientos y al borde de la muerte por inanición. Pizarro y los suyos se habían comido los perros y los caballos. Por ello dudamos de la caravana porcina que mencionó Herreras y Tordesillas. Pizarro y Orellana se habían encontrado en el río Coca. Apenas habían avanzado unos pocos kilómetros. Tenían toda la selva amazónica por delante.

Foto del río Amazonas
Río Amazonas


¿Héroe o traidor?

Pizarro había mandado construir una balsa, que llamaron (un poco presuntuosos) bergantín San Pedro. Ordenó a Orellana que navegara río abajo junto a unos 60 hombres en busca de comida. Orellana debía regresar en un plazo de quince días y en ningún caso rebasar la siguiente confluencia del Coca. El extremeño no solo no pudo conseguir provisiones para todo un ejército, sino que las fuertes corrientes le imposibilitaron regresar al campamento de Pizarro. Fue acusado de traición por este suceso.

Aupado como nuevo jefe de la expedición por sus propios hombres, Francisco de Orellana se entrevistó con el cacique de Aparia, una región indígena. De la conversación extrajo una visión medianamente clara del inmenso viaje que pretendían realizar. Claro que no podían saber que se enfrentaban a una cuenca de siete millones de kilómetros cuadrados y a un caudal medio de 157 000 metros cúbicos por segundo (el del Ebro es de 500, por ejemplo), pero sí supo que la empresa no era precisamente un paseo. Desde un punto de vista actual, cuesta entender si fue arrojo, las ganas de perseguir un sueño o que simplemente estaba loco, pero Orellana decidió continuar la expedición.

Mujeres guerreras

El paisaje que se atrevieron a recorrer era tan bello como cruel y superó cualquier expectativa de supervivencia. Orellana y sus hombres se toparon con infinidad de tribus indígenas. Algunas les dieron alimentos y otras flechazos. Se hicieron pasar por dioses para conseguir comida por las buenas, y prendieron fuego a aldeas enteras cuando lo hicieron por las malas. Fueron nombrando todo aquello que iban descubriendo. Como el río Negro, por sus oscuras aguas, o la Tierra de las Picotas, cuando pasaron por un lugar lleno de cabezas clavadas en estacas.

Pero uno de los eventos que más sorprendió a los españoles fue la presencia de mujeres guerreras. Carvajal afirma en su crónica que una vez entraron en combate con los indios y encontraron belicosas amazonas que:

“Andaban delante de todos ellos como capitanas […] Estas mujeres son muy membrudas y andan en cueros haciendo tanta guerra como diez indios”.

Estos acontecimientos suelen tomarse por leyendas. Es recurrente en distintas mitologías la idea de una sociedad integrada únicamente por mujeres. Algo tan habitual como los adornos aventureros en las crónicas de las grandes expediciones.

El 6 de agosto de 1542, Orellana y los demás hombres que quedaban con vida llegaron a la desembocadura del río y salieron al océano Atlántico. Habían recorrido unos 7 500 kilómetros durante ocho meses. Ni rastro de oro o canela. Sin embargo, fue otra leyenda la que terminó por dar nombre a toda aquella selva y sus más de mil ríos: Amazonas.

Referencias:

Cuesta Domingo, M. 1993. La Amazonia. Primeras expediciones. Turner.

Pancorbo, L. 2014. Amazonas. La odisea de Orellana a través del gran río. Historia National Geographic 129, 56-67.

Van den Brule, A. 2013. Francisco de Orellana, el héroe que falleció a manos de los indios. elconfindencial.com.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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