Así fue el descubrimiento de la cueva de Altamira

Una niña de ocho años encontró los famosos bisontes de Altamira.

 

Los bisontes pintados en la cueva de Altamira fueron el primer hallazgo de arte rupestre del Paleolítico superior en el mundo. Su descubrimiento, la calidad pictórica y el excelente estado de conservación fueron tan impresionantes que pasaron 25 años en los que el mundo académico negó la autenticidad de las pinturas.

Corría el año 1868 cuando Modesto Cubillas, un tejero asturiano, disfrutaba de una jornada de cacería. Su perro perseguía a una presa y cayó entre unas rocas. Modesto fue a socorrer al animal y resultó que se había quedado atrapado en la entrada a una cueva. A su regreso, Modesto contó la anécdota entre sus vecinos, pero nadie le dio mayor importancia al hallazgo, puesto que el terreno alrededor de Santillana del Mar, en Cantabria, es de origen kárstico y alberga cientos de cuevas. Modesto había dado con una más. Ni siquiera le dio importancia Marcelino Sanz de Sautuola al enterarse. Marcelino era un rico aficionado a la paleontología y muy interesado por la investigación del pasado. Sin embargo, no prestó atención a la cueva encontrada por Modesto hasta casi una década después.

 

¡Mira, papá, bueyes!

En 1875, Marcelino Sanz de Sautuola acudió, por fin, a echar un vistazo por la cueva que le había comentado en su día Modesto. Recorrió el espacio subterráneo cuanto pudo y, aunque vio algunos signos abstractos, no le dio importancia ni pensó que podían haber sido realizados por humanos.

Sautuola acudió a la Exposición Universal de París de 1878 y allí pudo admirar de cerca objetos prehistóricos encontrados en cuevas del sur de Francia. Regresó a Cantabria con ánimos renovados para investigar en las cuevas y hallar sus propios restos prehistóricos. El 24 de septiembre de 1879, Sautuola volvió a la cueva de Altamira, esta vez acompañado de su hija de ocho años, María Sanz de Sautuola y Escalante. Mientras su padre iniciaba una excavación en la entrada de la cueva en busca de huesos o piedras talladas, María se internó en la cueva, curioseando por las paredes rocosas hasta que exclamó: “¡mira, papá, bueyes!”. La pequeña había encontrado la Capilla Sixtina del Paleolítico. Pero nadie lo sabía en ese momento y el debate para reconocerlo como tal se alargó durante muchos años.

La farsa de Altamira

Sautuola publicó “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander”. Aquí contó el hallazgo y otorgaba a las pinturas un origen prehistórico. Por entonces, la élite científica y los especialistas en paleontología más reconocidos estaban en Francia, con Cartailhac, Mortillet y Harlé a la cabeza. Este grupo de paleontólogos negaron tajantemente la veracidad de la cronología que proponía Sautuola. Tacharon de farsa el descubrimiento y argumentaron que aquellos bisontes debían ser obra de un pintor moderno mediocre.

En las últimas décadas del siglo XIX aún prevalecía la idea del creacionismo y el duelo ciencia vs. religión bullía entre muchos investigadores que no estaban seguros de qué materia iba ganando. Y aquellos que defendían la evolución de las especies tenían una idea del hombre prehistórico como un cavernícola bruto y todavía por evolucionar. Aquellos seres no podían realizar un arte como el de la cueva de Altamira.

Marcelino Sanz de Sautuola murió en 1888 sin lograr que su descubrimiento recibiera el reconocimiento que merecía. Pocos años después, empezaron a descubrir pinturas rupestres en el sur de Francia con la misma antigüedad que Sautuola proponía para los bisontes de Altamira. Claro, los reconocidos paleontólogos ahora parecían tener menos dudas. 

Arrepentimiento y reconocimiento

Tras los hallazgos en las cuevas francesas, Émile Cartailhac visitó Altamira y acabó reconociendo su error. En 1902 publicó un artículo en la revista “L’Antropologie”, titulado “La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico”. Fue el pistoletazo de salida para que la cueva encontrada por un cazador y las pinturas descubiertas por una niña tuvieran el reconocimiento mundial como un icono del arte rupestre paleolítico.

Fue la primera cueva descubierta con pinturas paleolíticas y una de las mejor conservadas del mundo. La Unesco la declaró patrimonio de la humanidad en 1985, una distinción que se extendió a otras 17 cuevas del norte de España en 2008, 120 años después de la muerte de Sautuola.

Referencias:

Calvo Poyato, J. 2015. Altamira. Historia de una polémica. Stella Maris.

López, A. 2018. La cueva de Altamira: la Capilla Sixtina del arte paleolítico. elpais.com

Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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