Armas gigantes de Alemania en la Segunda Guerra Mundial

Hitler ordenó la fabricación de supertanques que resultaron completamente ineficaces. Estos carros de combate gigantes supusieron una gran pérdida de recursos y de tiempo para el ejército alemán.

A pesar de sus 200 toneladas y sus 10 metros de longitud, el carro de combate avanza por las estepas rusas impulsado por un potente motor de 1.000 caballos de fuerza. Las orugas, de 110 centímetros de ancho, dejan marcas como heridas abiertas en el paisaje. Cuando aparecen los T-34 soviéticos, el monstruo de acero dispara desde varios kilómetros de distancia. Los tanques rusos se encuentran completamente indefensos y, uno tras otro, quedan hechos añicos.

Este es el relato de algo que nunca llegó a suceder más que en la mente de Hitler, previamente calentada por la fantasía de Edward Grotte, director del conglomerado industrial Krupp. En junio de 1942, Grotte fue a verle y, entre otras cosas, le enseñó los bocetos del supertanque Maus (ratón). La idea de un arma colosal y definitiva dejó completamente obnubilado al Führer, quien ordenó que se desarrollara a toda velocidad.

Esta decisión tenía como telón de fondo la campaña contra la Unión Soviética. Alemania había dado vía libre a la Operación Barbarroja convencida de que los rusos solo contaban con tanques anticuados –esto era lo que habían dicho, al menos, los servicios de inteligencia–. Una vez allí, sin embargo, se llevaron la desagradable sorpresa de ver aparecer a los T-34, un nuevo y eficiente blindado que resultaba superior a los Panzer III y IV. Con sus 28 toneladas y sus múltiples prestaciones, el T-34 ha sido reconocido por los historiadores militares como el mejor carro de combate de la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes recibieron también noticias de que la Unión Soviética estaba desarrollando tanques más potentes. Hitler vio, por eso, en las nuevas armas gigantes la respuesta a los desafíos del Frente Oriental.

La rata y el monstruo

Además del Maus, Grotte había preparado bocetos de otros dos grandes tanques: el Ratte (rata) y el Monster. El Ratte tendría 35 metros de largo, 11 de alto y un peso aproximado de 1.000 toneladas. Para mover esa mole, Krupp le pondría un motor de barco de 24 cilindros, lo que proporcionaría 17.000 caballos de fuerza.

El Monster era aún más impresionante. Serviría de plataforma para un cañón de tipo Schwerer Gustav, que era tan pesado que solo podía transportarse en un tren militar especial y requería mucho tiempo de preparación antes del disparo. El Schwerer Gustav tenía un alcance de 38 kilómetros –47 para proyectiles más ligeros– y es la pieza de artillería más poderosa jamás usada en combate. Montado como el cañón de un tanque habría ofrecido sin duda un aspecto pavoroso, pero su gran problema era el tamaño. Medía 42 metros de largo y tenía un blindaje de acero de 25 centímetros, lo que le daba un peso de 1.500 toneladas, el equivalente a 1.000 coches. La propulsión corría a cargo de cuatro motores de submarino fabricados por MAN AG y la tripulación prevista era de nada menos que cien hombres. Debido a su anormal peso, el Monster no habría podido avanzar a más de 15 km por hora.

A pesar de todos los inconvenientes, tanto el Ratte como el Monster recibieron el visto bueno de Hitler, que, entregado a sus ensoñaciones sobre nuevas armas con una capacidad de destrucción desconocida, no pensaba en términos prácticos. Las pruebas del Maus, sin embargo, pusieron pronto en evidencia los problemas que surgirían. Ni el Ratte ni el Monster podrían circular por carreteras sin destruir el pavimento que pisaban ni cruzar un puente sin que este se hundiera y, en terrenos poco firmes, se quedarían empantanados. A comienzos de 1943, el ministro de Armamento, Albert Speer –bastante más lúcido que Hitler–, decidió poner fin a ambos proyectos.

El creador del escarabajo entra en escena

El Maus tenía un tamaño más que suficiente y era más realista. Hitler y Speer hablaron del proyecto y ordenaron a la factoría Krupp que suspendiese el desarrollo de un tanque de 72 toneladas en el que estaba trabajando para empezar con el Maus, que inicialmente pesaría 100 toneladas. El primer modelo de prueba estaría listo para la primavera de 1943. En una segunda reunión, se decidió que Krupp sería el responsable de la producción en serie del Maus, pero que el desarrollo se le confiaría a Ferdinand Porsche, conocido sobre todo por ser el creador del primer Volkswagen, “el coche del pueblo”.

Hitler no veía la hora de contar con su nuevo tanque, sobre el que tenía un criterio propio: decidió aumentar el peso de 100 a 120 toneladas, insistió en la importancia del blindaje –los diseñadores le complacieron con 100 mm de acero en la base y 200 mm en los lados– y eligió un cañón de 105 mm, que en el último momento decidió cambiar por uno aún más potente, de 128 mm. Este tenía un punto débil, sin embargo, que era el tiempo que se tardaba en cargarlo, por lo que Hitler hizo instalar también un segundo cañón de 75 mm. Las dimensiones totales del carro serían 10 m de largo por 3,5 m de ancho y 3,5 m de alto.

Todos estos cambios supusieron más peso para el Maus, que, entre una cosa y otra, alcanzó las 188 toneladas y se convirtió en el tanque más pesado de la historia. Esto no desanimó en lo más mínimo a Hitler, que pensó que, en el Frente Oriental, el Maus se convertiría en su as en la manga. El objetivo de producción se fijó inicialmente en diez unidades mensuales. En el verano de 1943, hubo dos prototipos listos y se iniciaron las pruebas previas a la producción. Una vez que los tanques se encontraron en el área de entrenamiento militar de Böblingen, sin embargo, empezaron a salir a la luz las deficiencias. Sin duda, quedaba un largo camino por recorrer.

El motor de gasolina de Daimler-Benz proporcionaba 1.200 caballos de fuerza, pero no conseguía que el monstruo se moviera a velocidades superiores a los 15 o 20 kilómetros por hora. Era evidente para todos que la versión definitiva necesitaría un motor más potente. Otro escollo lo constituía el terreno. Uno de los prototipos se hundió casi dos metros en el barro, donde quedó completamente atascado. Para liberarlo fue necesario contar con un pequeño ejército de soldados que estuvieron extrayendo barro sin parar durante dos días.

Estaba, por otro lado, el problema de cómo cruzar puentes, ya que pocos podían soportar el peso del Maus. Porsche lo resolvió con un tubo especial –tipo snorkel– que serviría para que la tripulación respirase mientras el vehículo se sumergía y cruzaba por el fondo del río.

Por extraño que parezca, nada de esto minó la confianza en el nuevo invento: Krupp recibió el encargo de una serie de seis unidades de prueba adicionales, a las que seguirían 135 tanques producidos en masa.

  

Más información sobre el tema en el artículo Monstruos de acero contra el enemigo.Aparece en el MUY HISTORIA, de la colección II Guerra Mundial dedicado a Grandes errores del Eje y los Aliados.

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@zinetmedia.es. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más. Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Historia en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones <> .

Continúa leyendo