Argentina nació de la Revolución de Mayo

Durante la llamada Semana de Mayo de 1810, los acontecimientos revolucionarios ocurridos en Buenos Aires llevaron a la destitución del virrey de España.

Argentina nació de la Revolución de Mayo

Dos hechos externos influyeron a la burguesía criolla argentina –radicada sobre todo en Buenos Aires, por entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente de la Corona española– para decidirse a lanzar una revolución en favor de la independencia. Estos fueron, por un lado, la Revolución Francesa de 1789, cuyos ideales habían empezado a difundirse en América en la última década del siglo XVIII, y, por otro, la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. Asimismo, hubo un factor interno muy importante: la situación colonial no había hecho sino empeorar a lo largo del siglo XVIII, empobreciendo a los criollos.

Así las cosas, y en medio de un período de asonadas y agitación independentista en toda la América de habla hispana, se precipitaron los hechos que se conocen en la historiografía como Semana de Mayo o Revolución de Mayo. Ésta se inició el 18 de mayo de 1810 con la noticia de la caída de la Junta Suprema Central española a manos de las tropas napoleónicas en Sevilla. El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros trató de calmar los ánimos afirmando que seguía al frente del gobierno en nombre del rey español Fernando VII, pero los revolucionarios, que tenían al pueblo y al ejército de su lado, reclamaron medidas de autogobierno (cabildo abierto).

Tras varios días de tiras y aflojas y tensión, se intentó llegar a una solución de compromiso entre el viejo régimen y los sublevados, pero finalmente Cisneros fue obligado a renunciar el 25 de mayo de 1810, fecha en que se creó la llamada Primera Junta de Gobierno. Ésta supuso el surgimiento de hecho del Estado argentino, aunque sin declaración formal de independencia: no se reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero se manifestaba "lealtad" a Fernando VII, entonces prisionero de Bonaparte. Esta situación, llamada "máscara de Fernando", fue una táctica de los independentistas para evitar un derramamiento de sangre. No obstante, se desató una guerra y la Declaración de Independencia de Argentina no llegaría oficialmente hasta el 9 de julio de 1816.

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