Archivo de Indias: el guardián histórico del Imperio español

Uno de los archivos más importantes del mundo. La fuente de investigación por excelencia para conocer la historia de la América hispánica.

 

Para investigar un legajo del Archivo de Indias, curiosamente, no vas al Archivo de Indias. Al menos no a la Casa Lonja que alberga los documentos históricos, sino que hay que entrar en un edificio situado al lado del archivo. Allí es donde, tras acreditarte, accedes a una sala equipada con mesas y ordenadores para la consulta del legajo que necesites. Una vez reclamados los documentos que vas a consultar, tienes que esperar un poco hasta tenerlos delante. Los documentos se trasladan desde la Casa Lonja hasta el edifico habilitado para las consultas, cruzando la calle que los separa por un pasillo subterráneo, fabricado para mayor seguridad de un tesoro conformado por papeles frágiles. Una vez tienes el legajo delante, toca desliar los cordones que fijan unas tapas de cartón envueltas en piel para mayor protección. Abres el legajo y te golpea el olor del pasado. He de confesar, que la primera vez es habitual temblar un poco al pasar tus manos por hojas del siglo XVI y entenderte a la perfección (si sabes leer el castellano antiguo) con el escribano que dejó su tinta sobre un documento rutinario para él, pero que a día de hoy resulta ser lo más cercano a una máquina del tiempo.

Un guardián de la memoria

Los archivos se remontan a la propia existencia de los estados. Desde el Próximo Oriente, con ejemplos como el archivo de tablillas de arcilla de Mari, hasta la actualidad con la irrupción de la informática y los archivos digitales, los distintos poderes a lo largo de la historia han procurado conservar de manera ordenada los documentos generados por la administración.

Me vais a permitir que este artículo lo escriba en primera persona, pues soy documentalista de formación y he tenido la suerte de investigar un buen puñado de papeles del Archivo de Indias durante muchas mañanas seguidas. Aun así, las mejores palabras para explicar lo que supone un archivo no serán mías, sino de Carlos Manuel Sánchez:

“Los archivos empiezan siendo herramientas burocráticas de gobierno y administración. Con el tiempo
se convierten en memoria de una época porque la burocracia posee esa cualidad perdurable
de los huesos y los fósiles. Y acaban siendo máquinas del tiempo, como los define el historiador
Manuel Romero Tallafigo”.

Romero Tallafigo nació en Sanlúcar de Barrameda, como el servidor que escribe estas letras. Lo tuve como vecino en la capital hispalense y como profesor en la Universidad de Sevilla. Él me enseñó todo sobre estas máquinas del tiempo. A leer las distintas formas de escribir que tenían en las épocas medieval y moderna, a desentrañar toda la información interna y externa que ofrece una hoja escrita y hasta a detectar escribanos vagos que dejaron muchas frases apenas legibles por no levantar el brazo y mojar más la pluma en tinta.

80 millones de páginas

El Archivo de Indias es a la vez acogedor y abrumador. La cercanía con la realidad del pasado es inigualable. Pero la inabarcable información sume a los investigadores en una resignación solo superada por el aporte al conocimiento de la historia. Aporte ínfimo por sí solo, pero unido a los trabajos de tantos compañeros resulta necesario para continuar sacando a la luz todo el saber que guardan las estanterías de este archivo.

Estamos hablando de 8 kilómetros de estanterías, que almacenan unos 45.000 legajos que suman ochenta millones de páginas en las que estudiar la historia política, económica y social del continente americano y las Filipinas a lo largo de tres siglos.

Contra la leyenda negra de España

El Archivo General de Indias empezó a funcionar en 1785. Tenía una función esencial: reunir en un solo punto todos los documentos generados por las instituciones encargadas de gobernar las Indias. Por lo tanto, se tuvieron que trasladar hasta esta nueva ubicación los archivos de la Casa de la Contratación, repartidos entre Sevilla y Cádiz, el Consulado de Cargadores y, por supuesto, los papeles del Consejo de Indias. Estos últimos estaban repartidos entre Madrid y el castillo de Simancas, donde Felipe II puso a funcionar el archivo central de la corona española.

Fue Carlos III el monarca que ordenó la creación del Archivo de Indias y su empeño tenía un objetivo claro: contraatacar la leyenda negra de España. Tras la Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrecht, la monarquía española se fue desarticulando y el imperio quedó reducido a España y los territorios americanos. Surgieron duras críticas contra el gobierno americano de España y a la unión de esas críticas es lo que llamamos “la leyenda negra”, que vuelve a estar muy presente en debates historiográficos actuales. En concreto, el historiador escocés William Robertson publicó “Historia de América” en 1777, una obra que fue el detonante para que Carlos III se pusiera en marcha a fin de que su país no perdiera prestigio.

Por si fuera poco, en 1776 las 13 colonias de Norte América se declararon independientes y formaron los Estados Unidos. El gobierno español temía que este suceso influyera en sus territorios americanos y también quisieran desligarse del poder metropolitano (spoiler: influyó y se independizaron también). Carlos III, como muchos políticos a lo largo del tiempo, vio necesario escribir una historia que defendiera sus intereses. Había que actuar contra la leyenda negra y legitimar el dominio español en América, lo único que le quedaba al imperio.

La creación del Archivo de Indias

Carlos III mandó a Juan Bautista Muñoz, historiador y cosmógrafo mayor de Indias, escribir una historia de la conquista y (buen) gobierno de América por parte de la corona española. Para que no faltase un ápice de legitimidad a esa historia, tendría que estar basada en fuentes directas. Y, para ello, nada mejor que los documentos oficiales de la administración española. Había que reunir todos los papeles en un mismo sitio para poder estudiarlos y sacar la mejor obra posible.

El lugar escogido fue la Casa Lonja de Mercaderes, un edificio mandado construir por Felipe II en 1583 para albergar a los mercaderes que solían ofrecer sus productos sobre las escaleras de la catedral. De ahí su ubicación junto al templo sevillano. Fue edificado por Juan de Minjares siguiendo un plano de Juan de Herrera. Sin embargo, un siglo después el edificio estaba en desuso y Carlos III lo reaprovechó para dar cobijo a los papeles de América.

En octubre de 1785 llegó la primera carreta cargada de documentos provenientes del Archivo de Simancas. Daba comienzo la historia de uno de los archivos más importantes del mundo, que se extiende hasta nuestros días, cuando las nerviosas manos de un joven estudiante desenredan los cordones para abrir un legajo y viajar al pasado.

Referencias:

González García, P. et al. 1995. Archivo General de Indias. Lunwerg.

Sánchez, C. M. 2017. El Archivo General de Indias: la catedral de los navegantes. XlSemanal.com.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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