Juan Carlos I: la diferencia entre 'exilio' y 'ostracismo'

Ante la decisión formalizada ayer del rey emérito Juan Carlos I de abandonar España, muchos medios de comunicación han utilizado palabras como ‘exilio’ para realizar una comparativa de su situación.

Juan Carlos I
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Ante la decisión formalizada ayer del rey emérito Juan Carlos I de abandonar España, muchos medios de comunicación han utilizado palabras como ‘exilio’ para realizar una comparativa de su situación. Pero, ¿es exilio la palabra más apropiada para hablar de esta decisión? 

Para Roberto R. Aramayo, Profesor de Investigación IFS-CSIC (GI TcP), “'ostracismo' es la palabra que viene como anillo al dedo”. 

En la Atenas Antigua, el ostracismo era una práctica política por la cual un ciudadano que amenazaba la estabilidad del estado podía ser desterrado sin presentar ningún cargo contra él. Cualquier ciudadano con derecho a votar en la asamblea podía anotar el nombre de otro ciudadano y, cuando un número suficientemente representativo escribía el mismo nombre, la persona condenada al ostracismo tenía que abandonar la ciudad dentro de los diez días siguientes, y permanecer alejado durante diez años. Según la Enciclopedia Británica, el ostracismo debe distinguirse cuidadosamente del exilio en el sentido romano, que implicaba la pérdida de propiedad y estatus y fue por un período indefinido (generalmente, de por vida). 

Pero, para Aramayo, historiador de las ideas morales y políticas, la diferencia no es solo semántica; es moral, como explica en una entrevista con Muy Historia. “El exilio se da cuando alguien que se ve expulsado de su país por razones de índole político, y que no tiene que haber hecho nada malo para merecerlo, sino todo lo contrario; son los de dentro los que no le dejan quedarse”. 

Además, no es este un debate entre república y monarquía, como explica Aramayo: “El caso de Juan Carlos I está dando lugar a una falsa polémica, porque lo importante no es tanto el debate entre república o monarquía, sino de la ejemplaridad, de no ser inviolable. 

¿Se le puede comparar a otros monarcas ‘huidos’? 

La marcha del rey emérito es sin duda una situación muy singular, difícil de poner en comparación con exilios históricos de otros monarcas. Existe el célebre caso de Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos, quien había legitimado una dictadura, y se ‘autoexilia’ condicionado por las circunstancias, al proclamarse la Segunda República. Se da también el caso de Isabel II, cuya enemistad con la clase política desembocó en su caída del trono y su exilio a Francia, lo que dio paso a la Revolución de 1868. 

El caso de Eduardo VIII y su deshonrosa amistad con una divorciada 

Pero si hay un caso curioso en cuanto a reyes que dejaron su trono por situaciones insólitas, Aramayo destaca el de Eduardo VIII de Inglaterra: “Eduardo VIII fue un rey que abdicó por un mal de amores”, cuenta. 

Su ‘estrecha amistad’ con una divorciada provocó presiones por parte del primer ministro Stanley Baldwin, quien hizo saber al rey del peligro para la integridad de la monarquía causada por esta ignominiosa amistad. Así que Eduardo VIII fue condenado a ser expulsado apresuradamente y por la fuerza a los dominios el 3 de diciembre de 1936. Al día siguiente, la palabra 'abdicación' apareció en los periódicos por primera vez. 

El ostracismo no es, que digamos, una palabra con connotaciones positivas. Aunque hay muchos matices entre las acusaciones sin garantías jurídicas perpetradas en la Antigua Grecia, y las ‘huidas’ que se pueden producir a día de hoy por parte de personajes ilustres, toda persona ‘condenada al ostracismo’ hoy es, a su vez, expulsada de la vida pública, cancelada. Algo sin duda peligroso y un precio muy alto a pagar, en la memoria de la corona española y en la vida personal de este monarca. 

Laura Marcos

Laura Marcos

Nunca me ha gustado eso de 'o de ciencias, o de letras'. ¿Por qué elegir? Puedes escribirme a lmarcos@zinetmedia.es

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