Brexit: ¿debería devolver el Museo Británico las esculturas del Partenón a Grecia?

Grecia los reclama, puesto que ya está harta de mostrar copias en su nuevo museo de la Acrópolis; Gran Bretaña se niega: los mármoles son suyos y 'end of story'.

British museum esculturas
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Los tiempos y, con ellos, las formas de pensar, cambian: cómo no van a hacerlo, si hasta un estado como el Reino Unido decide separarse de la Unión Europea. Pues bien, estas formas de pensar afectan también a cómo vemos, cómo tratamos y cómo regulamos todo lo relativo al patrimonio cultural.

Desde el siglo XIX las esculturas del Partenón se encuentran en el Museo Británico y han sido el gran contencioso entre el estado griego y el británico: Grecia los reclama, puesto que ya está harta de mostrar copias en su nuevo museo de la Acrópolis; Gran Bretaña se niega: los mármoles son suyos y end of story. ¿Quién iba a pronosticar que sobre esta enquistada disputa se iba a cernir la alargada sombra del Brexit? 

¿Cómo terminaron esas piezas en el British?

Muchas fuentes han narrado el periplo de las mismas pero, en resumen, la Acrópolis de Atenas de finales del siglo XVIII no se halla en territorio griego, sino turco.

A esa Atenas llega Robert Bruce, lord Elgin, embajador en la corte del gran mufti del imperio otomano. Entre la alta sociedad europea ha calado la pasión por el arte griego que propugna el historiador del arte Winckelmann; y Lord Elgin, por así decirlo, tenía ya allanado el camino para conseguir esas piezas, que le servirán ‘para educar a la sociedad británica’.

Y además, por qué negarlo, también por amor: Bruce le había prometido a su esposa, Mary Hamilton, una mansión espectacular donde lucirían de maravilla los mármoles. Con el paso del tiempo, Bruce vendió las esculturas al gobierno británico en 1816, y estos acabaron en el British.    

 

Y así llegamos hasta el día que Gran Bretaña dice adiós a Europa, con los mármoles del Partenón en su seno: es este el momento en que Grecia, aprovechando el momentum de la situación, decide volver a lanzar otra ofensiva para recuperar los mismos y ganar apoyo internacional.

Cuidado: esta ofensiva es la más reciente pero no la única. Ya en Inglaterra se llevó a cabo en la época un debate sobre si el estado debía adquirir las piezas a Bruce, con proponentes a favor y en contra (Lord Byron siempre se opuso a que los mármoles se quedaran en suelo inglés) y en la actualidad, el debate sigue en pie.

Lo mismo sucede en Grecia: ya desde su independencia en 1832 se han ido sucediendo las peticiones para el retorno, aunque la primera de esta última etapa se llevó a cabo en 1986, siendo Melina Mercouri la ministra de cultura.  

Elgin Marbles
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Pues bien, aprovechando las negociaciones entre Europa y el Reino Unido, Grecia introduce en el borrador una cláusula de petición de retorno de cualquier antigüedad robada que se encuentre en el Reino Unido. Parece ser que la introducción de esta disposición tiene el soporte también de Italia, Chipre y España.

Pero esta cláusula tiene una doble lectura: para Grecia, la llave del retorno de los mármoles; para Europa, que las antigüedades que acaben en un hub del mercado del arte tan importante como es Londres puedan ser repatriadas a su lugar de origen, sin que el Brexit se pueda erigir como muro infranqueable. Esta segunda lectura hace entender el soporte a Grecia dado por los otros tres estados, pues todos tienen en común que son lugares con un pasado rico y, por lo tanto, susceptibles del saqueo de su patrimonio arqueológico para ser traficado ilícitamente fuera de sus fronteras a posteriori.  

Downing Street ya ha manifestado que los mármoles del Partenón no son fruto del espolio ni del vandalismo y que, por lo tanto, no van a estar sobre la mesa en las negociaciones del Brexit. Para el Gobierno británico, los mármoles son responsabilidad del British Museum (es decir, y léase entre líneas: los mármoles son propiedad del British Museum).

Lo más curioso de todo es que, dejando de lado el momento de la negociación elegido por Grecia para plantear esta cláusula, los argumentos a favor y en contra son los mismos que hace décadas: a grandes rasgos, por parte de unos, que dónde estarán mejor que en el British Museum; y por parte de los otros, que los mármoles son parte del ADN griego. Encuentro más curioso aún que pocos saquen a relucir el hecho que Boris Johnson es licenciado en Clásicas y, por lo tanto, se le debería presuponer una cierta sensibilidad hacia la materia.

En cualquier caso, en los años venideros veremos qué sucede con este tema y con esta dificultad añadida que es el Brexit. Y, con un poco de suerte, seguiremos abriendo los ojos a la fascinante materia de los delitos contra el patrimonio cultural. 

 

Artículo elaborado por Marc Balcells, profesor e investigador de Criminología de la Universidad Oberta de Catalunya.

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