5 animales que fueron protagonistas de la Historia

En el 60 aniversario del viaje de la perra rusa Laika a bordo del 'Sputnik 2' (3 de noviembre de 1957), recordamos a otras figuras históricas del reino animal.

Belka y Strelka, perras astronautas

1 y 2. Belka y Strelka. No son tan conocidas como Laika, pero estas dos perras mestizas fueron más importantes para la carrera espacial en la URSS que la famosa pionera, porque regresaron sanas y salvas a la Tierra. Belka y Strelka ("Ardilla" y "Flechita", en ruso; la imagen de este artículo es una ilustración conmemorativa) estuvieron un día en el espacio a bordo del Sputnik 5, el 19 de agosto de 1960, y permitieron así comprobar que la nave era apta para un vuelo tripulado. Junto a ellas viajaron un conejo, dos ratas, 24 ratones, plantas, hongos y hasta trozos de piel humana. Pese a algunos contratiempos –Belka vomitó–, fue el primer vuelo orbital en el que todos los ocupantes de la nave sobrevivieron. Una anécdota: en 1961, el líder soviético Nikita Kruschev le regaló a Caroline, la hija del presidente John F. Kennedy, una hija de Strelka llamada Pushinka. Ésta y Charlie, el perro de JFK, tuvieron cuatro cachorros, en lo que se llamó "el romance de la Guerra Fría".

3. Incitatus. Varios caballos han pasado a la Historia por ser las monturas favoritas de personajes insignes, como Bucéfalo (Alejandro Magno) o Babieca (El Cid), pero ningún otro estuvo a punto de ser nombrado senador y cónsul romano. Eso es al menos lo que cuenta el historiador Suetonio sobre el caballo preferido de Calígula (años 12-41), aduciéndolo como prueba de su locura, aunque otros creen que fue una muestra de su desprecio por el Senado. El asesinato del Emperador frustró el nombramiento, aunque hay dudas sobre su historicidad: Suetonio escribió sobre ello medio siglo después y las exageraciones contra Calígula son numerosas. Eso sí, la devoción de éste por Incitatus ("Impetuoso", en latín), caballo de carreras nacido en Hispania, no tenía límite: le construyó una caballeriza de mármol con pesebres de marfil y luego una villa ajardinada, con 18 sirvientes a su cargo; lo ataviaba con mantos de color púrpura –tinte reservado en Roma a la familia imperial– y collares de piedras preciosas y llegó a casarlo con una aristócrata llamada Penélope.

4. Cher Ami. Las palomas mensajeras han jugado un destacado papel en favor del ser humano a lo largo de la Historia. Quizá la más famosa sea Cher Ami ("Querido Amigo", en francés), que pese a su apelativo masculino fue una paloma hembra, donada por Gran Bretaña al Cuerpo de Comunicaciones del Ejército de EE UU en Francia durante la I Guerra Mundial. Para los escolares estadounidenses de entreguerras fue tan conocida como cualquier héroe humano de la contienda, y no es para menos: el 3 de octubre de 1918, durante la ofensiva de Meuse-Argonne, salvó la vida de 194 miembros del Batallón Perdido aislados por los alemanes. Cher Ami, pese a ser derribada por las balas enemigas, reanudó el vuelo y entregó el mensaje salvador, ciega de un ojo, cubierta de sangre, con un tiro en el pecho y una pata colgando de un tendón. Sobrevivió, aunque con una sola pata, y fue condecorada con la Cruz de Guerra con Hojas de Roble. Sólo tras su muerte, en 1919, se descubrió que el héroe era una heroína, durante el proceso de taxidermia.

 

5. Balto. Otro animal heroico donde los haya fue este perro husky siberiano, nacido en el pequeño pueblo de Nome (Alaska, Estados Unidos). A principios de 1925, una epidemia de difteria –enfermedad infecciosa mortal que afecta principalmente a niños menores de cinco años– causó estragos en la localidad y los alrededores. Los hospitales de la zona necesitaban urgentemente antitoxina diftérica y lanzaron un llamamiento desesperado por telegrama, gracias al cual supieron que en la ciudad de Anchorage contaban con existencias del medicamento. Pero la distancia –1.609 km– era insalvable y se elaboró un plan para llevar la antitoxina mediante relevos de trineos arrastrados por perros, en lo que se dio en llamar la Carrera del Suero a Nome. Y Balto, un perro considerado lento y no apto, lideró el último relevo en un recorrido infernal –casi 500 km, 127 horas y temperaturas por debajo de 45º bajo cero– y logró guiar al convoy médico hasta Nome. Por ello, tiene una estatua en Central Park (Nueva York) y en 1995 se le dedicó un film de animación.

 

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