3 discursos que cambiaron la historia

Las palabras correctas en el momento indicado pueden cambiar el curso de los acontecimientos

 

El don de palabra puede ser una de las capacidades más determinantes del ser humano. Un discurso ordenado y con las palabras correctas, unido a una personalidad carismática y capacidad de oratoria pueden hacer que la mera transmisión de información incida en el comportamiento de los receptores. El lenguaje ha sido desde siempre una poderosa herramienta para convencer, someter, liberar o, en definitiva, poner a favor o en contra de una causa a las personas que presencian un buen discurso en el momento oportuno. Es por ello que a lo largo de la historia se han dado discursos que han supuesto un punto de inflexión para momentos claves. Repasamos algunos de los influencers y sus discursos más destacados de la historia.

Cicerón denuncia a Catilina. Obra de Cesare Maccari de 1880. Wikimedia.
Cicerón denuncia a Catilina. Obra de Cesare Maccari de 1880. Wikimedia.

Cicerón contra Catilina

Considerado uno de los mejores oradores de la Antigüedad, Marco Tulio Cicerón llegó a ser senador de Roma. En su tensa vida como político y abogado pronunció multitud de conferencias. Uno de sus discursos más determinantes lo articuló en el año 63 a. C. durante una sesión del senado romano. Se trata del discurso con el que destapo la conjura para dar un golpe de estado que había encabezado Lucio Sergio Catilina. El conjunto de cuatro discursos que Cicerón dedicó a Catilina se recoge en las “Catilinarias”. Inicia con una de las frases más célebres entre los discursos políticos:  Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? O, lo que es lo mismo: ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?

La lengua de Cicerón fue un arma tan afilada como temeraria, pues tuvo como a enemigos a personas muy poderosas en Roma. Acabó siendo asesinado y Fulvia, la mujer de Marco Antonio, pidió la cabeza del orador y, con las horquillas para sujetarse el pelo, le atravesó la lengua al cadáver de Cicerón.

“¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra paciencia, Catilina? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extremos sé arrojará tu desenfrenada audacia? ¿No te arredran ni la nocturna guardia del Palatino, ni la vigilancia en la ciudad, ni la alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los hombres honrados, ni este protegidísimo lugar donde el Senado se reúne, ni las miradas y semblantes de todos los senadores? ¿No comprendes que tus designios están descubiertos? ¿No ves tu conjuración fracasada por conocerla ya todos? ¿Imaginas que alguno de nosotros ignora lo que has hecho anoche y antes de anoche; dónde estuviste; a quiénes convocaste y qué resolviste? ¡Oh qué tiempos! ¡Qué costumbres! ¡El Senado sabe esto, lo ve el cónsul, y, sin embargo, Catilina vive! ¿Qué digo vive? Hasta viene al Senado y toma parte en sus acuerdos, mientras con la mirada anota los que de nosotros designa a la muerte.”

Retrato de Abraham Lincoln. Foto tomada el 8 de noviembre de 1863, once días antes de su famoso discurso de Gettysburg. Wikimedia.
Retrato de Abraham Lincoln. Foto tomada el 8 de noviembre de 1863, once días antes de su famoso discurso de Gettysburg. Wikimedia.

Abraham Lincoln sobre la democracia y el fin de la esclavitud

El 19 de noviembre de 1863, Abraham Lincoln pronunció otro de los discursos más famosos de la historia. En Gettysburg, solo cuatro meses y medio después de una batalla decisiva en la Guerra Civil de Estados Unidos. Lincoln no debía ser el protagonista. El discurso principal era cosa de Edward Everett, pero la contundencia, sentimiento y brevedad, hicieron que las menos de 300 palabras de Lincoln fueran recordadas hasta nuestros días:

“Hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en Libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos envueltos en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un importante campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a destinar una porción de dicho campo como lugar de último descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas porque esta nación pudiera vivir. Es plenamente oportuno y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres vivos y muertos que aquí lucharon, ya lo han consagrado muy por sobre lo que nuestras escasas facultades pueden añadir o restar. El mundo apenas notará o recordará por mucho tiempo lo que aquí se diga, pero jamás podrá olvidar lo que ellos hicieron en este sitio. Somos más bien nosotros, los vivos, quienes debemos dedicarnos a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos quienes aquí debemos abocarnos a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos, se extraiga un mayor fervor hacia la causa por la que ellos entregaron la mayor muestra de devoción. Que resolvamos firmemente que estos muertos no dieron su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la faz de la Tierra”.

Martin Luther King dando su discurso
Martin Luther King dando su discurso

Martin Luther King y los derechos civiles

Cien años después de Lincoln, otro de los oradores más afamados de la historia pronunció uno de esos discursos que marcaron la historia. El 28 de agosto de 1963, precisamente en las escalinatas del Monumento a Lincoln, el día de la Marcha en Washington, el pastor Martin Luther King pronunció el discurso “I have a dream”, clave para la lucha por los derechos de la población negra. La oración principal, que le dio nombre a todo el discurso, decía:

“Tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá en pie y realizará el verdadero significado de su credo: «sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales»”.

Referencias:

Barnet, A. 2017. 50 discursos que cambiaron el mundo. Turner.

Cicerón. 2015. Catilinarias. Alianza editorial.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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