Transporte seguro "a dos patas"

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Transporte seguro En el importante tránsito evolutivo de los primates a los homínidos, nuestros ancestros se encontraron con un problema: los recién nacidos eran demasiado pesados para ser transportados por sus madres colgando del vientre, primero, y sobre la espalda unos meses después, como hacían el resto de los simios con sus crías. Ese pudo ser uno de los motivos por los que nos hicimos bípedos, según un estudio realizado por Lia Amaral, de la University de São Paulo (Brazil), publicado en la revista Naturwissenschaften. Y es que, aunque un gorila adulto es mucho más corpulento que un humano, sus crías pesan la mitad que un bebé.

Amaral aplicó un pormenorizado análisis mecánico para explicar cómo los gibones, los orangutanes y los gorilas transportan a sus pequeños, estudiando también su peso, las propiedades del pelo (al que se agarran las crías) y la posición corporal de sus progenitores. Y llegó a la conclusión de que no sólo fue el aumento de peso lo que obligó a los homínidos a caminar erguidos para transportar de forma segura a su prole: también la pérdida del vello corporal dejó sin posibilidad de agarrarse a los pequeños.

En su artículo, la investigadora asegura que esta evolución tuvo diferentes consecuencias para las hembras. Los machos y los jóvenes tenían sus manos y brazos libres, pero las hembras ocupaban sus miembros superiores con los niños. "Esta restricción de movimientos reducía la capacidad de recolectar comida de nuestros ancestros femeninos, y esa situación pudo dar lugar a la aparición de la cooperación de grupo", explica Amaral.

Etiquetas: Arqueología, Evolución humana, Paleontología, Prehistoria

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