Enigmas sobre las líneas de Nazca

Las líneas y figuras de Nazca son la obra de arte humana más grande. Ocupan más de 500 km2 –cinco veces la superficie de Barcelona– del desierto peruano.

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Líneas de Nazca

Situada a unos 350 kilómetros al sureste de Lima, esta obra de arte fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

Las más antiguas datan de hace casi dos milenios y resistieron bien el paso del tiempo, gracias a que en la región casi no llueve.

En los últimos 30 años, la autopista panamericana ha cortado la cola al lagarto y los todoterrenos de los turistas han dañado el mono, el colibrí y el trapecio.

Los geoglifos fueron descubiertos mucho antes de que el hombre aprendiera a volar.

Ya en el siglo XVI, el conquistador y cronista Pedro de Cieza de León escribió haber visto “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca”.

Y es que, aunque muchos defienden que sólo pueden verse desde el aire, las líneas se distinguen bien desde las colinas próximas.

Las primeras investigaciones del conjunto –unas 1.000 líneas y 800 figuras típicas de la cultura nazca– se remontan a finales de los años 20 del siglo pasado de la mano del arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe.

Luego, llegaron el historiador estadounidense Paul Kosok y su discípula, la matemática alemana María Reiche, quien dedicó su vida al estudio de los geoglifos y a la que los lugareños rebautizaron como la Dama del Desierto o Dama de Nazca. No fueron los científicos, sin embargo, los que hicieron famosos estos dibujos, sino el escritor suizo Erich von Däniken.

Los presentó como un espacio-puerto en su obra Recuerdos del futuro (1969), en la que identifica restos de antiguas culturas con pruebas de visitas de seres de otros mundos.

Cuando arqueólogos e historiadores demostraron lo disparatado de la idea, porque las líneas se hicieron retirando a un lado piedras quemadas por el Sol durante milenios y dejando a la vista un suelo más claro, Von Däniken remodeló su teoría y dijo que era un monumento para animar a los dioses astronautas a regresar. Los arqueólogos todavía no saben cuál era el objetivo de estas líneas y figuras: hay quienes creen que son un calendario, templos al aire libre o un telar.

Es posible que se trate sólo de un homenaje a los dioses como otras grandes obras humanas antiguas y actuales.

Los nazcas las trazaron entre el año 200 a.C. y el 600, trasladando pequeños modelos a escala a grandes cuadrículas dibujadas en el desierto con estacas y cuerdas.

Erich von Däniken

Las líneas de Nazca demostrarían que hace miles de años visitaron la Tierra seres de otro mundo que nuestros antepasados tomaron por dioses. Aunque autores como Erich von Däniken apuntaron a finales de los años 60 del siglo pasado que el gigantesco complejo del desierto peruano es lo que queda de un aeropuerto prehistórico, años después se retractaron porque unas simples pistas de tierra no eran lo más apropiado para el aterrizaje de naves espaciales.

Nazca habría sido, pues, la obra con la que los indígenas habrían intentado propiciar el regreso de sus dioses astronautas. Después de que los visitantes abandonaran nuestro planeta, para llamar su atención y hacer que volvieran los nativos habrían dibujado en el desierto, hace unos 2.000 años, grandes figuras de animales –sólo visibles desde el cielo– y largas rectas a imitación de las rodadas dejadas por las naves alienígenas.

Etiquetas: América, Arte prehistórico, Ciencia, Civilizaciones

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