¿Qué tapaba el parche de la Princesa de Éboli?

Se la conoce por su gran personalidad, su vida amorosa y su elevada influencia política. Se la recuerda también por el parche que ocultaba su ojo derecho.

L. Martín / S. M.
La Princesa de Éboli en el cuadro de Sánchez Coello.

Valentín Carderera, pintor oscense de mediados del siglo XIX, describe: “La tez muy blanca, el ojo entre castaño y negro, negra también es su cabellera, prominente y rizada como la de algunos retratos de la hija de Felipe II, con cintas blancas recortadas en la cima.

El vestido, de seda negro, enriquecido con pasamanos o alamares de lo mismo: del cuello (bajo una prominente lechuguilla de habanillos) cae una sarta de perlas, y desde los hombros cae un velo de crespón blanco que a veces tenía su nacimiento en lo alto de la cabellera”.

Una de las cosas más fascinantes de Ana de Mendoza es su imagen. Quedó plasmada en el retrato salido del pincel de Alonso Sánchez Coello, aunque algunos dudan de su autoría.

Ese alto cardado de pelo rizado y negro, apoyado en una ancha y cuadrada frente terminada en finísima ceja.

La nariz algo torcida pero recta y firme, mejillas encendidas y boca apretada, perfiladísima y sensual. Dos perlas que descansan en una gola imposible, enorme, y esa mirada retadora, inquietante, de un solo ojo…

¿Pero qué había detrás del parche? ¿La cuenca hueca? La leyenda decía que, de niña, un paje tuvo la mala fortuna de atravesarle el ojo con un florete.

Aunque también se ha dicho que el trozo de tela tapaba una simple bizquera. Conociendo a la dama, eso es casi imposible.

Ella no era común, podía ser buena o mala, y depende para qué y con quién, pero jamás vulgar.

Etiquetas: Curiosidades, Historia
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