Valladolid, breve capital del Imperio español

El traslado de la capital de Madrid a Valladolid fue aconsejado al rey por eI duque de Lerma, que así conseguía beneficios financieros.

Palacio Real de Valladolid

Entre el 11 de enero de 1601 y el 4 de marzo de 1606, a la ciudad castellana de Valladolid se le otorgó la condición de capital política del Imperio de Felipe III, que a diferencia de su antecesor, Felipe II, se desentendió de los asuntos de gobierno dejándolos en manos de sus validos.

De hecho, el traslado de la Corte española desde Madrid a la ciudad castellana se cree que fue una artimaña del valido del rey, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, que utilizó el cambio de capitalidad para dar un “pelotazo” urbanístico.

Durante esos seis años, Valladolid experimentó una serie de mejoras urbanas y ganó también mucho en el aspecto cultural y en el financiero. En el año 1602, en lo que se llamaba Acera del Rastro se empezaron a construir nuevas casas, una de las cuales, o mejor dicho parte de ella –hoy día convertida en museo–, fue la que habitó Cervantes entre 1604 y 1606.

Mientras escribía el prólogo y las poesías preliminares del Quijote, buscaba un mecenas que apoyara su labor como escritor.

Lo encontró en el duque de Béjar –que vivía entonces en la ciudad vallisoletana–, al que dedicó la primera parte de su novela, y consiguió el privilegio real para la publicación del libro, que fue un gran éxito desde el principio.

Mientras la Corte estuvo en Valladolid, acudieron a ella conocidos personajes como el escultor Gregorio Fernández, Quevedo, Góngora, Rubens o el general Ambrosio Spínola.

Etiquetas: Literatura, Monarquía, Políticos

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