Richelieu: El malvado cardenal

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Richelieu

En la memoria colectiva, Richelieu será siempre recordado como el malo de Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Pero el cardenal también fue un gran hombre de Estado que trató de modernizar la Francia del Antiguo Régimen.


Armand-Jean du Plessis, el cardenal de Richelieu, vino al mundo en París el 9 de septiembre de 1585. Su familia procedía de la nobleza de Poitou y su padre llegó a ser gran preboste de Francia. Cuarto de cinco hermanos, Armand-Jean debería haberse dedicado a la carrera de las armas, pero su débil salud le impidió continuar en ella.

 

Posiblemente, su destino habría sido bastante oscuro de no haber mediado una curiosa circunstancia. La sede episcopal de Luçon, ocupada por un tío abuelo del futuro cardenal, había quedado vacante y debe ría haber sido atendida por su hermano Alphonse. Sin embargo, éste se negó a ocuparla e ingresó en una cartuja. Armand-Jean vio así abierta su carrera en el clero, aunque dada su corta edad, el Papa tuvo que otorgarle una dispensa para ser obispo.



La reina enseguida supo apreciar sus cualidades


Armand-Jean era un vigoroso defensor de los derechos de las sedes episcopales frente al poder real y un firme partidario de las reformas del Concilio de Trento. Con todo esto, la reina madre, María de Médicis, no tardó en fijarse en él.

 

En 1615 le nombró limosnero de Ana de Austria, la esposa del rey Luis XIII, y al año siguiente ya se había convertido en Secretario de Estado para el Exterior y la Guerra. Pero la fulgurante carrera de Richelieu experimentó un freno de relevancia al producirse la caída de Concino Concini, el favorito de María. El episodio fue provocado por Luis XIII, que deseaba gobernar sin la tutela de su madre, a la que no tardó, por añadidura, en apartar de la corte.


En 1618, los vínculos que Richelieu mantenía con la reina le llevaron al exilio en Aviñón, una circunstancia que aprovechó para escribir La instrucción del cristiano. Allí hubiera permanecido indefinidamente de no ser por que, en 1619, María de Médicis huyó de su confinamiento y el rey decidió recurrir al clérigo para llegar a un acuerdo con su madre.

 

Las gestiones se vieron coronadas por el éxito, y en 1621 Luis XIII propuso al Papa que hiciese cardenal a Richelieu. Sólo tres años después se convertía en primer ministro. Desde el principio, Richelieu tuvo como meta neutralizar a los Austrias españoles y alemanes, extender el imperio de ultramar y centralizar el poder en Francia.



Se alió con los protestantes contra los Habsburgo


No dudó en apoyar a los protestantes suizos de los Grisones contra España para controlar la Valtelina y a los también protestantes holandeses y alemanes en la Guerra de los Treinta años.

 

En el interior, sus deseos centralizadores le llevaron a atacar a los hugonotes o calvinistas franceses y a intentar limitar los poderes de la nobleza. Finalmente, Richelieu logró también que Québec siguiera bajo el control francés, lo cual provocó una influencia que persiste hasta la actualidad.


En 1630, María de Médicis, cada vez más celosa del poder del cardenal, tramó una conjura para provocar su dimisión. Se trató del momento más peligroso en la carrera de Richelieu que, finalmente, fue apoyado por Luis XIII, un monarca que lo aborrecía, pero al que no se le escapaba su sagacidad política.

 

El resultado fue un fortalecimiento de la posición de Richelieu y el exilio definitivo de la reina madre. Se produjo en un momento crucial, porque durante esa época, los protestantes alemanes estaban dispuestos a llegar a un acuerdo con los Austrias que garantizaba a estos la hegemonía a cambio del reconocimiento de la libertad religiosa. En 1635, Richelieu logró que Francia entrara abiertamente en la guerra a favor de las potencias protestantes sin importarle mucho las críticas que desde el bando católico se arrojaban sobre él.

 


Al final de su vida era un hombre impopular y odiado


Durante los años siguientes, las revueltas populares que se habían encendido en Francia por las subidas de los impuestos destinados a la guerra colocaron a Richelieu al borde de la derrota.

 

De ella se salvó, de manera paradójica, porque en 1640 la oligarquía de Cataluña inició en España un movimiento secesionista que concluyó con el nombramiento de Luis XIII como conde de Barcelona y con la invasión de la región española por las tropas francesas. Se inició así un drama para los catalanes, que no vio su final hasta que se firmó la paz de los Pirineos en 1659.

 

En ella, Cataluña pagó su insensatez con el cercenamiento de su territorio en favor de Francia.
El cardenal Richelieu, que llegó a ser un personaje muy impopular durante los últimos años de su vida, no pudo contemplar la victoria final de Francia sobre sus odiados Austrias. El 4 de diciembre de 1642 falleció. Por una de esas ironías de la Historia, su sucesor en el cargo sería también un cardenal, llamado Mazarino.

 

Etiquetas: Cristianismo, Europa, Historia, Religión

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