La esmerada edición cervantina del siglo XVIII

A los talleres gráficos de Joaquín Ibarra llegó el encargo de editar el Quijote. Años despúes verá la luz una cuidada edición.

Cabezas de terracota

En 1773, la Real Academia Española acordó publicar una edición del Quijote con el propósito de que fuera la mejor de las conocidas hasta la fecha. Con ese planteamiento, se escribió al rey Carlos III proponiéndole la impresión de una magna edición de la obra de Cervantes.

El taller elegido fue el de Joaquín Ibarra; se fabricó papel especial para la edición y se tomó como referencia el Quijote publicado por el mismo impresor en 1771.

Para las ilustraciones, se formó una comisión que estudió y seleccionó aquellos pasajes que por su contenido eran más susceptibles de ilustrarse, y los dibujantes elegidos se sirvieron, para mantener la imagen de los personajes, de unos pequeños modelos de barro cocido que todavía se conservan en la Academia.

Esta joya bibliográfica en cuatro volúmenes, con ilustraciones de los mejores grabadores de la época, vio la luz en 1780.

La mayor parte de las estampas se encargaron a Antonio Carnicero y José del Castillo, pero colaboraron también otros pintores y dibujantes de la misma generación, como Bernardo Barranco, José Brunete, Gregorio Ferro y Jerónimo Antonio Gil.

Los dibujantes elegidos se sirvieron, para mantener la imagen de los personajes, de unos pequeños modelos de barro cocido que todavía se conservan en la Academia.

Entre los grabadores figuran José Joaquín Fabregat, Francisco Montaner, Fernando Selma, Joaquín Ballester, Manuel Salvador Carmona, Juan Barcelón y Pascual Mole.

Etiquetas: España, Siglos de Oro, escritores

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